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E D I T O R I A L PASTORAL FAMILIAR DESDE LA ESCUELA PÍA |
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A lo largo de este cuatrienio han ido apareciendo los diferentes números de nuestra revista PERALTA dedicados a los ejes principales de nuestra vida religiosa escolapia y de nuestro ministerio. En éste le toca a la familia.
Ya
es simbólico, con carácter sospechoso, que este tema de la
Pese a este modo nuestro de proceder con la familia, desde hace unos años, las encuestas realizadas a la juventud española siguen poniendo a la familia como el colectivo y lugar humano más importante para ella; el único espacio de libertad y de acogida gratuita y desinteresada, por encima de todos los demás colectivos (iglesia, colegio, grupos políticos o sociales diversos...).
Lo
mejor que podemos, muchas veces, dar a nuestros alumnos es
Tenemos en frente, y a veces en contra, tanto la familia como el colegio, una oposición educativa y educadora real, fáctica grande, que hace de contrapeso fuerte a la labor que ambos, colegio y familia realizamos. Ya hace años se decía que tenemos menos fuerza educadora que el conjunto de la televisión, los medios de comunicación, las nuevas tecnologías (Internet), el ambiente social consumista y capitalista... Y nos ha "pillado" desprevenidos, desprotegidos y no preparados. A todo esto hay que añadir los nuevos modelos de familia, que querámoslo o no, están surgiendo, y que constituyen con frecuencia la nueva familia de nuestros alumnos.
Y
sin embargo, a pesar de todo, y por encima de todo, familia y
La Iglesia universal, de modo especial la española, y en particular algunas órdenes religiosas, como los jesuitas, están considerando la familia como primera línea de acción pastoral que hay que programar y atender como plataforma de evangelización. Familia, como escuela del más rico humanismo (declaración institucional escolapia sobre la familia) y familia como Iglesia doméstica (Juan Pablo II) pueden ser los lemas de una acción pastoral escolapia que nos está urgiendo atender, si queremos ser eficaces en nuestro ministerio educativo y evangelizador. Nuestros historiadores dicen que Calasanz, al inicio de sus escuelas, ante tanta dificultad, sobre todo en lo material, era su caso sobre todo, acudió a los padres de los alumnos para comenzar, mantener, dotar y llevar adelante sus escuelas. Seguro que hoy fomentaría las escuelas de padres, la escuela de familias, las colonias de familias, la atención tutorial a los padres... Hoy la Iglesia nos señala una mirada nueva más allá aún de todo lo anterior: considerar a la familia no tanto como objeto de evangelización, cuanto como sujeto de evangelización. Dicho con otra palabras: tenemos que dejarnos enseñar por la familia; algo tendremos que aprender del valor, el sufrimiento, el cansancio, el interés, la entrega y generosidad, la fe de, al menos, algunos de los padres y madres de nuestros alumnos.
P. Javier Negro, Sch. P. |