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ORACIONES CÓSMICAS (II)

Fernando Negro Marco, Sch. P. (India, Bangalore 2005)

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Observación

Bajo el título Oraciones Cósmicas (II) se muestran, en este número de la revista, las 20 oraciones siguientes a las 21 que se publicaron en la revista anterior. En el próximo número se publicarán las últimas oraciones cósmicas.

XXII. Cuenta conmigo...

Cuenta conmigo, mi Dios, cuenta conmigo. Yo sé que mi piel está manchada y oscurecida. Yo sé que no soy digno. A pesar de todo, cuenta conmigo. Cuenta conmigo para que yo pueda bañarme una y mil veces en las aguas de tu amor. Cuenta conmigo y haz de mí lo que quieras. Cada día renovaré mi decisión de ser sólo para ti y para tu gente. Y bien sé que tu mirada me limpiará y entonces seré radiación viva de tu imagen dentro de mí.

 

XXIII. Despierta con tu dulce toque...

Despierta con tu dulce toque las notas dormidas de mi cítara. Hazme vibrar al ritmo de la vida y que sea el amor mi obra preferida. Ténsame para que mis cuerdas –mi ser entero- te ofrezca la mejor de mis melodías. Y que yo pueda decir también ‘para ti es mi música, Señor’. Vacía de la caja de resonancia todo lo que llamo ‘mío’ y así cantaré para ti; y me uniré a la sinfonía cósmica, y toda mi vida, aún en medio del dolor, será pura alegría y gozo.

 

XXIV. El ruido en la ciudad...

¿Cuál es mi nombre? En medio de las prisas y los ruidos quiero saber quién soy. Soy más que un número, no soy un juguete automático. Mi mente quiere encontrar el sentido de mi vida, mi corazón ansia el amor. ¿Quién soy yo? ¡Dímelo, hermano, dime quién soy yo! Yo sé que ‘tú eres tú’. Juntos buscaremos y encontraremos nuestro nombre en medio del caos de la ciudad impersonal. Pararemos los motores y saldremos de los autobuses y de los taxis… y chocaremos nuestras manos y, mirándonos a los ojos, celebraremos la vida.

 

XXV. Quiero ser transparente...

Quiero ser transparente como el agua del lago, reflejando la realidad circundante sobre la superficie apacible. Quiero ser tan diáfano que a través de la calma y la paz de mi mirada se pueda ver la belleza que se esconde dentro de mí; belleza hecha de algas, de piedras coloridas y variedad fantástica de peces en mi seno… Quiero reflejar el cielo en la superficie de mi vida.

 … ¿Sueño imposible?

 Prefiero soñar lo imposible a permanecer dormido en el letargo de la muerte anticipada por mi desidia y mis miedos.

 

XXVI. Cuado Tú miras la obra maestra...

Cuando Tú miras la obra maestra de la Creación, Dios, sonríes desde el cielo porque ‘todo está bien hecho’. Te complaces en cada molécula salida de tu mano (herramienta eficiente de tu corazón) porque refleja tu poder creativo.

 Cuando contemplas desde arriba tanta belleza, infundes en nuestros labios (herramienta expresiva de nuestros corazones) un canto de alabanza y de gloria a tu nombre.

 Y cuando ves que el ‘enemigo’ ha plantado cizaña que crece en forma de guerras fratricidas, venganzas, resentimientos, enemistad, intolerancia, fanatismo…, en lugar de arrepentirte de la obra bien hecha, Tú, Dios Bueno, armas de sabiduría y de fuerza nuestra vida para vencer al enemigo sin resistirlo, sino siguiendo plantando semillas de vida nueva: el perdón, la reconciliación, la amistad, el amor, la tolerancia, la verdad…

 Y así te ayudamos a seguir creando este maravilloso mundo, espejo de tu amor.

 

XXVII. Me has bañado, Señor, ...

Me he bañado, Señor, en el río de tu amor. Me he atrevido a sumergirme en las aguas de tu misterio y me he convertido en una ‘nueva creación’. Has destruido mis resistencias a tu acción y, sellado por tu Espíritu, me has hecho tu hijo querido.

 Y sé que todos mis miedos ya no tienen sentido; son solamente una sombra que se derrite bajo el Océano de tu amor. He vuelto mis ojos hacia el Este y, ya para siempre, avanzaré hacia el lugar donde Tú siempre amaneces… Un viaje sin retorno.

 

XXVIII. Tú eres el Creador de todo...

Tú eres el Creador de todo lo que existe y, por efecto de tu gracia permanente, haces que la sinfonía de tu Creación se convierta en Perfección Cósmica.

Miles de años se precisan para que las aguas esculpan sobre la roca los caprichos de las olas fluviales… Tu gracia, persistentemente acariciando mi corazón, me enseña igualmente el arte de amar.

Y así Tú creas en mí una personalidad nueva cuyo corazón se hace capaz de irradiar la imagen divina que me habita. Y así tu belleza se expande y derrama la belleza alrededor.

