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DECLARACIÓN INSTITUCIONAL DE LA ORDEN.. EN EL "AÑO INTERNACIONAL DE LA FAMILIA" (1994) Josep María Balcells, Padre General... |
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La
Orden de las Escuelas Pías, tomando gradual conciencia de la
Quisiéramos, en el transcurso de este año, profundizar en un análisis de campo: en y por nuestras Obras aparecen muchísimas familias, de las que tenemos, tantas veces, noticia superficial o episódica. Quisiéramos acercarnos a su secreto, que se desvela en la mirada y el corazón de nuestros alumnos. Bien lo sabemos los educadores: detrás de cada niño, mejor envolviéndolo, hay una familia. Conocerla, tratarla, entrar en los aledaños de su intimidad..., todo eso lo hacemos compromiso principal en este Año. Tampoco se nos oculta que la familia es el ojo del huracán social que sacude hoy nuestro vivir. Todo, para bien o para mal, repercute en ella. De hecho, ella es la "célula primera de la sociedad" ; y a ella confluyen todas las raíces del ser, del vivir y del convivir. El valor educativo y fundante de la familia está fuera de toda duda. Por eso intentaremos responder con audacia al reto de enfocar hacia ella renovados esfuerzos de acción educativa. El contacto personalizado será ya, por sí mismo, una oportunidad educativa que beneficiará a ambos: a la familia y al centro educativo. No queremos ni podemos olvidar que la Iglesia y las más altas instancias jurídicas a todos los niveles, hacen resaltar que la educación es derecho y deber inalienable de la familia y, en particular, de los padres. Nosotros podemos ser colaboradores. Pero queremos comprometernos a serlo lealmente, tenazmente. La Iglesia, que se apresta a una amplia reenvagelización en todos los sectores de la sociedad, ha de encontrar en nosotros unos afanosos cooperadores de esta urgente tarea. Queremos propiciar en todas nuestras instituciones las oportunidades para que las familias sean cálidamente evangelizadas. Nuestros colegios se han convertido en potenciales plataformas de pastoral familiar. Un mínimo sentido misionero nos llevará al testimonio y al anuncio de Jesús de Nazaret. Y nuestra acción tendrá que calcar la pedagogía del buen samaritano, la infatigable bendición de los niños y el peregrinaje y acompañamiento de Jesús, que se hace el encontradizo con los discípulos de Emaús. ¡Hay tanto "que prevenir, que curar, que inducir y que iluminar...!" Ahí se concentra nuestro ministerio eclesial. Todos sabemos del dolor familiar que hemos de acompañar... Y siempre será estupenda verdad, de la cual podemos beneficiarnos, aquello de que la familia es "la escuela del más rico humanismo". Mírese por donde se mire, la colaboración estrecha y eficaz entre familia y colegio se ha hecho hoy no sólo necesaria, sino urgente. No se puede concebir nuestro ministerio educativo sin una colaboración mutua entre familia y colegio. Ya no es pensable ofrecer colegio a los niños sin ofrecerlo a sus padres. Nuestras instituciones reclaman decididamente vocación familiar. De ahí que sea necesaria una creatividad renacida, una innovación estratégica para aunar lazos, fortalecer contactos, establecer una red más tupida de comunicación, de asociacionismo vario, de formación cultural, educativa y pastoral, dándoles – en justo respeto – la capacidad de organizarse autónomamente. Sólo así será posible que el sueño de una comunidad educativa vaya tomando forma y figura; y no será el idealismo de definiciones utópicas, nunca llevadas a la cotidiana realidad de las cosas vividas y convividas. Hay que abrir de par en par nuestros centros a las familias. Son instituciones vicarias de ellas. Les pertenecen moralmente. La familia es finalidad explícita de nuestro ministerio. Forcemos suavemente, cálidamente, las cosas y los resortes motivadores y organizativos para que, entre padres-colegio-hijos, levantemos un "ambiente de caridad y de libertad", que nos haga sentir a unos y a otros esta familia de familias, ideal deseable de colegio escolapio. Es la hora de la verdad familiar de nuestras instituciones escolapias. Paso, pues, a la creatividad, paso a la eficacia en este ámbito. Lo conseguido hasta ahora es primera piedra; pero es, a todas luces, insuficiente. ¡Qué hermoso sería que pudieran señalar a las Escuelas Pías como hogar de familias, como "Iglesia de Iglesias domésticas"! Con ánimo resuelto y juvenil nos ponemos en camino para reafirmar lazos con "nuestras" familias. Los imperativos nos acosan por los cuatro costados:
Que las Escuelas Pías no falten a tan sagradas citas. Que el año 1994 sea particular y extensivamente familiar, comenzando por casa, por los que convivimos y trabajamos juntos y soñamos también juntos, en una humanidad nueva, en una familia mejor. Roma, 23 de diciembre de 1993 Josep Maria Balcells -Padre General -
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