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  EL  HECHO  RELIGIOSO  Y  LA  SALUD (II)

Dr. J. Mª Civeira, Profesor Titulad de Psiquiatría..

Hospital Universitario "Miguel Servet" de Zaragoza..

   

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EDITORIAL

Pastoral familiar desde la Escuela Pía

COLABORACIONES

Declaración sobre la familia

Atención escolapia a las familias

Las aulas se vacían

Pastoral familiar

PÁGINA CENTRAL

Una nueva realidad familiar

EXPERIENCIAS

Escuela de familias

Experiencia de un misionero escolapio con sus padres

Padres modernos

Exalumnos de Soria
Dolor..., el de la Cruz

TEMÁTICA LIBRE

El hecho religioso y la salud (II)

Exalumnos beatos

Memorias de un viaje

El retoño que da frutos

La literatura en tiempos de Calasanz

Soluciones Arte Calasanz

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La gran extensión del artículo del Dr. Civeira aconsejó dividirlo en dos partes. La primera se publicó en la Página Central del número anterior, y la segunda se publica aquí.

 

CURACIONES A TRAVÉS DE LA ORACIÓN Y LA LITURGIA

En un principio los teóricos de la psicoterapia de la "relajación", el "control autógeno" y la -eufonía", encontraron tanto en las religiones orientales como occidentales un filón exponente de cómo el aprender a recogerse en el interior y situarse en la presencia de algo externo, era un mecanismo de equilibrio y curación en muchos contextos. Se aplicaron estudios neurofisiológicos, psiconeuroendocrinos y metabólicos de distintos tipos a monjes que viven dedicados a la oración, y se aplicó a experiencias de oración y recogimiento en la vida ordinaria. Los patrones de funcionamiento cerebral, las respuestas al estrés y la capacidad de control individual en las respuestas se comprobó que aumentan y progresan gracias a estas prácticas. Se encontró, que más que el contenido final de la oración (elemento individual), la metodología y la estructura del hecho de comunicación con la trascendencia, la reflexión y el encuentro con la corporalidad serían la explicación de estos efectos beneficiosos.

Desde hace 20 años en todos los continentes, por ejemplo se practica "la liturgia de sanación", que incluye elementos ligados a la oración, y otros vinculados al fortalecimiento individual frente a la enfermedad, con la inestimable colaboración y apoyo del grupo religioso.

Indirectamente se ha comprobado que estas prácticas inciden de forma favorable también en la cumplimentación de otros tratamientos médicos, y que más que intervenciones "alternativas", en la mayoría de los casos son complementarias.

Experiencias como las peregrinaciones de enfermos, por ejemplo a la ciudad francesa de Lourdes, han verificado que hasta un 3% del total de enfermos mejoran significativamente. Desde un punto de vista médico las explicaciones milagrosas serán la excepción. Lo habitual es que se produzca una movilización de las creencias, en la búsqueda del bienestar, una implementación rigurosa del sistema de cuidados médicos y un mejor control personal, mayor relajación, capacidad de enfrentamiento al estrés, disminución del miedo, en definitiva y mecanismo global de bienestar que impulsó los auto cuidados.

Nuevamente insistiremos que no existen enfermedades sino personas concretas que sufren como enfermos. La explicación que encontramos en la literatura médica no va dirigida a entender que un patrón biológico como pueda ser el nivel plasmático de colesterol, disminuya después de una rato de oración, sino que aquellas personas que tienen la capacidad de rezar encontrándose consigo mismo, estableciendo un control de su corporalidad en la comunicación con la trascendencia exterior al sí mismo, ponen en marcha múltiples mecanismos de auto cuidado, consecuencia de los cuales puede bajar sus cifras de colesterol en sangre. No es nuestro objetivo entrar en otras explicaciones, pero sí insistir en la frecuencia y en la gran importancia de estos hechos, para la mayoría de los pacientes que vemos en nuestro sistema sanitario.

ATENCIÓN A MORIBUNDOS, ANCIANOS Y ENFERMOS TERMINALES

Sobre 988 enfermos con cáncer, mío cardiopatías, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y otras patologías, se analizaron las necesidades de cuidados personales, complementarios con la atención médica específica para cada enfermo. Dos de cada tres no podían moverse solos, la mitad no podían atender al cuidado de aspectos elementales de su casa y uno de cada cuatro necesitaban continuamente alguien a su lado. El 72% de estas ayudas corren a cargo de la familia próxima. Solo un 5% del total de apoyo se asignó a personal voluntario. La cantidad de apoyo individual fue muy variable y la aplicación no seguía siempre criterios de acierto. La cantidad de apoyo y la calidad de atención no sanitaria se encontró relacionada con la afiliación religiosa de los cuidadores y del propio enfermo, especialmente en el campo del voluntariado y en el cambio del régimen de vida familiar con objeto de ayudar al enfermo.