Señor, continúa haciendo tu trabajo en mí, y en todas tus criaturas, Tú que eres el Artista Divino del Universo.

 

XXIX. Cuando Dios mira a la creación...

Cuando Dios mira a la creación, la ama. Los ojos de Dios nunca condenan bajo ningún pretexto. Dios nos crea y nos recrea con su amor. Él penetra nuestro corazón y sus rayos luminosos nos transforman suavemente en su imagen divina.

 Delante de Dios aprendemos a sentirnos como en casa en este mundo maravilloso que Él ha preparado para nosotros. El mundo es nuestra casa y Dios el Padre de todo y de todos. Y todos y cada uno somos bienvenidos al ‘Festival del Amor’. Todos somos primogénitos. Nuestra vocación esencial en la vida es aprender a amar como somos amados. Y un día lo veremos como Él nos ve; y lo amaremos en el Eterno Festival de su Amor.

 

XXX. Señor, Tú nos llamas...

Señor, Tú nos llamas al vuelo de la libertad. Quieres que caminemos a la altura del amor. Y para este viaje hemos de dejar atrás todo equipaje que nos impide ser sencillos como los niños.

Todos nosotros sin excepción llevamos dentro del corazón aquel niño que un día fuimos y que está todavía vivo reclamando su libertad.

Señor, Tú que nos has dicho que debemos cambiar y ser como niños, enséñanos a caminar por el sendero de la simplicidad.

 

XXXI. He nacido para darme totalmente...

He nacido para darme totalmente al servicio de la bondad y de la belleza. He sido llamado a reflejar en mí y a través de mí la gloria del Dios que es pura transparencia de amor eterno. Pero si me enredo en la mediocridad, la mentalidad calculadora o la autocomplacencia, yo sé muy bien que entonces no seré feliz ni ayudaré a abrir un canal de gracia a través del cual Dios vuelva al mundo que tanto anhela y suspira por Él.

He nacido con un fin y quiero llevarlo a cabo aunque me cueste la vida. Y el fin de mi vida es la plenitud de la vida en el amor.

Señor, soy un mero aprendiz

Pero con tu Espíritu,

Artista Supremo de la Creación,

Alcanzaré el más alto grado

Del Arte de Amar.

 

XXXII. El Signo de la VICTORIA...

El signo de la VICTORIA es la CRUZ. Incluso los atletas al llegar a la meta extienden los brazos en forma de cruz. La Cruz está en sí misma llena de gloria. Todo crecimiento humano pasa necesariamente por el dolor y el sufrimiento. Querer escaparse de esta experiencia humana es optar por permanecer para siempre niños. Cuando Cristo nos dice ‘carga con tu cruz de cada día, ven y sígueme’ nos dice que aceptemos el dolor y que veamos en él la presencia de Dios.

Incluso la psicología moderna y de siempre enseña que cada persona se fortalece por dentro con el sufrimiento. Y así crece.

Pero, atención, el sufrimiento, el dolor, la CRUZ, no son fines en sí mismos. El auténtico fin es la Vida en Plenitud, la Resurrección. La vida es una competición en la que todos seremos ganadores si nos atrevemos a salir de nuestra confortabilidad y decidimos volar. En este combate agónico, seguro que la victoria será nuestra.

¡El Señor Resucitado es nuestra victoria!

 

XXXIII. Y cuando Tú acabaste el trabajo...

Y cuando Tú acabaste el trabajo fantástico de la creación, Dios, dijiste: ‘Ahora vamos a crear las familias para que sean capaces de irradiar amor por todos lados’. Y así sucedió que insuflaste en cada ser humano -hombre o mujer- la capacidad inmensa de amar. Y así, la atracción amorosa de un hombre y una mujer hace posible el milagro de dos que se hacen uno. Y su amor se convierte en fuerte de vida nueva… Y porque Tú quieres que todos y cada uno vivamos felices, dijiste una vez más al final de la creación: ‘Todo esta bien hecho’.

 

XXXIV. Dios de mi vida, ...

Dios de mi vida,

A ti levanto mis ojos y mi corazón.

Aquí estoy, soy yo, tu hijo amado.

Sé que Tú siempre me miras

Y que tu mirada sobre mí

Me moldea a imagen tuya.

Me conoces totalmente

Y tu amor por mí es eterno.

Eres asombroso en tu poder.

Por siempre alabaré tu Nombre.

Tú conocías todos mis caminos

Incluso antes de la creación.

¡Gracias, Dios mío!

Por siempre alabaré tu nombre.

 

XXXV. Le vengo dando vueltas...

Le vengo dando vueltas a lo que llamo ‘espiritualidad de la imperfección’. En esta espiritualidad el acento está no tanto en la perfección cuanto en el crecimiento. Y este crecimiento consiste en verme a mí mismo, a los demás y a la creación en cuanto tal en constante proceso ascendente. Todas las cosas están sometidas al desgaste, la limitación, el fracaso, el pecado… pero con vocación de eternidad.

