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ALGO ME DICE QUE... ¡VOY A PASARLO BIEN!

Equipo educativo del proyecto "Un lugar para la esperanza"

 

El primer fin de semana de febrero fue la fecha elegida para cambiar el ritmo de trabajo y formación que se lleva durante la semana en el centro, por unos días diferentes, donde lo que premiaría sería la convivencia y el compartir momentos que normalmente no compartimos: ha sido el primer fin de semana de ocio y tiempo libre de este segundo curso de "Un lugar para la esperanza".

En el curso anterior, habíamos organizado estos fines de semana de tal manera que sólo los sábados se aprovechaban para realizar este tipo de actividades. Esta vez, decidimos hacer un fin de semana completo y variado.

Todo empezó el viernes en Peralta, donde algunos de los chicos se quedaron durante esa tarde y su noche. Fue un tiempo de compartir, de descanso, de juego y de espera.

Salió el sol el sábado y nosotros amanecimos junto a él de camino a Barbastro para disfrutar de la feria de la Candelera. Una feria que se hace desde hace varios años en esta localidad y donde se puede disfrutar del jolgorio de los puestos que invaden año a año todas y cada una de las calles centrales de Barbastro. Durante la mañana, hubo tiempo para dar una vuelta, ver todo lo que ofrecían los puestos e incluso realizar alguna compra; en la tarde, vino el turno de las visitas a zonas cercanas: en Alquezar pudimos ver cómo unos escaladores desafiaban la ley de la gravedad y también comimos a los pies de una bella catarata. Sirvió - el agua estaba tan cerca - para que alguno de los chicos un poco torpe se cayera al agua y se mojara por completo, pero todo pasó como una mera anécdota entre risas y aplausos.

Más tarde se regresó a Barbastro para realizar las últimas compras y dar el último vistazo a esta acogedora ciudad aquellos que no la conocían.

Cansados volvimos a Peralta para darnos una ducha, disfrutar de una buena película y echarnos en la cama para descansar.

Y después de todo esto, aún quedaba el domingo. Marchamos bien pronto para aprovechar el día y encontrarnos con tres voluntarios de la Fraternidad Betania que quisieron acompañarnos en este día y compartirlo con nosotros.

Empezamos visitando Benabarre, Puente de Montañana, Montañana y Aren, donde pudimos recorrer calles y edificios llenos de historia y con diferentes arquitecturas, cada una más asombrosa y diferente; en Montañana parecía que habíamos retrocedido en el tiempo y recorríamos las calles de una villa medieval, y cuando llegamos a Aren pudimos descubrir un curioso sistema de riego y uso del agua. Después, retomamos el camino y seguimos hasta Viella, donde gozaron de un tiempo de libertad y de descubrir la ciudad. Para comer, decidimos desplazarnos hasta Arties, y hacerlo en un singular parque, que entre otras cosas nos ofreció la compañía de un oso. ¡Sí, sí! Habéis leído bien, un oso que salio a saludarnos y al que pudimos fotografiar, siempre desde la tranquilidad de estar separados por varias verjas.

Tras nuestro encuentro con este animal, decidimos subir a Vaqueira para sentir el frío de la nieve (algunos de los chicos no la habían visto mucho) y resultó una visita fantástica. No sabemos si fue el reflejo de la luz en la nieve que iluminaba sus caras o es que realmente, sus caras se iluminaban al verla; bolas de nieve que volaban por el aire, caídas en la nieve, e incluso algo de patinaje improvisado fueron las ocurrencias de estos chicos para aprovechar el terreno. Pero el plato fuerte del fin de semana estaba aún por llegar: la pista de patinaje sobre hielo de Viella. Cuando llegamos, todos estaban nerviosos, algunos no habían patinado nunca sobre hielo ni habían hecho nada parecido. Nos pusimos lo patines y… ¡primera caída!

Fue bastante complicado mantenerse en pié, pero al final lo conseguimos, poco a poco, algunos mejor que otros, pero todos manteníamos el equilibrio y disfrutamos de una actividad muy divertida, también algo peligrosa, pero esto no iba a ser un obstáculo para reírnos y pasarlo muy bien.

Tras dos horas de patinaje, exhaustos, merendamos y reemprendimos el camino de vuelta a Peralta de la Sal, donde, al llegar, todos caímos rendidos de cansancio y de sueño, y aunque sabíamos que al día siguiente nos levantaríamos con agujetas y dolores normales tras este tipo de actividades, tuvimos bien claro que merecería la pena.