Existe una creciente demanda de valorar y fomentar este tipo de ayuda necesaria, que los médicos vemos que se aplica, y que consideramos que es muy necesaria y que debe ser progresivamente subvencionada y cada vez más cualificada, que es la forma de decir que sea más eficiente. A pesar de que la mayoría de los pacientes murieron en un periodo de tiempo homogéneo (dentro de los cuatro meses siguientes al estudio), la calidad de vida fue mayor y el número de cuidados fue significativamente menor en el grupo de pacientes con cáncer. Las dificultades funcionales y las necesidades de ayuda para todos los enfermos eran homogéneas. Se interpreta este hecho por un mejor conocimiento médico del final de la enfermedad en las neoplasias y una mejor preparación de las familias en la llegada del desenlace mortal. De este modo la puesta en práctica de mecanismos de afrontamiento y preparación familiar par ala muerte tiene una importancia práctica directa en el sufrimiento del enfermo y en la calidad de vida y de cuidados. Todo esto es uno de los campos evidentes de valoración de la religiosidad como mecanismo indirecto de apoyo a los niveles de salud.

Aunque un estudio concreto no es generalizable a todos los moribundos, nuevamente la mayoría de los artículos llegan a las mismas conclusiones. Quien cuida a los enfermos terminales, suele ser más religioso, que quien confía en los servicios de bienestar social, tanto públicos como privados. Los pacientes además prefieren el calor y el cuidado familiar y este es más fácil, más frecuente y más eficaz si existe un clima de religiosidad.

Una de las conclusiones que aparecen en las revistas médicas pasa por apoyar la colaboración de las voluntarios , los visitadores de enfermos, las personas vinculadas a las iglesias de pertenencia de los pacientes y en especial en cubrir este campo fundamental de la existencia humana.

BIOÉTICA. Aportaciones desde la experiencia religiosa

En los últimos 20 años se van constituyendo comités de ética asistencial en los hospitales, ya que los problemas con los que nos enfrentamos cada vez son más difíciles y multidimensionales de resolver. La desconexión de un aparato como pueda ser un ventilador artificial, la aplicación de medidas terapéuticas para prolongar la vida en malas condiciones, la cirugía radical, los tratamientos involuntarios, las distintas formas de consentimiento y el grado de voluntariedad de los pacientes ante la actuación sanitaria, así como la necesidad de corresponsabilidad del enfermo y de su familia son temas habituales en cada tratamiento. La presencia del capellán y del servicio religioso sanitario se considera como un elemento imprescindible y de gran valor. Es una fuente de información que parte de principios generales, pero que se fundamenta también en las creencias y el sistema de vida de cada sujeto individual que busca en los servicios religiosos, no solo apoyo, consuelo y soporte sino también consejo y asesoramiento.

Los grandes temas de la civilización occidental no pueden prescindir de la visión religiosa de la dignidad del hombre. El derecho a la vida, la manipulación de los mecanismos biológicos, los avances de la ingeniería molecular, las mutilaciones, las deficiencias, las minusvalías, el encarnizamiento terapéutico, la beneficencia, la justicia, la equidad en la actuación sanitaria desbordan los límites de los superespecialistas y requieren el concurso y la contribución de la reflexión religiosa.

Tanto desde un punto de vista teórico como práctico los servicios religiosos en el mundo sanitario son imprescindibles y su aportación como un valor necesario universalmente reconocida.

El campo de la bioética se va independizando como una nueva especialización, que se nutre de fuentes múltiples pero nunca se plantea fuera del contexto religioso de la vida de la persona humana, en la bibliografía fundamental disponible.

