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Proyecto personal de crecimiento

(P. Javier Negro)

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La formación permanente de religiosos en Camerún

(P. Fernando Guillén)

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Tiempo sabático como experiencia formativa

(P. Javier Negro, Sch. P.)

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La formación inicial y la formación permanente

(Albert, Junior camerunés)

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"Año de gracia del Señor", tiempo de liberación, hora de volver a la fidelidad inicial, punto de reencuentro consigo mismo, experiencia de salvación... sería la definición del tiempo sabático. Quedó atrás ya la definición de año sabático de un  año de duración y con un contenido de simple vacación o descanso, aunque también lo sea en un sentido integral.

Añoro el tiempo en que sistemática y constantemente un religioso de nuestra Provincia pasaba un tiempo de formación, de reciclaje, de estudio y de convivencia en otras comunidades escolapias de Madrid, en nuestro caso, o de Roma, siguiendo estudios sistemáticos en una universidad o centro de pastoral o de Vida Religiosa, y, a la vez, simultaneando cursillos de otra índole, buscando aquí y allá, viviendo ésta y aquella otra experiencia de oración, de laicado, de Iglesia...: PP. Javier Negro, José M. H. Movilla, Josema, Marcos R., Joaquín Nadal, Fernando Gallo, Antonio Alconchel, Olegario Aranda... No sólo para ellos; también para la Provincia tuvo y sigue teniendo rentabilidad pastoral, religiosa y educativa.

¿Se podría volver a aquello o a algo parecido hoy? Aunque la disponibilidad no sea grande, quiero traer a nuestra revista lo que sobre este punto se habló en nuestro último Capítulo General. Hubo en él una propuesta del P. Lluis Tort que decía así:

"Se debe organizar, a nivel de Demarcación, de Circunscripción o de Orden, un curso obligatorio de renovación espiritual para todos los religiosos de mediana edad (en torno a los 45 años)".

Hubo diálogo y una aclaración en el aula capitular a propósito de esta proposición, que desembocó en el siguiente dictamen de la comisión correspondiente:

"Se prescribe un tiempo obligatorio de renovación espiritual para todos los religiosos en torno a los 45 años".

Y la comisión dio, como consta en acta, esta justificación del cambio del dictamen:

La Circunscripción y la Orden implican dificultades de organización y de idioma.
Se olvida las facilidades que ofrecen las diócesis y otras instituciones religiosas.
No conviene que este tipo de experiencias se hagan en el mismo ambiente.
Debiera partirse de la base de que el religioso tiene manifiesta decisión de hacerlo.
Se van dando soluciones a las dificultades presentadas: no es un curso, sino un periodo; debe ser en la edad en la que el religiosos lo necesita.

Dicho dictamen quedó aprobado por 58 de 68 votos (No: 8 y Nulos:2).

Si deseo traer a reflexión este punto es porque, a pesar de ser una experiencia formativa, asequible, realista y útil para todos los religiosos de cualquier edad, no está siendo una experiencia deseada. Todavía hay muchos religiosos que consideran que el tiempo sabático es, primordialmente, un año sabático; identifican también sabático a vacacional y, por tanto, costoso para la Provincia o la Orden.

Deberíamos repensar la posibilidad de vivir esta experiencia como una ocasión de experiencia de gracia, de paso del Señor, como Kairós, como rejuvenecimiento individual e institucional. Si sólo obramos y no nos "paramos un tiempo a pensar", a reencontrarnos y reorientarnos, difícilmente daremos ocasión a la conversión del corazón, de la mente y del alma.

Esta experiencia no pasa hoy necesariamente por un centro educativo o universitario. Alguno la vive en un país de misión. ¿Por qué no ha de ser Camerún, Filipinas, India, Bolivia, Cuba...?. Se presta así una ayuda a los hermanos conviviendo con ellos, se aprovecha, si se puede, para hacer unos estudios o lecturas, y se enriquece uno mediante encuentros con gentes y culturas diferentes.

Cuando uno se encuentra viviendo una vida rutinaria, cuando ya "se me han comido el queso", cuando los sentimientos y las ideas son constantemente las mismas, cuando la soledad me roe desde los pies a la cabeza, cuando veo que "aquí ya he hecho todo lo que tenía que hacer y no aporto ya nada nuevo", cuando me sé de memoria las calles, los pasillos y las dependencias, cuando ya no me maravillo de nada y me lo sé todo, cuando ya no espero nada y la crítica, el malhumor constante y el rumor de un malestar continuo anidan en el alma..., cuando se juntan todas estas cosas, tal vez sea indicio claro de que estoy necesitando un cambio geográfico, ambiental, cultural, religioso..., para cambiar todo lo anterior, para cambiar yo; estoy necesitando una experiencia sabática de gracia, una vuelta al desierto para encontrarme a solas con el Señor, como en los años de juventud.

 

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