MI EXPERIENCIA EN ARGENTINA

Jimmy, Sch. P. ...

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Evangelizar educando

(P. Fernando Gallo)

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A vino nuevo, odres nuevos

(Manolo Olave)

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El ministero escolapio y los jubilados de las clases  

(P. Manuel R. Espejo)

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Nuestro ministerio escolapio

(P. Fernando Gallo)

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Las escuelas de Calasanz hoy

(Com. Min. Escol., 2003)

 

 

Principios para entender un colegio escolapio

(Proy. educativo evang.)

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Mi más difícil caso educativo

(P. José Antonio Gimeno)

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La promoción fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Corrección fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Mi experiencia entre los más pequeños

(P. Stephen Verla)

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Tres cosas he aprendido

(P. Félix Jiménez Tutor,

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Ser escolapio laico en la pública

(Toni Tena) 

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Nuestro ministerio

(Encarnación Rallo)

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Examen de conciencia para niños

(P. Victorino Ruiz Sola)

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Nuestro ministerio en Camerún

(P. Stanislas Chowaniec)

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Van a hacer casi dos años que estoy trabajando pastoralmente en la arquidiócesis de Buenos Aires En este tiempo he estado en dos parroquias diferentes. La primera fue el Santuario de San Cayetano. Un templo al cual acuden multitud de peregrinos, ya que S. Cayetano es el santo del pan y del trabajo. En estos momentos de inestabilidad social y económica que vive Argentina, es un lugar muy visitado por toda la gente.

Allí permanecí seis meses y luego el arzobispo me trasladó a una parroquia que está en el centro de Buenos Aires y que se llama Nuestra Señora del Carmen. Llevo casi un año y medio desarrollando el ministerio sacerdotal en ella.

En  estos dos lugares  puedo decir que mi experiencia ha sido excelente. El ambiente en los mismos es distinto. En el primero se realiza una gran labor social. Estuve colaborando en el centro social que tiene el santuario, así como en una casita para ayudar a insertarse socialmente a adolescentes que viven en la calle y un comedor al cual acuden diariamente alrededor de 200 personas. Todo esto, por su puesto, además del trabajo pastoral que era grande y fecundo.

El santuario permanecía todos los días abierto de 7 de la mañana hasta 9 de la noche. Y en todo el día no paraba de entrar gente, que oraba, se confesaba y pedía hablar con algún sacerdote.

En la parroquia del Carmen, el ambiente cambia. Es un lugar más de paso. Visitan la parroquia gente que trabaja en las oficinas y bancos de alrededor. El trabajo que aquí realizo es más pastoral: atención a colegios religiosos de la zona, especialmente de secundaria. En el mes de marzo se abrió un hogar de día para niños en edades de 2 a 12 años, hijos de cartoneros o de personas que se dedican a la venta ambulante y que trabajan y viven en el micro/centro de Buenos Aires. La experiencia es muy hermosa.

En la actualidad tenemos 30 niños. Esta experiencia ya la comenté con más profundidad en un número anterior de Peralta.

Además soy capellán de una cárcel de menores. Experiencia que es muy dura pero que me está enriquecido mucho. El testimonio que puedo dar de estos dos años es que pienso que me han servido para crecer como persona y como sacerdote. Son momentos muy fecundos en mi vida.

Me siento plenamente escolapio. No he dejado de sentirme en ningún momento. El trabajo con los niños y jóvenes, que ha sido una constante en todo este tiempo, me ha recordado todos los días a Calasanz y su afán por servir , cuidar y proteger  a todos esos niños que "vagan por la ciudad como ovejas sin pastor", a los niños y jóvenes que están en la calle y que no tienen familia que les ame y contenga, a esos niños que una y otra noche, haga frío o calor, salen por las calles a recoger cartones, a pedir limosna y a esperar en las puertas de Mc Donald a que saquen la basura y revolver en ella para encontrar alguna hamburguesa que comer antes de ir a dormir.

Quizá esto pueda ser una buena reflexión que nos podemos hacer los escolapios de cara al trabajo que estamos haciendo de reestructuración. ¿Tenemos que seguir manteniendo las obras de siempre o tenemos que salir de nuestras obras, de nuestros edificios, de nuestros colegios para ir a buscar a todos estos niños y jóvenes que nos esperan con los brazos abiertos, pues no tienen nadie que les ame, les ayude y les hable de Dios?.

Una respuesta fácil que se puede dar a esta pregunta es que aquí, en el primer mundo, en España, en Europa, también nos necesitan. Es verdad. Pero la misma desproporción que existe en el reparto de los bienes entre el norte y el sur, también existe en el reparto de recursos humanos entre nosotros. Y esto sabemos todos que es injusto. Por eso, en nuestro trabajo de reestructuración podemos hacer una relectura de nuestras obras y presencias y potenciar todos esos lugares que siguen siendo los "trastévere" escolapios de hoy.

Quizá tenemos que perder, y yo el primero, el miedo a lo Nuevo, lo diferente, a los retos que nos exigen una presencia de mayor compromiso. Los niños, los jóvenes y las familias nos esperan. No son momentos fáciles y más cuando tenemos una sequía vocacional tan grande, especialmente en España, pero no olvidemos que Calasanz dejó "todo" porque "encontró la mejor manera de servir a los niños" y no la dejó por nada en el mundo.

Este reto de Calasanz lo podemos hoy seguir haciendo realidad. En muchos documentos y conversaciones en la Orden se ha hablado de creatividad, ímpetu, coraje, valentía, de no quedarnos pasivamente sosteniendo lo Viejo, sino que abramos la puerta, especialmente la puerta del Corazón, a lo Nuevo. Que nuestra presencia entre los jóvenes sea significativa, que sea fermento. Que les ayudemos a cambiar el mundo en el que vivimos, con el cual, muchos de ellos están disconformes.

Para ver todo esto, a mí personalmente, me ha ayudado salir de las cuatro paredes donde estaba encerrado en lo mío y ver la realidad no con el cristal de miopía, sino tener una mirada amplia y nueva de las luchas, los sufrimientos y las necesidades de los niños y jóvenes de hoy.

Nuestro carisma y servicio en el mundo y en la Iglesia son plenamente actuales y necesarios. Esto es lo que nos debe dar a todos una gran dosis de esperanza y de confianza.

Hoy después de 400 años, los escolapios queremos seguir dejando todo para servir a los niños y jóvenes al estilo de Calasanz. Eso es lo que verdaderamente importa. ¿No te parece?