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Proyecto personal de crecimiento

(P. Javier Negro)

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La formación permanente de religiosos en Camerún

(P. Fernando Guillén)

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Tiempo sabático como experiencia formativa

(P. Javier Negro, Sch. P.)

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La formación inicial y la formación permanente

(Albert, Junior camerunés)

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Después de haber leído despacio el documento del Capítulo General de 1991 sobre las normas y orientaciones para la formación continua de los religiosos, refiriéndose a los documentos eclesiásticos posteriores, a saber, Concilio Vaticano II, "Fortísima Istituti" y otros documentos de la Orden, en su dinamismo sobre los valores y exigencias teológicas de la formación continua o permanente, he sentido mi incapacidad de decir algo nuevo sobre el tema de la formación inicial y la formación continua. Pero, debido al compromiso contraído con el P. Provincial de Aragón, escribiré una reflexión sobre el mismo. He intentado hacer una redefinición del tema en el contexto actual. El trabajo será muy simple: ampliar el concepto "formación", relacionándolo luego con la formación permanente.

¿Qué entendemos cuando hablamos de la formación? La primero que se me ocurre, desde hace mucho tiempo, cuando escucho la palabra formación, es definirla como dar forma a algo sin forma. En el contexto de la formación religiosa, dar forma a un joven para que devenga la imagen de Cristo en su camino hacia la perfección. Este pensamiento hace siempre honor al patrimonio espiritual de la historia: transformarse completamente para hacerse imagen de Cristo, viviendo en nuestro mundo.

Humanamente hablando, se podría definir como dar forma a una persona que, partiendo de cero, inicia un camino. En lenguaje más familiar y comprensivo, su definición sería hoy: reformar una persona para asumir la misión de Cristo, o mejor dicho, dar una forma a la forma existente de la persona a fin de responder o afrontar una nueva misión con diversas exigencias.

Hablar de la formación en estos términos, se puede presentar como un encuentro de dos experiencias. Cada hombre, creado por Dios, es esencialmente bueno, y tomar un nuevo camino en la vida para seguir a Cristo en la Vida Consagrada es encontrar un camino seguro y una aceptación para dar lo mejor de sí mismo acogiendo la gracia de Dios y dejándose transformar por la misma gracia. De este modo, podríamos hablar de la formación como una experiencia ardiente y continua en la búsqueda de la verdad que es Cristo.

En este sentido, la formación continua, según mi opinión, sería la conciencia constante de cada cristiano, religioso, comunidad e instituto religioso de su lejanía de la persona de Jesús y de los valores evangélicos, y la apertura y capacidad para quedar a la escucha del Espíritu y de los signos de los tiempos. Así, progresando y penetrando en el misterio de la persona de Jesús, se podrá llevar al mundo su mensaje. El que escucha al hombre de nuestro tiempo, lo acompaña y lo salva por medio de la obra del Espíritu y los signos de Dios en todos los tiempos y edades.

En consecuencia y concluyendo, diría que:

Todos somos formandos en el camino del cocimiento del único maestro, Jesús.
Que la formación inicial, en todas sus formas, es un periodo de descubrimiento y redescubrimiento de los elementos principales de la fe cristiana y de la misión de cada familia religiosa: el momento de la apropiación y personalización de los valores cristianos e institucionales.
Que la formación post-inicial, formación permanente, es un momento para buscar y encontrar los puntos de referencia, el mantenimiento y el desarrollo de aquellos valores asimilados dentro de la persona, la comunidad y la congregación. Esta formación dura a lo largo de toda la vida.

Vivir la experiencia cristiana y ante todo religiosa, sin proyectar una alimentación espiritual continua de formación, se asemeja a un agricultor que, al principio del año, labra su campo, pone las plantas, canaliza el agua más cercana al campo y se marcha creyendo que las plantas son bastante sabias para descubrir la presencia del agua y para alimentarse, sin necesidad de regarlas. Al volver para recoger la cosecha, ¡qué desastre!. Ve muertas todas las plantas por la incapacidad de sus raíces de llegar a la fuente. De la misma manera, se puede ir muriendo de hambre paso a paso en la vida religiosa. Por eso, todo cristiano, religioso, comunidad o instituto debe tratar el tema de la formación continua urgentemente.

 

 

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