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  E D I T O R I A L

PASTORAL FAMILIAR DESDE LA ESCUELA PÍA

   

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EDITORIAL

Pastoral familiar desde la Escuela Pía

COLABORACIONES

Declaración sobre la familia

Atención escolapia a las familias

Las aulas se vacían

Pastoral familiar

PÁGINA CENTRAL

Una nueva realidad familiar

EXPERIENCIAS

Escuela de familias

Experiencia de un misionero escolapio con sus padres

Padres modernos

Exalumnos de Soria
Dolor..., el de la Cruz

TEMÁTICA LIBRE

El hecho religioso y la salud (II)

Exalumnos beatos

Memorias de un viaje

El retoño que da frutos

La literatura en tiempos de Calasanz

Soluciones Arte Calasanz

NOTICIAS COLEGIOS

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Otras Noticias

A lo largo de este cuatrienio han ido apareciendo los diferentes números de nuestra revista PERALTA dedicados a los ejes principales de nuestra vida religiosa escolapia y de nuestro ministerio. En éste le toca a la familia.

Ya es simbólico, con carácter sospechoso, que este tema de la Familia lo dejemos para el final de los números programados. Los escolapios no nos hemos distinguido en nuestra historia por la atención a la familia, ni a la familia en general, ni a las familias de nuestros alumnos en particular; nos hemos centrado casi exclusivamente en los niños y jóvenes. Y tanto en el profesorado laico como en el religioso, muchas veces hemos vivido de espaldas a los padres y a la familia de nuestros alumnos. Sólo en estos últimos años, y más por impulso desde arriba, desde la Congregación General de la Orden, o por impulso del P. General anterior más bien, se nos ha impulsado y motivado en la Escuela Pía a atender el tema de la familia como área institucional esencial a tener en cuenta, en el mismo plano incluso que el de los niños y jóvenes, llegando a hacer una Declaración Institucional a favor de la Familia, en el simposium de Gandía de 1994 (Año Internacional de la Familia), donde se dice: la colaboración estrecha y eficaz entre familia y colegio se ha hecho hoy no sólo necesaria, sino urgente".

Pese a este modo nuestro de proceder con la familia, desde hace unos años, las encuestas realizadas a la juventud española siguen poniendo a la familia como el colectivo y lugar humano más importante para ella; el único espacio de libertad y de acogida gratuita y desinteresada, por encima de todos los demás colectivos (iglesia, colegio, grupos políticos o sociales diversos...).

Lo mejor que podemos, muchas veces, dar a nuestros alumnos es sus padres, ya que la unidad y el amor entre ellos es lo único que les da seguridad en su existencia y en su crecimiento personal, sobre todo en los primeros años, sin olvidar la etapa específicamente crítica de la adolescencia.

Tenemos en frente, y a veces en contra, tanto la familia como el colegio, una oposición educativa y educadora real, fáctica grande, que hace de contrapeso fuerte a la labor que ambos, colegio y familia realizamos. Ya hace años se decía que tenemos menos fuerza educadora que el conjunto de la televisión, los medios de comunicación, las nuevas tecnologías (Internet), el ambiente social consumista y capitalista... Y nos ha "pillado" desprevenidos, desprotegidos y no preparados. A todo esto hay que añadir los nuevos modelos de familia, que querámoslo o no, están surgiendo, y que constituyen con frecuencia la nueva familia de nuestros alumnos.

Y sin embargo, a pesar de todo, y por encima de todo, familia y colegio, estamos llamados, condenados, diría yo, a entendernos, a dialogar, a entrevistarnos, a cuidar nuestra relación mutua. ¿No queremos lo mejor para nuestro alumnado?

La Iglesia universal, de modo especial la española, y en particular algunas órdenes religiosas, como los jesuitas, están considerando la familia como primera línea de acción pastoral que hay que programar y atender como plataforma de evangelización.

Familia, como escuela del más rico humanismo (declaración institucional escolapia sobre la familia) y familia como Iglesia doméstica (Juan Pablo II) pueden ser los lemas de una acción pastoral escolapia que nos está urgiendo atender, si queremos ser eficaces en nuestro ministerio educativo y evangelizador.

Nuestros historiadores dicen que Calasanz, al inicio de sus escuelas, ante tanta dificultad, sobre todo en lo material, era su caso sobre todo, acudió a los padres de los alumnos para comenzar, mantener, dotar y llevar adelante sus escuelas. Seguro que hoy fomentaría las escuelas de padres, la escuela de familias, las colonias de familias, la atención tutorial a los padres... Hoy la Iglesia nos señala una mirada nueva más allá aún de todo lo anterior: considerar a la familia no tanto como objeto de evangelización, cuanto como sujeto de evangelización. Dicho con otra palabras: tenemos que dejarnos enseñar por la familia; algo tendremos que aprender del valor, el sufrimiento, el cansancio, el interés, la entrega y generosidad, la fe de, al menos, algunos de los padres y madres de nuestros alumnos.

P. Javier Negro, Sch. P.
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