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Proyecto personal de crecimiento

(P. Javier Negro)

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La formación permanente de religiosos en Camerún

(P. Fernando Guillén)

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Tiempo sabático como experiencia formativa

(P. Javier Negro, Sch. P.)

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La formación inicial y la formación permanente

(Albert, Junior camerunés)

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Este nuevo número de Peralta, el que tienes entre manos, está dedicado  a la Formación. Por primera vez, y sin que sirva de precedente, con mayúscula. Adivino que traerá la revista escritos sobre formación inicial y permanente de la Vida Consagrada y, más específicamente, sobre formación calasancia, carismática, espiritual, litúrgica, teológica, bíblica, que conduzcan hacia dimensiones de alteridad y relación con el tiempo... Traerá buenos escritos, ya lo verás, porque no le faltan firmas y especialistas a la Provincia.

Y como mi pluma es frágil, y en cuestión de especialidades ando por las primeras semanas del noviciado, no voy a caer en la tentación de escribir ninguno de esos importantes artículos. Y digo importantes, porque pueden  esclarecer las preguntas que nos viene haciendo la Iglesia en la voz de Pío XII, años antes del Concilio; en la voz de los padres conciliares -Constituciones, Declaraciones y Decretos-; en la voz de los documentos postconciliares -los "Motu proprio", Instrucciones y Directorios-; en la voz de los comprometidos documentos últimos: Exhortaciones apostólicas, Cartas de Juan Pablo II, Instrucciones de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y de la Congregación para la Educación Católica; en la voz de las Constituciones y Reglas de las Escuelas Pías... Muchas voces, ¿verdad?. ¿Y las respuestas? Hasta la fecha, algunas positivas en puntuales casos personales. En general, mirando al grupo comunitario, local y provincial, eco más que respuesta.

Las consecuencias a la vista están. Pero no te preocupes, que no me voy a detener interpretando radiografías. Interesa más saber cuáles son las causas.

Son varias, dada la complejidad del problema, el largo período transcurrido y las opciones y limitaciones de los hombres. Pero me voy a detener en una, que considero básica, porque es la raíz de las demás. Tiene nombre de asignatura de escuela elemental. Se llama lectura.

Cada vez se lee menos. La imagen substituye a la palabra, la informática abre nuevos portales, los años merman la curiosidad, la política con la  variedad y rapidez de sus noticias sorprende, las prisas de este mundo agitado roban el tiempo. Pero hay que mantener vivo un cierto esmero intelectual. Mientras escribo estas líneas, un periódico de Madrid amanece con este título: "La cifra de titulados universitarios que leen libros descendió un 4% en 2003". Y añade, para confirmar lo dicho con algunos ejemplos, que la caída fue de un 8,3% entre los Diplomados y Técnicos españoles, y que un 3% de Diplomados, Técnicos, Licenciados, Ingenieros y Arquitectos superiores "no lee ni libros ni otras publicaciones". ¿Consuelo ajeno, o aviso de navegantes?

Entre nosotros, de hacerse un estudio estadístico serio, como el del periódico madrileño, las cifras aparecerían crecidas. La biblioteca personal es la excepción que confirma la regla. Aún recuerdo con asombro la biblioteca que tenían en sus habitaciones los PP. Federico Ineva y Justo  Blanco. Permíteme que también yo cite ejemplos, esos dos, y los libros que oí leer, o yo mismo leí, en el comedor de mis cuatro primeras comunidades: En Peralta, Escolapios Insignes del P. Llanas; en Albelda, Historia de las Escuelas Pías en España del P. Rabaza; en Jaca, Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu; en Buenos Aires, Don Bosco y su tiempo de Hugo Wast y seguidamente la Biografía crítica de San José de Calasanz del P. Calasanz Bau. Estas lecturas las determinaban los respectivos PP. Rectores. Te confieso que a mí me impresionaron e hicieron mucho bien. Aún hoy, cuando abro de nuevo alguno de esos libros para releer una página o un capítulo, sigo palpando el ambiente de aquel comedor y viendo los rostros de aquellos compañeros de comunidad.

Ya sé que el mundo ha cambiado, y sigue cambiando a ritmo rápido, que ciertos recuerdos pueden parecer reflejo de añejas y afectivas nostalgias, y que es difícil una interconexión generacional en proyectos y sistemas intelectuales... Pero me da pena caminar entre atonías: ver que llegan las revistas, incluidas las de la Orden, y no se abren, o que alguien lamenta el olvido en que se tiene a un hermano difunto, cuando su necrología apareció en Ephemerides y ha permanecido meses y meses en el revistero de la quiete. En estos casos y otros parecidos me asalta, sin quererlo, la figura de Francesca de Rímini. Ella termina su relato con este verso estremecedor: Quel giorno più non vi leggemmo avanti, desde aquel día no leímos más. Puedes verlo en la Divina comedia de Dante Alighieri, Infierno, v. 138

Amigo: formación y consagración van unidas. Pero mientras no aliente en nuestro mundo cultural un deseo sosegado y ardiente de leer, no habrá verdadera consagración, ni formación posible. ¿Demasiado radical? Prefiero esta radicalidad a quedarme en el infierno dantesco, atormentado día y noche por el verso de Francesca de Rímini.

(P. Dionisio Cueva, Sch. P.)

 

 

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