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CORRECCIÓN FRATERNA Servicio de animación comunitaria del Movimiento "Por un Mundo Mejor"... |
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La exigencia evangélica: Mateo, en el capítulo 18 de su evangelio, recoge una serie de elementos originariamente dispersos, que describen el estilo de vida de la comunidad cristiana. Ciertamente son sobre todo líneas fundamentales de compromiso y, por lo tanto, válidas de forma perenne para la comunidad cristiana, de forma que no pueden excluirse de las normas de funcionamiento de una comunidad cristiana concreta organizada. Nos interesan ahora particularmente los versículos 15-17. Este texto está encuadrado en el precepto del servicio a los más pequeños y del perdón sin límites; de la condena del escándalo y de la falta de misericordia; de la certeza del valor de la oración comunitaria y de la presencia de Jesús en medio de quienes se reúnen en su nombre. Todo esto supone la koinonía, la comunión que existe en un grupo de cristianos. La corrección fraterna descrita en este paso supone, tanto ella como las otras formas de diálogo comunitario en el espíritu, una experiencia de vida comunitaria y también una sana institucionalización de la comunidad."Si tu hermano ha pecado contra ti, repréndelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano". Es una norma y un compromiso permanente. "Si no te escucha, toma contigo uno o dos más, para que la cuestión sea decidida por el testimonio de dos o tres testigos". Aquí no hay ningún juicio, sino una exhortación, un consejo de profundo amor y delicadeza, un deseo de salvar al hermano, que puede transformase en una fina fraternidad, que es tal vez más profunda que la anterior a la herida: "donde abundó la culpa, sobreabundó la gracia" (Rom.5,20). "Si necesitas ser escuchado, díselo a la comunidad". Es el mejor y definitivo recurso: confiarse a la comunidad, la más rica en posibilidad de amor y de escucha, ya que Cristo está presente en ella de un modo nuevo: "donde estéis dos o más reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de vosotros". 1 Cor.5,2-5: una situación muy grave en la comunidad, de presencia de una persona indigna de la misma. Pablo resuelve echarla de la comunidad, devolverla al reino de Satanás. Pero esto no es lo que hoy llamaríamos un castigo: hacer el vacío interno a una persona, abandonarla a su suerte. Se trata de suscitar en ella la posibilidad de reencontrarse consigo misma y con la comunidad, de entrar dentro de sí y de volver al Padre antes de la llegada del juicio. Como se ve, debería haber una forma habitual de diálogo en la convivencia fraterna de la comunidad cristiana. Pero, por el contrario, hemos perdido desde hace mucho tiempo la dimensión institucionalizada de esta regla de oro de la unidad. Sin embargo, estamos en el tiempo y en la obligación de encarnar en nuevas formas este compromiso comunitario fundamental: la corrección fraterna. Unas reglas básicas esenciales son:
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