DISMINUCIÓN DE CONDUCTAS DE RIESGO EN ADOLESCENTES

La mitad de los adolescentes americanos según las encuestas Gallup participan semanalmente en servicios religiosos. De ellos tres de cada cuatro participan en tareas de voluntariado y ayuda desinteresada, y muestran significativamente más valores pro sociales que los que no valoran el fenómeno religioso. En una revisión de artículos sobre el tema en las cinco revistas de mayor importancia de la especialidad se encontró que el 12% de todos los estudios de investigación incluyen la religiosidad como una variable importante a considerar. El número de aspectos evaluados es creciente y los hallazgos convergen en replicar una y otra vez los efectos beneficiosos de la religiosidad sobre los niveles de salud. Las áreas mas citadas son:

Suicidios. Se considera una de las tres causas más importantes de mortalidad de adolescentes en los países occidentales. Las actitudes respecto a la muerte, la intensidad de las depresiones, el apoyo social en situaciones catastróficas y la aparición de gestos, tentativas y actos suicidas es significativamente menor en personas religiosas.

Enfermedades ligadas a la sexualidad. Precocidad en inicio de relaciones sexuales, se ha asociado con delincuencia, fracaso escolar, embarazos no deseados y trastornos de conducta. Todo esto se relaciona con menores niveles de convivencia y control familiar así como con separación drástica del mundo del adolescente respecto del mundo adulto. Sobre 40 artículos analizados, la religiosidad se asocia con el momento de inicio de actividad sexual, actitudes respecto a relaciones ocasionales, decisión y prevención sobre posible embarazo y medidas de protección de posibles contagios. Se estipula que los riesgos de problemas sanitarios en este campo se reduce al 50% en las personas religiosas. Solo hay un estudio que evidencia que las adolescentes que son religiosas utilizan menos medios anticonceptivos que las no religiosas en edades precoces.

Trastorno por estrés postraumático. La elaboración de situaciones imprevistas de gran impacto como abusos, catástrofes, muertes, violencia, etc. Tiene que ver con el grado de convivencia multigeneracional. Por ejemplo la celebración de un funeral, un periodo de duelo después de una muerte o los recuerdos en los aniversarios, tienen un componente importante en la confrontación y vivenciación de la adversidad. Todo esto es más frecuente y sencillo en los jóvenes que viven en una ambiente religioso y que están integrados en grupos religiosos. Por lo tanto el hallazgo nuevamente no puede sorprendernos en la línea de menor frecuencia de esta enfermedad en los adolescentes religiosos.

Acceso y uso de servicios sanitarios, curanderos y medicinas alternativas. Es una paradoja pero el mundo de la abstracción, se asocia con la magia, lo pseudo-natural y múltiples formas de medicina alternativa. También en este campo las diferencias son significativas.

Abuso de substancias y conducta antisocial. Estar integrado en actividades sociales estructuradas contribuye a una mejor rendimiento académico y disminuye hasta en un 50% las detenciones policiales y los delitos en estos grupos de edad. Religiosidad familiar esta inversamente relacionada con número de delitos, consumo de alcohol y drogas, vandalismo, peleas, violencia en grupo, robos y uso de armas.

Entre los autores de estas publicaciones encontramos médicos, pedagogos, sociólogos, especialistas en salud pública, criminólogos, periodistas y un largo etc. de investigadores. El tema representa una aproximación ecológica, una visión global de la conducta adolescente.

El impacto es particularmente beneficioso en los jóvenes, al actuar la religiosidad como fuente secundaria de socialización que permite complementar el sistema de creencias familiar, para interiorizar, las formas de estilo de vida, los valores y la conducta adulta, dentro de la cual aparecen las circunstancias responsables de mantener la salud y enfrentarse con la enfermedad.

Soporte social, del grupo de iguales.

Identidad individual y Grupal.

Control social.

Promociones de conductas positivas de salud y desarrollo personal, cuidando el propio cuerpo, respetando a los demás, evitando la violencia, la delincuencia, y extremando el respeto a la dignidad del hombre.

Algunos ejemplos tienen que ver, con los hábitos nutricionales, el deporte, el descanso y el conocimiento de las funciones corporales.

Lo seminarios, los grupos de formación, de discusión, se mezclan en los grupos de formación con centenares de experiencias educativas, la mayor parte de las veces interconectadas y supervisadas multigeneracionalmente. Limitación en las enfermedades sexuales Menor consumo de substancias psicoactivas. Mas tendencia a respuestas pacificas y constructivas en el ámbito individual Crupal y social.Mayor nivel de autocrítica y reflexión sobre los propios errores y conflictos.

Algunos estudios publicados cubren múltiples aspectos de gran interés como:

Accidentes casuales e intencionados. Llevar armas, participar en peleas, usar los cinturones de seguridad, conducir borrachos, violencia en la escuela, incluso capacidad de enfrentamiento ante situaciones como el negarse a subir en un coche si el conductor va bebido es más frecuente en las personas con experiencia religiosa, creencias y conductas espirituales.

