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Este
nuevo número de Peralta, el que tienes entre manos, está Y como
mi pluma es frágil, y en cuestión de especialidades ando por las
primeras semanas del noviciado, no voy a caer en la tentación de
escribir ninguno de esos importantes artículos. Y digo importantes,
porque Las consecuencias a la vista están. Pero no te preocupes, que no me voy a detener interpretando radiografías. Interesa más saber cuáles son las causas. Son varias, dada la complejidad del problema, el largo período transcurrido y las opciones y limitaciones de los hombres. Pero me voy a detener en una, que considero básica, porque es la raíz de las demás. Tiene nombre de asignatura de escuela elemental. Se llama lectura. Cada
vez se lee menos. La imagen substituye a la palabra, la informática
abre nuevos portales, los años merman la curiosidad, la Entre
nosotros, de hacerse un estudio estadístico serio, como el del
periódico madrileño, las cifras aparecerían crecidas. La biblioteca
personal es la excepción que confirma la regla. Aún recuerdo con
asombro la biblioteca que tenían en sus habitaciones los PP. Federico Ya sé que el mundo ha cambiado, y sigue cambiando a ritmo rápido, que ciertos recuerdos pueden parecer reflejo de añejas y afectivas nostalgias, y que es difícil una interconexión generacional en proyectos y sistemas intelectuales... Pero me da pena caminar entre atonías: ver que llegan las revistas, incluidas las de la Orden, y no se abren, o que alguien lamenta el olvido en que se tiene a un hermano difunto, cuando su necrología apareció en Ephemerides y ha permanecido meses y meses en el revistero de la quiete. En estos casos y otros parecidos me asalta, sin quererlo, la figura de Francesca de Rímini. Ella termina su relato con este verso estremecedor: Quel giorno più non vi leggemmo avanti, desde aquel día no leímos más. Puedes verlo en la Divina comedia de Dante Alighieri, Infierno, v. 138 Amigo: formación y consagración van unidas. Pero mientras no aliente en nuestro mundo cultural un deseo sosegado y ardiente de leer, no habrá verdadera consagración, ni formación posible. ¿Demasiado radical? Prefiero esta radicalidad a quedarme en el infierno dantesco, atormentado día y noche por el verso de Francesca de Rímini. (P. Dionisio Cueva, Sch. P.)
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