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"Esté
siempre ante vuestros ojos la imagen de Jesús que bendice a los niños:
es el icono
Este icono es el que preside este número de nuestra revista, centrada en Nuestro Ministerio. En ella aparece, como página central, una reflexión sobre el sacerdocio escolapio, colaboraciones sustanciosas y experiencias muy variadas y ricas de modelos diferentes de vida del ejercicio de nuestro ministerio en obras escolapias y no escolapias. Nuestro carisma sigue teniendo actualidad (n.59 del documento capitular Desde Cristo) a pesar de dudas, interrogaciones y planteamientos nuevos actuales, muy lógicos y evidentes por el contexto en que nos encontramos hoy, en todos los lugares: en unos (el Sur) por un sentido más genuino calasancio en cuanto a la especificidad ministerial hacia los más pobres de la tierra; en otros (el Norte) por la urgencia evangelizadora que tenemos de convertirnos a la pobreza para que ésta nos evangelice y por la especificidad de nuestros destinatarios, los niños y jóvenes y sus familias y la mediación educadora que nos retan a ser más fecundos, creativos y audaces pastoralmente, a la vez que fieles a la genuinidad del carisma, cosa nada fácil, ya que toda aventura del Espíritu exige y supone mucha disponibilidad, gratuidad y generosidad sin límites en nosotros, religiosos y laicos, más allá de la edad, de la enfermedad y de las limitaciones propias y lógicas de la persona, no justificándonos en la buscar sólo causas del malestar religiosos en el laicismo, en el contexto consumista, etc. La Iglesia nos llama e invita a ser pioneros en el cambio de posicionamiento existencial de la vida religiosa: "Él llama a la vida consagrada para que elabore nuevas respuestas a los nuevos problemas del mundo de hoy… nuevos proyectos de evangelización para las situaciones actuales con la certeza basada en la fe de que el Espíritu sabe dar las respuestas más apropiadas incluso a las más espinosas cuestiones" (VC, 73). Esta aventura la inició Calasanz a sus 60 años lanzándose a la creación de una Orden religiosa totalmente nueva, incomprendido por muchos, en una soledad grande ante el abandono de compañeros que creyeron en el proyecto y se entusiasmaron con él, pero pronto abandonaron ante las primeras dificultades… Es admirable su constancia hasta el punto de seguir soñando como un joven, a los 60 años, al lanzarse a la creación nada menos que de una Orden religiosa clerical reglar de pobres, con todas sus consecuencias. Tenemos un santo Fundador verdaderamente genial y único. Cuatrocientos años después, Calasanz sigue vivo soñando en sus hijos, sean religiosos o laicos, europeos, africanos, asiáticos o americanos en cuanto sigue vivo su mismo sueño en ellos: "Los más recientes documentos pontificios declaran que la educación es una opción profética y un ministerio reconocido, y califican la atención a los jóvenes como de urgente inversión pastoral, cosa que hemos de defender en los diversos ambientes eclesiales. La tentación, cuando se dé, de abandonar nuestras escuelas hay que vencerla. Por eso, la dimensión educativa y la opción por los niños y jóvenes han de ser características de todas nuestras Obras, sean o no escolares" (45 Cap. Gral.: Desde Cristo, 59). Mientras un escolapio, en una u otra forma, con un estilo u otro, en educación formal o no formal, siga siendo en su persona y en su actuar una bendición de Jesucristo para los niños y jóvenes, especialmente los más necesitados, en sus obras, sus palabras, en su mirada, en su caminar, en su relación, en su presencia entre ellos, en definitiva, el carisma calasancio seguirá siempre vivo. La acción no sólo emana del ser sino que también constituye el ser, que la necesita para ser: "la misión es esencial para la vida religiosa (VC, 72). Actitud necesaria, ésta: "Hay que confiar en Dios como si todo dependiera de Él y, al mismo tiempo, empeñarse con toda generosidad como si todo dependiera de nosotros" (VC, 73). |