Más frecuentes hábitos dietético higiénicos, ejercicio físico regular y patrón regular de descanso.

Estilos de vida sanos con evitación de tóxicos, impulsividad y situaciones de riesgo.

Las conclusiones en estudios prospectivos concurrentes no son definitivas. La religiosidad es una variable a tener en cuenta y un componente imprescindible de fomento de buenos niveles de salud.

Lugar de atención, red social y acogida de enfermos especialmente psiquiátricos.

La competitividad de la sociedad actual y la búsqueda de eficacia, relegan a muchas personas del ámbito laboral, las margina y progresivamente las excluye del grupo social de origen. Entre nosotros se han comprobado como el desempleo se ceba en las personas con enfermedades mentales, el desorden familiar, la pobreza y la adversidad son un acompañante habitual de personas con muy frágil salud. Especialmente en psiquiatría infantil, la falta de estimulación, las carencias de todo tipo y las situaciones de exclusión social, se asocian con patologías del neurodesarrollo, con aumento de riesgos de vulnerabilidad para enfermar y con menores expectativas de integración y promoción social en la vida adulta.

Paradójicamente las instituciones y asociaciones religiosas que estamos considerando como un foco activo de salud, lo son a pesar de ser también un centro de acogida privilegiado en especial para enfermos psiquiátricos crónicos.

Por un lado la generalización se servicios asistenciales, vinculados con la actividad religiosa, pero también la libertad de acceso y la amplitud y tolerancia de las formas litúrgicas, del asociacionismo, y de las múltiples figuras de convivencia humana.

Frente a la idea de que los agentes de pastoral y los clérigos ejercen funciones de psicoterapia, por ejemplo que hay personas que acuden a la confesión o a la vida espiritual y otras acuden a tratamientos por los mismos problemas es un grave error. La persona es siempre la misma y su situación es la que aparece en los dos contextos pero el análisis de los mismos es totalmente diferente. En una consulta profesional se formulan unos diagnósticos y un método de modificación de signos y síntomas, que pueden en su caso ayudar a un desarrollo y maduración de la personalidad. Ayudan indudablemente en la resolución de problemas. En el ámbito religioso se produce un encuentro entre personas, sobre la referencia de un proyecto de vida, de una experiencia y de una buena noticia. El acogimiento, la gratuidad, la solidaridad y la opción por resolver los problemas es un hecho más dentro de la experiencia religiosa. Siempre ha habido y siempre habrá personas que acudan pidiendo ayuda, pero ésta será independientemente de su enfermedad y de su situación de marginalidad. Lo que es una evidencia es el espacio de acogida y de convivencia, que contrasta cada vez mas con los espacios de exclusión cada vez más frecuentes en el ámbito social no religioso.

PATOLOGÍA ESPECÍFICA DE ALGUNOS FENÓMENOS RELIGIOSOS

En 1907 Freud escribió un artículo sobre obsesiones y prácticas religiosas, invocando la magia del tótem y del tabú, para definir el culto como una proyección omnipotente que primaba y protegía organizaciones grupales. Sin embargo hoy se sabe que las obsesiones tienen un fundamento biológico, que incluso aparecen en el curso de enfermedades infecciosas y que responden bien a tratamiento farmacológico. Ninguna de las afirmaciones dinámicas en este campo ha sido verificada y tan solo pueden situarse como aportaciones singulares.

Hay muy poca información objetiva sobre efectos negativos sobre la salud de la religiosidad. La pasividad en situaciones que requieren tomar decisiones, incluso la negativa a seguir tratamientos médicos concretos, y la sustitución del sentido común y las prácticas reconocidas por la magia y la proyección en deseos y creencias, puede asociarse con graves consecuencias para la salud del sujeto. Bajo las formas religiosas encontramos también personas que padecen enfermedades psiquiátricas, que curiosamente son muy bien toleradas por su grupo y que logran un cierto equilibrio personal, por su carácter especial y distinto; el retraso en el diagnóstico y en la puesta en marcha de tratamientos puede conllevar cronicidad y empobrecimiento de la salud. En algunos casos las preocupaciones religiosas pueden ser más foco de estrés que de descanso, determinadas exigencias pueden ser intolerables para algunos sujetos y pueden llegar a romperse y a enfermar ante la incapacidad de seguir, los ritos, las normas y las presiones exteriores.