 Lo que importa en esta ‘espiritualidad de la imperfección’ es tener un corazón agradecido y una disposición profunda a hacer crecer cada chispa de luz, cada borbotón de vida, de belleza y de bondad. En esta ‘espiritualidad de la imperfección’ el objetivo real es ser fiel a estos dos mensajes de Jesús: ‘Sed perfectos como mi Padre…, Si no os hacéis como niños…’

 

XXXVI. Por todo el mundo...

Por todo el mundo huele a Mundo Nuevo. Por eso hemos de escuchar y hacer caso al grito de los jóvenes. Por lo menos que, escuchándoles, ellos nos enseñen a dudar. Aprender a dudar requiere una gran dosis de humildad y es el principio de la sabiduría en la que se sostendrá el Mundo Nuevo.

 Lo nuevo se mide con lo nuevo. Por eso el Señor Jesús no tiene compasión con el viejo Nicodemo: ‘Nicodemo, tienes que nacer de nuevo’.

 Nuestro Mundo en cuanto tal está sustentado sobre bases políticas y estructurales envejecidas: globalización al servicio de los más ricos, dictaduras al servicio del prestigio personalista y de la ambición, monarquías obsoletas…

 ¡Que los jóvenes tengan su palabra en el forum de un futuro con esperanza! Los jóvenes no son solamente un proyecto de futuro, sino la garantía y el avance que Dios nos da del futuro que debe ser construido en el amor.

 

XXXVII. Llévame al Desierto...

Llévame al Desierto y háblame al corazón. Dime la verdad acerca de mí mismo y dime quién eres Tú, Dios de todos los nombres y sin nombre.

 Y en diálogo de amor dime cuáles son mis errores y mis pecados y también mis compulsiones; sedúceme una vez más y para siempre. Que toda mi vida experimente la fragancia de tu amor.

 Sácame al Desierto de mi corazón y, en silencio, fijaré toda mi atención sólo en ti y así aprenderé a volar por encima de mis miras estrechas y conoceré la Belleza desde arriba.

 Y en el encuentro amoroso y amistoso contigo aprenderé a luchar contra la maldad dentro y fuera de mí, y me alegraré para siempre en la Victoria que Tú ya has ganado para mí.

 

XXXVIII. Crecer siendo capaz de mirar...

Crecer siendo capaz de mirar al futuro con esperanza, convencido de que cualquier tiempo pasado no fue mejor que el presente… Haber perdonado todo y haber quemado todo resentimiento y venganza… Aproximarme a la meta y ser capaz de verme rodeado de niños que ríen y gozan conmigo... Ser un poco aquel Nelson Mandela que consiguió el Premio Novel de la Paz y sin embargo reconoció que había fracasado como esposo y como padre… ¡Todos somos tan grandes y tan débiles…! Cada uno de nosotros somos hijos de un bonito sueño al cual estamos llamados a ser fieles. Estamos llamados a ser profetas de nuestro tiempo.

 

XXXIX. Para subir al monte...

Para subir al monte has de ascender hacia adentro. ¡Adentro! La cima está en lo más escondido de tu corazón. No la busques fuera, que te cansarás y no la encontrarás.

 Y emprende el viaje en la noche, sumergido en el silencio. Que no te asuste ni la tiniebla ni el bramido del mar… De noche, sí, guiado por la luz interior de un Dios que ama el amanecer dentro de ti. Que tu luz interior empape la noche que te rodea. ¡No te detengas!

 

XL. ¡Ven y únete a la danza! ...

¡Ven y únete a la danza!

¡Ven y danza con nosotros, no tengas miedo! Únete a nosotros en la danza de la vida. Tú tienes algo original que ofrecer y nadie en el mundo puede sustituirte.

 Ven al festival de las diferencias mientras la misma música del amor guía nuestros pasos rítmicamente, mientras los ojos de nuestro Dios gozan y se regocijan en nuestra bondad.

No digas ‘Yo no sé danzar’. Ven y únete siguiendo el ritmo de la melodía que te habita. Sigue los movimientos del amor que se esconde en ti. Ven y danza con nosotros y disfruta plenamente de estar vivo.

 

XLI. Ser puro, transparentar amor, ...

Ser puro, transparentar amor,

Irradiar la gloria,

Ser simple,

Derramar la fragancia divina,

Crear belleza,

Ser honesto,

Construir el cielo

Aquí en la tierra.

Vivir aquí y ahora,

Luchar y esforzarme,

Vivir el presente,

Mirar hacia delante,

Caminar hacia el futuro,

Vencer el mal,

Participar en la carrera de la vida.

Confiar siempre en el bello amor divino,

Aprender a ser conducido por Él,

Decir adiós al pasado,

Aprender la libertad de los pájaros,

Ser un canal de la ternura de Dios.