LA PROMOCIÓN FRATERNA

Servicio de animación comunitaria del Movimiento "Por Un Mundo mejor"...

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Evangelizar educando

(P. Fernando Gallo)

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A vino nuevo, odres nuevos

(Manolo Olave)

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El ministero escolapio y los jubilados de las clases  

(P. Manuel R. Espejo)

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Nuestro ministerio escolapio

(P. Fernando Gallo)

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Las escuelas de Calasanz hoy

(Com. Min. Escol., 2003)

 

 

Principios para entender un colegio escolapio

(Proy. educativo evang.)

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Mi más difícil caso educativo

(P. José Antonio Gimeno)

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La promoción fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Corrección fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Mi experiencia entre los más pequeños

(P. Stephen Verla)

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Tres cosas he aprendido

(P. Félix Jiménez Tutor,

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Ser escolapio laico en la pública

(Toni Tena) 

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Nuestro ministerio

(Encarnación Rallo)

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Examen de conciencia para niños

(P. Victorino Ruiz Sola)

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Nuestro ministerio en Camerún

(P. Stanislas Chowaniec)

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Una forma nueva

Supuesta la exigencia evangélica, tanto más urgente cuanto más necesaria de buscar el bien del hermano y de la comunidad, se puede buscar, según el mismísimo espíritu del evangelio, una forma de encuentro que facilite el crecimiento de la comunidad y de las personas, que resulte una ayuda eficaz para el resplandor de las cualidades y para la superación de los defectos.

Esta forma que llamamos de "promoción fraterna" supone una comunidad de vida y de acción apostólica, en la que sus miembros quieren y buscan la perfección evangélica y están decididos a vivir de la comunión con Cristo, a pagar un precio para ello, pasando por la cruz de la purificación, a crecer en Él hasta llegar a la plenitud de madurez en Él. Al menos están empeñados en esto.

Es el ejercicio en el que se realiza la finura del amor fraterno. Somos hermanos, hijos el mismo Padre, que corrige sólo para nuestro bien y para que participemos de su santidad (Hebr.12,10), pues somos imagen suya. Él ha infundido en nosotros su amor y nosotros debemos hacer como El. Por lo tanto, la corrección fraterna será el ejercicio de aquellos que, movidos por la caridad, intentan contemplar gozosamente al otro, con la mirada benévola de Dios que crea sólo el bien en aquellos que ama.

Por esto, el esfuerzo se centrará en la interpretación positiva del comportamiento del hermano para descubrir en él los valores encarnados, las cualidades, los dones con que Dios lo ha dotado. De este modo, cada miembro del grupo podrá recibir la luz que le permita desvelar su "misterio personal" y descubrir el amor de Dios presente y encarnado en él.

Las limitaciones personales, los defectos, deberán ser interpretados a la luz de este enfoque, ya que, en la pobreza de espíritu, aquéllos llegan a superarse mejor y de este modo se manifiesta más claramente el don de Dios.

Por lo tanto, no debe decirse sólo lo negativo; lo importante es señalar aquello que conviene corregir para desarrollar lo positivo.

Así es como el Pueblo de Dios, en una pausa de su peregrinación por este mundo, descubre la presencia del Señor en aquéllos que caminan juntos en la misma dirección, para sostenerse y fortificarse en la esperanza, a la vez que gozan dando testimonio a los demás de unidad alegre y con fundamento y son portadores de alabanza a Dios.

ESTILO

El estilo de este encuentro tiene gran simplicidad evangélica, en el clima de la Montaña, del gozo de los pobres de espíritu, de los sufridos, de los que ven a Dios…

Las condiciones ambientales deben favorecer una atmósfera de paz, de reflexión, de silencio, propia de los momentos profundos, de los grandes acontecimientos salvíficos, ya que se trata de descubrir la obra del amor de Dios en los hermanos.

Se exige gran sinceridad, lealtad, prudencia de Espíritu, para que sea éste quien edifique y plante.

Nada debe herir, ni siquiera el tono; nada debe airar ni perturbar. Sólo debe resplandecer la caridad benigna, que todo lo interpreta bien y que sabe excusar. Así, el encuentro, en vez de ser ocasión de despertar tensiones personales, servirá a cada uno para superarse, para aceptarse y para madurar en la esperanza. Y será expresión de nuestra fe en el "sacramento" que es cada hermano.

MÉTODO

  • Se puede comenzar con la oración comunitaria o con un pensamiento espiritual o una comunicación de vida.
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  • Se parte de una única pregunta, por ejemplo: "cómo vives a tu hermano? ¿Qué crees que puede mejorar?"
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  • Formulada la pregunta, cada uno acoge y anota lo que cada miembro de la comunidad le sugiere.
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  • Después de haber recibido todos los pareceres de la comunidad, los que lo deseen pueden pedir claramente otras aportaciones y sugerencias que les parezcan oportunas.
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  • Cada cual, en base a lo que ha recogido, toma ante la comunidad un compromiso concreto de superación hasta la próxima corrección fraterna.
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  • Es oportuno repetir después, en la celebración de la Eucaristía de la palabra, este compromiso.
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  • En las sucesivas correcciones fraternas, el punto de partida puede ser el compromiso de la vez anterior.
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  • No es oportuno practicar con frecuencia esta forma de diálogo. Cada grupo deberá determinar su ritmo.