Se ha escrito que los efectos beneficiosos de la salud serían mayores en niveles educativos más bajos, y especialmente en mujeres, sin embargo la replicación de estos hallazgos no se ha publicado. Se invocaba a través de la sumisión y el inmovilismo una paradoja social, según la cual la religiosidad actuaría como freno al desarrollo de algunos grupos culturales y por lo tanto como un agente contrario a la promoción de sus niveles de bienestar.

En el contexto de las prácticas religiosas distinguimos:

Fanatismo. Se considera vinculado a la rigidez de ideas, dependencia del grupo e incapacidad de aceptar la singularidad individual. Es el camino inicial de la formación de sectas, y no es exclusivo del ámbito religioso. Culto a la personalidad. Suele atraer a personas inseguras, dependientes, con dificultades para integrar las experiencias de la vida y que buscan un refugio en un patrón de referencia ideal, que llega a tener consecuencias nocivas en su desarrollo personal.

Sectas. Son grupos cerrados alrededor de una jerarquía inmodificable, en la que se sustituyen las singularidades individuales por los criterios de poder y fortalecimiento del grupo. Son dañinas para sus componentes y requieren un proceso largo de desprogramación en muchos casos para poder anular sus efectos negativos.

Ocultismos y sociedades secretas. Se han considerado como patologías sociales, pero en sus liturgias y métodos de organización mimetizan actividades religiosas. Sus fines no lo son y su organización siempre esta ligada a intereses concretos de poder y control.

Violencia. Abusos. En ocasiones aparece un conflicto entre intereses individuales, que lamentablemente pone a prueba la convivencia. Imágenes, como la guerra santa en el mundo musulmán o como la ley del Talión en el judío, ponen de manifiesto aspectos en los que la historia no ha incorporado los adelantos que la humanidad disfruta en el momento actual, manteniendo restos de otras épocas anclados en algunas convicciones religiosas concretas.

USO DE SERVICIOS SANITARIOS. Acceso a información sanitaria

35 años después de la puesta en funcionamiento del servicio Nacional de salud Británico nos encontramos con la paradoja, de que los segmentos sociales menos favorecidos, tenían peores niveles de salud que los esperados y que las ganancias en morbilidad y mortalidad eran menos evidentes que en los grupos sociales mas desfavorecidos. La gratuidad de la asistencia y la universalidad de la misma no habían conseguido su objetivo inicial que era atender al que más lo necesita independientemente de sus niveles económicos. Surgió, hace 20 años un debate en Europa sobre la equidad del acceso a los servicios y la variable "información y uso "de los mismos. Nuevamente nos encontramos con que el fenómeno religioso no es solo un sistema de vinculación con lo trascendente, sino que es una organización humana con múltiples aspectos. La realidad nuevamente nos presenta como el acceso a los servicios y una correcta utilización de los mismos es mucho más fácil y frecuente entre las personas religiosas que disponen de una red social, de apoyo, de mimetismo y de integración social, muy superior a las personas que no valoran este aspecto de sus vidas.

ESTUDIOS ESPECÍFICOS SOBRE ENFERMEDADES CONCRETAS

Existen múltiples datos tanto en grupos religiosos homogéneos y sometidos a estilos vitales estrictos, como sobre población general. Algunos de ellos se han realizado de forma retrospectiva, otros a través de un i de grupos de sujetos y otros a través de análisis de visceras postmortem... Señalaremos solo algunos aspectos más significativos.

Demencia. Trastornos de memoria. Las consecuencias funcionales en personas que tienen la vida muy estructurada es independiente del grado de afectación cerebral de la enfermedad.

Infartos de miocardio. La capacidad de recuperación y las consecuencias funcionales, se relacionan con la posibilidad de adaptación a un nuevo estilo de vida, a la disminución del estrés y muchas veces al cambio de hábitos dietéticos y de abuso de tóxicos, como el alcohol y el tabaco, y todo ello es mas frecuente entre personas con experiencia y practica religiosa, que nuevamente se van a beneficiar del apoyo social correspondiente.

Disminución de tasas de enfermedades crónicas, por menor exposición a factores de riesgo.

Monogamia y fidelidad matrimonial se asocian con menor número de enfermedades de transmisión sexual.

Menor accidentalidad al cumplir mejor las normas de tráfico, respetar y no responder ante otras infracciones y seguir las medidas de protección independientemente de la impulsividad personal. Tanto en el tráfico, en el trabajo, como en otras actividades de la vida social.

