Miguel Ángel y Mercedes Lorente..

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¿Compartir el carisma escolapio?

(P. Javier Aguirregabiria)

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¿Una Escuela Pía Laical? o ¿de Religiosos?

(Ángel Martínez) 

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Más quijotes a la mies

(Manolo Olave)

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Laicos y religiosos: Fecundo intercambio de dones

(F. G. M.)

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Gozoso florilegio calasancio (II)

(P. Dionisio Cueva)

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Ser laico escolapio

(M. Por un Mundo Mejor)

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Iglesia laical

(José Manuel López)

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Lar: Familias en ámbito escolapio

(Lar)

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Vivir en Lar

(M. Ángel y M. Lorente)

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¿Escolapios laicos, Laicos escolapios?

(Javier Gutiérrez)

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Carta a los miembro de la Fratern. Escolapia

(Lourdes Goicoechea)

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Durante años he vivido pensando que mi familia era lo más importante de mi vida, y así es. Ahora lo sigo pensando. Pero me he dado cuenta de un matiz: lo más importante, no es lo único. Tanto la vida personal, como la vida en familia se pueden, y se deben, enriquecer con otros componentes, ajenos a los dos entornos. Y una de las experiencias enriquecedoras, aunque, no la única, es mi participación, junto con mi familia, en el grupo LAR.

Esto, contado de esta forma, parece muy bonito, pero ¿Qué es esto del Grupo LAR? Pues bien, muy sencillo, somos un grupo de matrimonios, con más o menos hijos. Así de sencillo. Claro, así dicho, no parece gran cosa. Ahora os preguntareis: ¿Por qué es enriquecedor?

Podría empezar hablando de nuestro común denominador, como familias todas relacionadas de una forma u otra con la obra Calasancia, ya sea a través de la participación de los propios padres en actividades relacionadas con la propia obra, o a través de los hijos, como alumnos de los distintos colegios de Zaragoza. O podría hablar también de nuestras inquietudes cristinas, lo que deriva en un intento de lograr un mayor compromiso a la hora de vivir nuestra fe.

Pero no voy a tratar estos temas ahora; lo dejaré para otra vez, si hay ocasión. Quiero referirme al enriquecimiento personal logrado solamente con algo tan fácil y tan difícil a la vez, como es la convivencia. En nuestras reuniones, de unas dos horas, cada dos semanas, aproximadamente, en Zaragoza, o de fines de semana, (dos, tres o cuatro al año) en Aratorés o en Peralta, o de una semana entera, en verano, en Aratorés, podemos tratar diferentes temas (personalidad, educación de nuestros hijos, ayuda a los demás), podemos tener momentos de oración, podemos celebrar la Eucaristía. Pero, sobre todo, y lo que para mí es más importante: todas las actividades las hacemos conviviendo unos con otros, viviendo en común nuestras vidas, aunque sólo sea en esos espacios de tiempo. Os aseguro que es muy positivo, y aunque parezca reiterativo, enriquecedor para "yo", y según declaran ellos mismos, para todos los "yo" que forman parte del grupo.

Naturalmente, esta convivencia no es fácil, nadie ha dicho que lo fuera. Por supuesto, tenemos muchos momentos buenos, y algunos, no tan buenos. Pero esto, es, y debe ser así; forma parte de la propia vida. Es aquí donde podemos aprender a vivir mejor. En esos momentos no tan buenos, es cuando nos tenemos que "estrujar" nuestro interior para aprender a ver lo mejor de cada uno, y no quedarnos en su superficie. Las experiencias vividas dentro del grupo, se pueden extrapolar fuera de este entorno, y aplicarlas a nuestra relación en otros ámbitos de nuestra vida: familia, trabajo, otros amigos.

Bien, no me quiero extender más. Espero que me hayáis entendido. Se podría resumir en: "conviviendo aprendemos a vivir mejor". O al menos, lo intentamos, que no es poco. Esta es una de las cosas que hacemos en el grupo. ¿No esta mal, no? Pues venga, animaos, es hora de que probéis. Si la experiencia no llega a buen puerto, no habréis perdido nada, pero si tenéis existo, comprobareis que merece la pena.
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