CINCO NUEVOS SACERDOTES..

  ESCOLAPIOS CAMERUNESES

P. José Antonio Gimeno, Sch. P...

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Evangelizar educando

(P. Fernando Gallo)

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A vino nuevo, odres nuevos

(Manolo Olave)

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El ministero escolapio y los jubilados de las clases  

(P. Manuel R. Espejo)

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Nuestro ministerio escolapio

(P. Fernando Gallo)

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Las escuelas de Calasanz hoy

(Com. Min. Escol., 2003)

 

 

Principios para entender un colegio escolapio

(Proy. educativo evang.)

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Mi más difícil caso educativo

(P. José Antonio Gimeno)

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La promoción fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Corrección fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Mi experiencia entre los más pequeños

(P. Stephen Verla)

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Tres cosas he aprendido

(P. Félix Jiménez Tutor,

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Ser escolapio laico en la pública

(Toni Tena) 

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Nuestro ministerio

(Encarnación Rallo)

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Examen de conciencia para niños

(P. Victorino Ruiz Sola)

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Nuestro ministerio en Camerún

(P. Stanislas Chowaniec)

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África es un lugar en el que ves cómo el Señor va construyendo su Iglesia paso a paso. El otro día se lo hacía notar a las 1200 personas que abarrotaban nuestra iglesia de Futrú. Al fondo de la iglesia está pintado un gran mural que representa a los 19 primeros cristianos de la tribu Nkwen, donde está Futrú. Muchos de Nkwen habían ido a la actual Guinea con los alemanes en la primera guerra mundial, como soldados mercenarios, a luchar contra los ingleses. Como había misioneros católicos, unos cuantos de ellos se convirtieron al cristianismo. De los que volvieron al acabar la guerra en 1919, diecinueve eran cristianos, y siguieron reuniéndose en Nkwen cada semana. Todavía no había llegado a Bamenda ningún sacerdote católico, que fue hacia 1945. Y se encontró con aquella pequeña comunidad, que había crecido, en que rezaban juntos, bautizaban a otros, y se reunían en una casita de barro en torno a la cartulina de un calendario con la imagen de S. Miguel. Por eso, al crearse la parroquia en 1988 la llamamos de "S. Miguel". Veinticinco años sosteniendo el Señor la fe de aquellas buenas gentes, sin sacerdote, sin Biblia (no sabían leer), en circunstancias muy difíciles.

Y les hacía notar cómo de aquellos sencillos principios habían llegado a esta hermosa realidad. Transmitiendo de boca en boca la Buena Nueva, invitando a los animistas, dando ejemplo con su vida, con su entusiasmo y su fervor. Y el Señor había ido actuando. Y que ese seguía siendo el camino de evangelizar; los misioneros, les ayudábamos.

También en el aspecto de vocaciones ha habido crecimiento. Los escolapios llegamos en diciembre de 1987. Siete años más tarde empezaban a aparecer las primeras vocaciones. Hoy son ya treinta los cameruneses que han hecho su Profesión religiosa, y varios los ordenados sacerdotes.

El 11 de junio pasado fue un día gozoso para todos: en Bamenda, cinco escolapios cameruneses eran ordenados sacerdotes: Justin Ghani, Evaristus Akem, Marcel Sanguv, Christian Mboudou y Gabriel Tekam. La catedral estaba abarrotada. Un coro de 120, formado con unos cuantos de cada uno de los siete grandes coros que tiene nuestra parroquia de Futrú, llenó de música y vida la celebración de tres horas y media de duración. Sesenta sacerdotes en el presbiterio. El silencio, la atención, la participación, la atmósfera de fe y alegría fueron extraordinarios. Y la emoción de imponerles las manos invocando al Espíritu Santo, de verles sacerdotes llenos de ilusión, tras tantos años de vivencias juntos, de experiencias compartidas con ellos.

Cuando estudiaba en la Complutense de Madrid en 1961, había en la plaza de mi Facultad una gran estatua muy significativa: un hombre maduro yaciendo boca abajo, que levantaba con su mano izquierda una antorcha, mientras a su lado, un joven a caballo se inclinaba a recogerla. Su significado era claro, hermoso y estimulante. Con mis 24 años, me sentí aquel joven que venía a aprender de los antecesores la ciencia y sabiduría.

A mi edad, uno ve que estos nuevos escolapios son los que recogen la antorcha de la Iglesia y de la Escuela Pía que nosotros les entregamos. El Espíritu Santo, a través de ellos, seguirá construyendo la Iglesia. Y en el silencio del corazón, uno siente que canta y baila de alegría.

Les he visto madurar en lo humano, con la acción de unos cuantos escolapios, crecer en la fe. Les he querido de verdad, a través de la vida, de las clases de formación, de las charlas, de los ejercicios espirituales, de la dirección personal. Un grano de arena. Les he sentido hijos míos, con una paternidad espiritual real, que no menor que la física. El mundo sigue repitiendo aburridamente que nuestro celibato es estéril. Pero es falso. No sabe lo que es optar por vivir en celibato por amor a Jesús que nos reveló su valor e invitó a hacerlo.

Cierto que en la vida resulta a veces muy duro ser siempre llamado "Padre" por unos hijos que nunca serán tuyos. Pero cuando en tu actividad educativa estás entregando totalmente tu vida a fondo perdido por la maduración de esos muchachos, tu tiempo, dedicación, amor, con la misma ilusión que si fueran tus propios hijos, entonces sientes la paternidad espiritual, te sientes y sabes padre también de esos muchachos. No necesitas que ellos te lo digan, ni que la sociedad lo reconozca. Pero resulta humanamente reconfortante cuando, al correr de los años, aquellos muchachos, ya hombres, te van diciendo el impacto que les produjiste con tus ideas, enseñanzas, actitudes y vida.

Un oleaje continuo de fe mueve siempre el Espíritu Santo en la Iglesia, generación tras generación. Y es hermoso constatar cómo ha ido creciendo aquí en Nkwen desde aquel primer soplo de fe en 1919.
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