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  E D I T O R I A L

MINISTERIO ESPECÍFICO

   

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Procuren por todos los medios que caminen bien las escuelas, que es nuestro ministerio propio...

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El ejercicio de las escuelas es nuestro principal ministerio...

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Porque éste de las escuelas es nuestro ministerio específico...

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Y me agradaría que se atiendan las escuelas con toda diligencia y se dé satisfacción a la ciudad...

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Dios quiera que entendiesen bien todos de cuánto mérito es ayudar a la buena educación de los niños, principalmente pobres, que de seguro se emularían para ver quién podría ayudarles más...

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De manera que, si debe dejarse un ministerio u otro, mejor es que padezca el de la confesión que el de la escuela...

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No está bien que se interrumpa nuestro ministerio por asistir a las procesiones...

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Procuren mantener el prestigio de las escuelas, que importa mucho más que las confesiones en la iglesia...

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Atiendan con todo empeño al ejercicio de las escuelas y principalmente a la piedad y santo temor de Dios en los alumnos...

(San José de Calasanz: cartas)

Y así se podrían ir tomando muchos más textos de las diferentes cartas de San José de Calasanz.

Sigue siendo muy actual la especificidad del ministerio escolapio; tal vez no tanto la mera tarea escolar, salvo en los pueblos más pobres, donde, como decía el P. José María Balcells, su actualidad está ya en sólo calcarlo. En los países ricos, países del bienestar, su actualidad estará, sobre todo en el acierto de la plasmación de una educación integral que satisfaga necesidades básicas humanas profundas no satisfechas ni por el progreso, ni por el consumo ni por el desarrollo científico, social e intelectual. Ya que, como afirmaba Camus en "El Extranjero", los hombres mueren y son felices; o bien, en la Biblia el Profeta clama: los niños piden pan y no hay quien se lo dé.

Es urgente y necesaria aún, decía no hace mucho un religioso escolapio, la presencia de un escolapio, al menos, en el aula, en el patio, recreo, en una celebración, una charla, una tutoría, en la acogida de alumnos al entrar al colegio, o en su despedida, en la capilla de oración de niños pequeños, en un grupo de padres o abuelos que se preguntan y demandan ayuda en la educación de sus hijos o nietos...

Ellos son la razón de ser del escolapio en cuanto escolapio, como lo es la comunidad cristiana para el sacerdote de Jesucristo, o los hijos para la identidad paterna o materna...

Este número de Peralta pretende centrarnos la reflexión, la especifidad de nuestro ministerio escolapio.

El ministerio es una concreción de la misión, que da razón de ser, motiva vocacionalmente, entusiasma existencialmente, despierta nuestras actitudes y aptitudes humanas, cristianas, educadoras y escolapias.

Calasanz vivió sus primeros años sacerdotales la misión y el ministerio en un ámbito parroquial diocesano. En Roma encontró la razón de ser dadora de sentido a su existencia, en la dedicación de sus horas, energías, palabras, miradas, pasos, acciones, oración, pensamientos y dinero a la educación integral de los niños más pobres. Todos, religiosos y laicos necesitamos, en estos tiempos realmente adversos y duros en la misión educativa, reenamorarnos de nuestro ministerio, para vivir con entusiasmo nuestra razón de ser. Ellos, nuestros destinatarios, nos la darán; sólo ellos.

Javier Negro, Sch. P.