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SER ESCOLAPIO LAICO EN LA PÚBLICA Toni Tena... |
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En
el verano de 1993 (meses de julio y agosto) tuve la oportunidad
Primera anécdota que me acaeció a las dos semanas: Los jóvenes del Hogar “Chiapas”,que tenían entre 18 y 25 años, donde fui destinado por el padre me decían: “Toni ¿eres escolapio verdad? Se te nota.” Yo, que entonces tenía 29 años, sonreía y les decía: “No, yo soy seglar, el escolapio o padrecito es la persona que me acompaña”. Y me volvían a decir: “No, nos estáis engañando, tú eres escolapio porque se te nota”. Yo sonreía y me iba a mis asuntos. Éramos un Equipo de cuatro personas de SETEM, (tres seglares y un escolapio religioso). Dos estábamos en el Hogar Chiapas y otros dos en otro Hogar del D.F., creo que era el Hogar “Israel”. En el verano de 1994, también durante los mismos meses volví a viajar desarrollando labores similares a las del año anterior: Convivir y compartir las 24 horas de nuestro tiempo con aquellos niños que Chinchachoma había rescatado de la calle e insertado en uno de sus hogares bajo la tutela del mismo Dios y la colaboración de los tíos o educadores. Nosotros los voluntarios de SETEM fuimos durante esos dos veranos (al igual que otros) una mezcla de humildes colaboradores, voluntarios y también atentos observadores. El P. Chichachoma me decía con cariño y no dudo que con total sinceridad en el verano de 1993 algo parecido a lo siguiente: tráete a tu madre a México y quédate con nosotros en Hogares Providencia. Yo agradecía esas palabras; el 30 de agosto de 1994 me subí al avión, destino Madrid. La experiencia me hizo pensar a mi regreso que alguna vez aquí en mi trabajo, en el ámbito de la enseñanza pública donde llevo casi 20 años ejerciendo, tendría que buscar algo parecido (un internado, un ámbito menos formalizado que el de la clase, un ambiente de familia....) donde seguir haciendo “cosas parecidas” a las que realizaba con esos chicos y chicas de México. Y eso es lo que me ha llevado a hacer lo que estoy haciendo en la actualidad: Desde hace algunos años me encuentro trabajando en una Escuela Hogar y un Aula de Naturaleza (primero en Daroca y en la actualidad en Sos del Rey Católico). La Escuela Hogar es un internado para niños y jóvenes que no disponen de transporte escolar para asistir regularmente a las clases en el colegio (a veces tampoco disponen de otras cosas que son esenciales; a buen entendedor pocas palabras). Asisten de lunes a viernes y la Administración les ofrece una plaza gratuita para quienes cursan enseñanzas obligatorias. Lo segundo es una “semana verde”en Sos del Rey Católico y su entorno para todos los centros privados concertados y públicos que lo solicitan. Son cinco días de convivencia, de aprendizaje y de disfrute. También se puede ser escolapio en un Aula de Naturaleza. En una ocasión un profesor de un centro de Zaragoza se me acercó después de haberles explicado a los chicos unas nociones sobre el origen del edificio donde estaban y el ministerio (se trata del colegio de los Escolapios de Sos del Rey Católico donde permanecieron desde mediados del XVIII hasta 1962) y me dijo en el almuerzo: “Toni, eres escolapio o quieres mucho a los escolapios”. Yo sonreí y le dije que era exalumno. Desde el 13 de noviembre de 2004 formo parte de la Fraternidad Escolapia de Aragón. Cuando di el paso, una de las cosas que pensé fue si tenía mucho sentido formar parte de algo razonablemente serio no trabajando en un centro de titularidad escolapia ni tampoco residiendo en Zaragoza. Un padre escolapio me espetó: “para nada”, “no tiene que ver”; eso me tranquilizó porque yo soy feliz donde estoy y no quería que la Fraternidad supusiese “ataduras” o “malas caras” incompatibles con la felicidad que teóricamente Dios quiere para todos nosotros. A una persona se la puede querer “gratuitamente” pero también se la puede querer “interesadamente” como recurso humano o como pieza de una maquinaria. En una Fraternidad sólo vale lo primero. De lunes a viernes me dedico a mi trabajo de internado y de Aula de Naturaleza en mayor medida. Por las noches toca leer el evangelio y si no estoy muy cansado procuro sacarme una hora diaria de oración; todos los fines de semana acudo a Zaragoza, me reúno con mi comunidad que se llama “Obarra” y hablamos, rezamos, nos damos un beso, comemos, lloramos y reímos. Vamos poco a poco intentando crear un ambiente de “familia” que creo debe ser lo primero y más importante incluso por encima de otros objetivos. La meta última: amarnos los unos a los otros. En la actualidad la Fraternidad creo que todavía es un “grupo” y no una “Fraternidad”, pero poco a poco. Desde mi ámbito de trabajo se puede vivir el mensaje del evangelio y el ministerio escolapio. En la enseñanza pública la mies es abundante pero los destinos, muchos, poco apetecibles. Un criterio de actuación en este ámbito pudiere ser el siguiente: La caridad antecede a la fe. ¿Qué me aporta vivir mi vida al estilo escolapio en la pública? Posiblemente redescubrir una referencia en Calasanz (también en otros santos incluso en compañeros agnósticos); encontrar un sentido a lo que hago en clave de fe y tomar conciencia de mis actuaciones con responsabilidad. Durante los veranos habitualmente dedico mes y medio de las vacaciones a actividades de voluntariado con chicos de Cáritas, del barrio de San Pablo de Zaragoza o de alguna asociación de discapacitados físicos y psíquicos. Ya no siento tanto complejo por no estar en una obra específicamente escolapia. Se puede colaborar en muchos sitios. Este verano participando por cuarto año consecutivo en el campamento con niños de la Fundación Síndrome X-Frágil (una mezcla de autismo y retraso mental profundo) me ocurrió otra anécdota (la tercera y última) que os quiero decir. El penúltimo día, el Equipo de educadores nos fuimos de “copas”. Durante los días anteriores habíamos trabajado juntos pero no habíamos hablado con cierta profundidad. Esa noche charlamos de todo un poco (de la esposa de uno de ellos, del horario de trabajo de otro, del nuevo Papa, y de alguna otra cosa más que no recuerdo). Una de las educadores, Raquel de 25/26 años me dijo: “Toni, tú eres religioso, sacerdote, ¿verdad?”. Yo sonreí levemente y pensé en mi interior: “Ya estamos como siempre (en México, en el trabajo, también en SETEM, y ahora aquí en el campamento)”. Yo le volví a preguntar: “¿Por qué dices eso de mi?”. Ella me dijo algo parecido a lo siguiente: En lo que haces, en cómo actúas, en cómo tratas a los niños con síndrome X-Frágil, en el hablar. Yo volví a sonreír y le dije: “No, yo soy escolapio laico.” . |
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