EL MINISTERIO ESCOLAPIO.

  Y LOS JUBILADOS DE LAS CLASES

Manuel Rodríguez Espejo, Sch. P...

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Evangelizar educando

(P. Fernando Gallo)

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A vino nuevo, odres nuevos

(Manolo Olave)

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El ministero escolapio y los jubilados de las clases  

(P. Manuel R. Espejo)

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Nuestro ministerio escolapio

(P. Fernando Gallo)

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Las escuelas de Calasanz hoy

(Com. Min. Escol., 2003)

 

 

Principios para entender un colegio escolapio

(Proy. educativo evang.)

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Mi más difícil caso educativo

(P. José Antonio Gimeno)

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La promoción fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Corrección fraterna

(Mov. Por un mund.mejor)

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Mi experiencia entre los más pequeños

(P. Stephen Verla)

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Tres cosas he aprendido

(P. Félix Jiménez Tutor,

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Ser escolapio laico en la pública

(Toni Tena) 

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Nuestro ministerio

(Encarnación Rallo)

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Examen de conciencia para niños

(P. Victorino Ruiz Sola)

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Nuestro ministerio en Camerún

(P. Stanislas Chowaniec)

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"El ministerio escolapio / lo realizan hoy en la Iglesia / religiosos y también muchos laicos / que se vinculan a nuestra Orden / en grado y modalidades diversos. / Son miembros activos y valiosos / de nuestra obra apostólica / y tienen responsabilidades / en nuestras instituciones / según su disponibilidad y compromiso / y su preparación humana y espiritual, / profesional y pedagógica" (Constituciones nº 94).

De esto quisiera hablar yo en estas breves líneas, de jubilado a jubilados.

Pienso que los religiosos mayores actuales hemos de hacer un esfuerzo para agrandar nuestra mente y corazón (esfuerzo, por otra parte que nos piden tantas otras situaciones sociales, políticas y religiosas) de cara a aceptar cordialmente que los colegios escolapios, en manos mayoritariamente de laicos, no van a ser iguales que cuando vivíamos y trabajábamos en ellos comunidades de 20, 30, 40 religiosos. Pero que no sean "iguales", no quiere decir que van a ser "peores". Como casi todo en la vida, mejorarán en ciertas cosas y empeorarán en algunas otras. Lo importante es ayudar a que se mejore en lo substancial y aceptar la pérdida de "elementos menores" sin poner el grito en el cielo ni hacer de profetas de mal agüero, nosotros los religiosos mayores.

  1. Veamos. Parto del hecho de comunidades que viven en el edificio escolar y que tienen jubilados que ya no dan clases y algún/os Padres en activo.
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  2. Mi experiencia me dice que el futuro de nuestro ministerio, en manos de muy poquitos religiosos y muchos laicos, va a depender de la actitud que estos poquitos religiosos mantengan, independientemente de si siguen dando clase y/u ocupando cargos de responsabilidad. Es fundamental que nos hagamos presentes, muy presentes, en medio de los profesores y de los alumnos. Y que nuestra presencia sea humilde y afectuosa. Los jubilados que vivimos en los colegios no podemos encerrarnos en nuestros cuartos, porque la experiencia de tantos años es una riqueza, que debe ponerse al servicio de los demás. Si no siempre la valorarán las nuevas generaciones de religiosos y laicos, no importa, a nosotros nos toca ofrecerla.
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  3. Una aportación práctica puede ser, donde se nos permita, pertenecer al Equipo Directivo, o a algunos Departamentos (Pastoral, Acción Social, Orientación…), como la voz del pasado.
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  4. Otra, poner a disposición de los nuevos nuestro material pedagógico y educativo, que en muchos casos puede ser todavía valioso.
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  5. Fomentemos el recuerdo de las fiestas escolapias: Calasanz, Pompilio, los Beatos, la Virgen de las Escuelas Pías, el 25 de marzo, las misiones Escolapias, los fundadores de la Familia Calasancia, mapas calasancios, posibles concursos, exposiciones, murales …
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  6. Insistamos, paciente y benévolamente, en que las Constituciones mantienen esa tensión, tan difícil y tan necesaria entre la Piedad y las Letras: "La familia calasancia… se entregó en cuerpo y alma a la educación cristiana de los niños, especialmente de los pobres en espíritu de inteligencia y piedad…una escuela nueva de formación integral, popular y cristiana, como medio para liberar a los niños y jóvenes de la esclavitud de la ignorancia y del pecado... Y quiso que sus educadores llevaran a plenitud esta acción educativa, mediante el ministerio de la Palabra y de los Sacramentos (Const. 1-3).
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  7. Aquí es donde más veo yo la aportación que se nos pide a los jubilados de clases (única jubilación posible para nosotros, como insistía el P. Ángel Ruiz en sus escritos). Dada la dificultad para educar en la piedad y las muchas cosas que las leyes piden hoy, las nuevas generaciones de religiosos y laicos pueden caer, sin darse cuenta, en el olvido de la Piedad. Y somos nosotros, los que hemos vivido tiempos mejores en este aspecto, quienes más debemos prestarnos al cultivo de esta faceta, sin caer en nostalgias y sin pretender repetir lo que entonces hicimos: la catequesis, la Oración Continua, la periódica celebración de los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, las Convivencias religiosas (dejemos para los Orientadores las Convivencias "psicológicas", que no deben suplir a las otras), la preparación para la mal llamada Primera Comunión (con uno u otro método), la Escuela de Padres, las charlas calasancias a los profesores, la preparación de los Catequistas o Monitores, etc., etc.
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  8. A nosotros, los jubilados de clases, se nos encomienda transmitir a las nuevas generaciones el valor educativo que Calasanz daba a los Sacramentos.
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  9. Considero, por último, que es sumamente importante que se nos vea presentes en el colegio: entre los profesores, entre los alumnos, entre el personal de servicios. En la hora del recreo, en todas las fiestas y celebraciones, en las reuniones de padres… aunque sólo sea como espectadores, entre el público.

Quiero terminar con un homenaje al P. Rogelio de Juana, profesor mío cuando estudiaba bachillerato y hermano de comunidad cuando él ya estaba jubilado de clases: voluntariamente dedicó sus últimos años a "pasear" por el colegio, "charlar" con unos y otros, apagar todas las luces que debían estar apagadas y "remendar" cuantos rotos encontraba. ¡Buen ejemplo para todos nosotros, hermanos jubilados de clases!.