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"El
ministerio escolapio / lo realizan hoy en la Iglesia / religiosos y
también muchos laicos / que se vinculan a nuestra Orden / en grado y
modalidades diversos. / Son miembros activos y valiosos / de nuestra
obra apostólica / y tienen responsabilidades / en nuestras instituciones
/ según su disponibilidad y compromiso / y su preparación humana y
espiritual, / profesional y pedagógica"
(Constituciones nº 94).
De esto
quisiera hablar yo en estas breves líneas, de jubilado a jubilados.
Pienso que
los religiosos mayores actuales hemos de hacer un esfuerzo para agrandar
nuestra mente y corazón (esfuerzo, por otra parte que nos piden tantas
otras situaciones sociales, políticas y religiosas) de cara a aceptar
cordialmente que los colegios escolapios, en manos mayoritariamente de
laicos, no van a ser iguales
que cuando vivíamos y trabajábamos en ellos comunidades de 20, 30, 40
religiosos. Pero
que no sean "iguales", no quiere decir que
van a ser "peores". Como casi todo en la
vida, mejorarán en ciertas cosas y empeorarán en algunas otras. Lo
importante es ayudar a que se mejore en lo substancial y aceptar la
pérdida de "elementos menores" sin poner el grito en el cielo ni hacer
de profetas de mal agüero, nosotros los religiosos mayores.
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Veamos. Parto del hecho de comunidades que
viven en el edificio escolar y que tienen jubilados que ya no dan
clases y algún/os Padres en activo.
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Mi experiencia me dice que el futuro de
nuestro ministerio, en manos de muy poquitos religiosos y muchos
laicos, va a depender de la actitud que estos poquitos religiosos
mantengan, independientemente de si siguen dando clase y/u ocupando
cargos de responsabilidad. Es fundamental que nos hagamos presentes,
muy presentes, en medio de los profesores y de los alumnos. Y que
nuestra presencia sea humilde y afectuosa. Los jubilados que vivimos
en los colegios no podemos encerrarnos en nuestros cuartos, porque
la experiencia de tantos años es una riqueza, que debe ponerse al
servicio de los demás. Si no siempre la valorarán las nuevas
generaciones de religiosos y laicos, no importa, a nosotros nos toca
ofrecerla.
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Una aportación práctica puede ser, donde se
nos permita, pertenecer al Equipo Directivo, o a algunos
Departamentos (Pastoral, Acción Social, Orientación…), como la voz
del pasado.
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Otra, poner a disposición de los nuevos
nuestro material pedagógico y educativo, que en muchos casos puede
ser todavía valioso.
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Fomentemos el recuerdo de las fiestas
escolapias: Calasanz, Pompilio, los Beatos, la Virgen de las
Escuelas Pías, el 25 de marzo, las misiones Escolapias, los
fundadores de la Familia Calasancia, mapas calasancios, posibles
concursos, exposiciones, murales …
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Insistamos, paciente y benévolamente, en que
las Constituciones mantienen esa tensión, tan difícil y tan
necesaria entre la Piedad y las Letras: "La familia calasancia… se
entregó en cuerpo y alma a la educación cristiana de los niños,
especialmente de los pobres en espíritu de inteligencia y piedad…una
escuela nueva de formación integral, popular y cristiana, como medio
para liberar a los niños y jóvenes de la esclavitud de la ignorancia
y del pecado... Y quiso que sus educadores llevaran a plenitud esta
acción educativa, mediante el ministerio de la Palabra y de los
Sacramentos (Const. 1-3).
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Aquí es donde más veo yo la aportación que se
nos pide a los jubilados de clases (única jubilación posible para
nosotros, como insistía el P. Ángel Ruiz en sus escritos). Dada la
dificultad para educar en la piedad y las muchas cosas que las leyes
piden hoy, las nuevas generaciones de religiosos y laicos pueden
caer, sin darse cuenta, en el olvido de la Piedad. Y somos nosotros,
los que hemos vivido tiempos mejores en este aspecto, quienes más
debemos prestarnos al cultivo de esta faceta, sin caer en nostalgias
y sin pretender repetir lo que entonces hicimos: la catequesis, la
Oración Continua, la periódica celebración de los sacramentos de la
Penitencia y la Eucaristía, las Convivencias religiosas (dejemos
para los Orientadores las Convivencias "psicológicas", que no deben
suplir a las otras), la preparación para la mal llamada Primera
Comunión (con uno u otro método), la Escuela de Padres, las charlas
calasancias a los profesores, la preparación de los Catequistas o
Monitores, etc., etc.
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A nosotros, los jubilados de clases, se nos
encomienda transmitir a las nuevas generaciones el valor educativo
que Calasanz daba a los Sacramentos.
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Considero, por último, que es sumamente
importante que se nos vea presentes en el colegio: entre los
profesores, entre los alumnos, entre el personal de servicios. En la
hora del recreo, en todas las fiestas y celebraciones, en las
reuniones de padres… aunque sólo sea como espectadores, entre el
público.
Quiero
terminar con un homenaje al P. Rogelio de Juana, profesor mío cuando
estudiaba bachillerato y hermano de comunidad cuando él ya estaba
jubilado de clases: voluntariamente dedicó sus últimos años a "pasear"
por el colegio, "charlar" con unos y otros, apagar todas las luces que
debían estar apagadas y "remendar" cuantos rotos encontraba. ¡Buen
ejemplo para todos nosotros, hermanos jubilados de clases!.
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