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Es
necesario analizar la realidad de la manera más
adecuada a la situación donde nos encontramos, que
es diversa, pero sin juzgarla ni
compararla con
situaciones de épocas precedentes; antes bien, hemos
de admitir que todas las situaciones son. Los niños
y jóvenes no han vivido el pasado; su historia
abarca sólo el presente, y sienten muchas veces
miedo ante el futuro. Es imprescindible captar su
sensibilidad para educarlos adecuadamente.
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La escuela no compite con la
sociedad en aportar datos e información. Su tarea
con los alumnos/as es:
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Completar la información que
reciben y enseñarles a construir su propio
conocimiento [su sabiduría], que les posibilite
orientar bien su vida.
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Acoger su diversidad y
acompañarles con el fin de ayudar a elaborar su
propio proyecto de vida desde una madurez crítica y
libre.
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Ayudar a descubrir el sentido de
lo que hacen y viven.
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Enseñar a aprender a elegir y
decidir entre la multitud de ofertas y
posibilidades.
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Educar las actitudes y los
sentimientos, tan importantes en la estructuración
de la persona.
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Entre los valores que la escuela
ha de aportar no puede faltar la
tolerancia; pero es
necesario ir más allá, presentando también valores
constructivos y humanizadores, tales como la
solidaridad, el diálogo y el encuentro, el trabajo
en equipo y cooperativo, el aprecio por la
convivencia integradora, etc.
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Es importante la incorporación de
las mejores metodologías y tecnologías, usándolas
como medios auxiliares del aprendizaje y la
comunicación.
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Nuestros centros, para
desarrollar bien su misión deben profesar
públicamente su propia identidad, sin imposiciones
ni presiones. La escuela escolapia ha de distinguirse por ser una escuela
positiva y optimista, con proyecto educativo claro y
concreto, que potencie la educación en valores y la
espiritualidad y que entienda la pastoral como eje
vertebrador y transversal de la escuela.
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La calidad de la educación
depende fundamentalmente del educador. Urge, por
tanto la formación permanente del profesorado para
que pueda responder adecuadamente a los retos que
tiene hoy planteados la educación y,
específicamente, la escuela cristiana. A los nuevos
profesores se les acompañará en su proceso de
incorporación, formación e identificación. Téngase
siempre presente que se educa más con el ejemplo,
las propias actitudes y el modo de actuar, que con
las palabras.
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Nuestra educación ha de estar
orientada por el modelo de sociedad que nos
gustaría, sin estar de espaldas a la realidad.
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Es necesario reorganizar
contenidos, metodologías y modos de trabajar,
potenciando el trabajo desde los claustros. Es
importante favorecer el intercambio de experiencias
a través del trabajo en red, el trabajo en equipo y
las experiencias compartidas.
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Es necesario concienciar a la
sociedad de su función educadora.
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Hoy, una oportunidad para ofrecer
nuestra educación calasancia (escuela para todos) es
el servicio público que ofrecemos.
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Consideramos fundamental e
irrenunciable el diálogo, la colaboración entre
escuela y familia, y la formación de padres y
madres.
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Es un desafío de nuestros
colegios crear comunidad cristiana, abierta a todos
los que libremente quieran participar.
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Consideramos muy conveniente la
reflexión permanente en nuestros claustros sobre su
propia acción educadora. Las aportaciones de este
simposio pueden suponer un motivo para dicho
objetivo.
Cullera, sábado,
26 de enero de 2008
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