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Ser
profesor actualmente -y por tanto educador-, ser persona, encargada en
la El comportamiento educacional de la profesión docente ha variado. Lo exige así la realidad cultural, la interconexión y conocimiento de las distintas sociedades, la aceleración de las experiencias y de los conocimientos y la presencia en la historia de todos los hombres como sujetos de derecho y de exigencias sociohistóricas de todo tipo. El profesor está al servicio del hombre. La sociedad cambiante exige cambios en el profesor. Le exige formación y perfeccionamiento, y exige, incluso, una selección concreta de profesores. La necesidad de perfeccionamiento del profesorado es obvia si el sistema educativo quiere alcanzar altos niveles de eficiencia, adecuados a los rápidos cambios sociales, culturales, tecnológicos de la sociedad occidental en que estamos inmersos. La educación ha de realizarse con el protagonismo de las personas participantes y especialmente de los profesionales que diseñan, desarrollan, valoran y propugnan las mejoras permanentes de tales acciones. El lema "Piedad y Letras" que jalona la institución calasancia le convierte en protagonista de la educación por excelencia. La complejidad de la tarea formativa, que han de construir y mejorar los educadores, les exige una preparación pertinente y prioritariamente una actualización profesional que les capacite para responder a los desafíos y a las cada vez más difíciles acciones sociales con las personas. El modelo de formación del educador tiene en común con el de currículum y de la enseñanza, la base de su construcción, la colaboración con los temas en cuyo intercambio y procesos interactivos se genera. El modelo lo denominamos en coherencia con el de currículum "colaboración interactiva", situando a cada educador en coprotagonista e indagador reflexivo, que construye conocimiento desde su propia práctica. Los campos de proyección de la educación son tantos cuantos caracterizan la acción diferenciada de las personas y las comunidades en las que participa el educador. Esta gran diversidad social demanda una atención diferenciada a cada Comunidad según sus dificultades. Se ofrece un modelo que ha de reelaborar cada educador, adaptándolo a las singulares experiencias y exigencias de los espacios y grupos con los que trabaje. OBJETIVOS PARA LA FORMACION DEL EDUCADOR La acción educativa es compleja, implicadora, colaborativa y experiencial. La construcción continua de tal acción nos lleva a plantearnos los siguientes objetivos, que afectarán al educador:
MODELO DE FORMACION DEL EDUCADOR El modelo es un espacio conceptual que facilita la comprensión de realidades complejas, ya que selecciona el conjunto de elementos más representativos, descubriendo la relación entre ellos y profundizando en la implicación que en la práctica y en su mejora pueda tener. El modelo que proponemos es una invitación a que cada educador se plantee una línea de desarrollo formal y colaborativo, en el que los elementos básicos para la construcción se aportan desde:
Las diversas concepciones o perspectivas
curriculares y de enseñanza nos pueden servir de base para emerger el
modelo de formación del educador. Todas Perspectiva cognitivista: Análisis del pensamiento del formador ¿Qué competencia es la que hay que emplear para seleccionar, adaptar y aplicar eficazmente con cada persona y grupo, aquel conjunto de competencias aprendidas? Desde esta exigencia se inicia una nueva perspectiva correspondiente a la génesis y posterior desarrollo de la competencia general "descubrir qué competencia y por tanto qué proceso reflexivo hemos de poner en acción para seleccionar la óptima competencia". Se pretende apoyar la profesionalización
del formador procurando que construya Este modelo aporta la evolución y superación del conductista, que sitúa el énfasis en lo observable y evidente. El esfuerzo de esta visión radica en la profundización en lo latente, en la búsqueda de lo semioculto o implícito de las reflexiones que sobre la práctica construye todo profesional con proyección en la acción social. La visión colaborativa plantea al formador nuevas exigencias para establecer situaciones de empatía y de toma de decisiones compartidas, especialmente actitud de escucha, apertura y confianza mutua, pero la colaboración ha de vivirse, crearse y construirse pausadamente tanto con los participantes como con los colegas. El educador ha de valorar la importancia e implicaciones de la conducta colaborativa y de la participación posible de todos los miembros del programa de formación en el desarrollo y mejora continua del mismo. Esta situación colaborativa incide en el formador y le plantea una nueva necesidad de formación, que es la interpretación adecuada de las reacciones de los miembros del grupo, los procesos de comunicación, el tipo y naturaleza de las interacciones y especialmente los mensajes y símbolos que se emplea en tales situaciones de formación. El trabajo con los grupos sociales necesita del formador una especial actitud y capacidades de interacción y anticipación a los intereses y expectativas de los participantes. La visión sociocrítica señala la acción comprometida y emancipadora del formador en los procesos formativos, ante los que no puede mantener una actitud evasiva o de falta de compromiso. El equilibrio está en el respeto a cada participante para que el proyecto de emancipación emerja del diálogo e intercambio crítico entre todos los miembros del grupo y no desde la presión unilateral del formador o de los líderes o microgrupos con más capacidad de convocatoria. Este esfuerzo de colaboración e interpretación de los diversos mensajes sugiere al formador tomar decisiones suficientemente fundadas. Este proceso de toma de decisiones y de mejora continua de las relaciones entre los componentes del grupo hace cada vez más necesario el análisis del modelo de formación y situar a cada formador como coprotagonista con las otras personas del programa de formación. AUTOFORMACIÓN PERMANENTE: REFLEXION DESDE LA PRACTICA PERSONAL Y COLABORATIVA El modelo de realización personal que
proponemos para el educador se apoya en el conocimiento contrastado de
la práctica. Desarrollarse profesionalmente es La realización profesional del educador necesita de unas razones y opciones permanentes para reelaborar y dar sentido a su práctica personal y colaborativa. La capacitación personal se enriquece en la colaboración con otros colegas y en la reflexión en equipo, en la que todos los participantes han de sentirse protagonistas, sentándose las bases para la autoformación continua. El educador ha de partir de esquemas y procesos de reflexión personal y compartida, que fundamentan la práctica. Pero tal proceso es tanto "epistemológico como metodológico"; aprendemos a formarnos, si hemos decidido formarnos en una dirección auto y correflexiva, ligada al análisis riguroso de la propia práctica y sobre todo actualizadora de los programas más ambiciosos con la metodología más pertinente. (Rafael
Celorrio Ibáñez es Doctor en Ciencias de la Educación, Licenciado en
Pedagogía, Doctor en Psicología, Orientador Psicopedagogo, colaborador
en el Gabinete Psicopedagógico de nuestro Colegio "Ntra. Sra. del
Pilar" de Soria del que es exalumno y amante de todo lo
escolapio) |
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