Tasas menores de obesidad, por mejor control de las dietas y mayor actividades física.

Mejor tolerancia al dolor en las enfermedades crónicas.

Menor necesidad de tratamientos y de combinación de substancias con potencia farmacológica, al disponer de múltiples formas de apoyo, autoestima y contención de las dificultades.

Menores secuelas funcionales tras cirugía, mutilaciones o restricciones vitales de cualquier tipo.

Mayor supervivencia en enfermedades cancerosas.

EXPLICACIONES SOBRE MECANISMOS DE ACCIÓN BENEFICIOSOS DE LO RELIGIOSO

  1. Patrón de Prevención general inespecífica: Actúa de forma indirecta, fomentando elecciones saludables y conductas constructivas de un estado de salud fuerte y sólido para el individuo religioso. Sin excluir efectos beneficiosos en el tratamiento y resolución de enfermedades concretas ese modelo contempla la acción del hecho religioso como resultado de una menor exposición a riesgos y a situaciones estresantes que desborden la capacidad de respuesta del sujeto. Se asocia con hábitos de vida higiénicos y mejores niveles de bienestar. Patrones de moderación, autocontrol y tendencia a la relajación, al control interno, al equilibrio en definitiva. Mayor capacidad de interiorización de las vivencias. Estructura de valores sólida, en la convivencia familiar, en la forma de enfrentarse a los problemas, en el afrontamiento de adversidades. Menor nivel de estrés, mayor apoyo afectivo íntimo, mayor estabilidad en la convivencia, menores consecuencias en las discusiones y en la resolución de conflictos. Mayores posibilidades de encontrar soluciones constructivas, etc.

  2. Mayor y mejor internalización de las normas higiénicas, dentro de un sistema de creencias de referencia altamente evolucionado y referente madurativo de la especie, que desde la experiencia espiritual se generaliza a otros ámbitos de la vida.

  3. Impulso y refuerzo de la capacidad de respuesta. Ante situaciones de riesgo el sujeto aumenta su participación en actividades religiosas de forma selectiva. De esta forma obtiene ayudas individuales y grupales en el momento en que más las necesita, logrando una mejor capacidad de enfrentamiento. Este modelo aúna los aspectos conductuales y funcionales de la religiosidad para lograr contener la enfermedad en su primeros estadios.

  4. Moderación. La religiosidad atempera, disminuye y hace más tolerable la enfermedad, y por lo tanto facilita el proceso de curación. Antídoto frente a la crisis existencial que representa la enfermedad. Sabemos que una enfermedad cualquiera tiene muy diversas consecuencias funcionales según la situación concreta del sujeto que la padece, asimismo la religiosidad actúa como un contrapeso, a través de los significantes espirituales de las pruebas, el movilizar apoyo entre los próximos y en definitiva, acercarse a la propia limitación personal, lo que ayuda a relanzar el objetivo personal y el proyecto vital, que logrará una más rápida recuperación de la salud.

  5. Redes sociales. Es la suma de integración social armónica con el grupo cultural de pertenencia y el efecto beneficioso de la suma de interacciones concretas que mayoritariamente producirán apoyo y soporte. Se produce con más frecuencia intercambios, de cosas, de criterios, de compañía, de consejos, La amistad es mas profunda porque se fundamenta en valores, en identidad d fines, compromisos y logros compartidos. Es una fuente continua de información, en temas de salud y en otros aspectos de la vida social. Los sujetos se sienten importantes porque ayudan a otros y se sienten ayudados y los que llega a ser más importante piensan que si necesitasen ayuda saben donde conseguirla a través de la red social religiosa en la que están insertos.

  6. Aumento de recursos y ayudas disponibles. Grupos como los adolescentes, los ancianos, e incluso personas con enfermedades crónicas, encuentran acogida y un sitio individual en épocas de cambio, incertidumbre y necesidad. La vorágine de la sociedad actual hace que el apoyo familiar ya sea un bien que escasea y la ayuda comunitaria aparece como un segundo escalón de apoyo doméstico, con múltiples posibilidades de intendencia. A través de la religiosidad encontramos explicación al dolor, al sufrimiento, a la injusticia, y encontramos también formas y criterios para transformarlos.

  7. Aumento de la autoestima y de la "auto-eficacia". Estar confiados en que podemos resolver lo que nos toca vivir, y además de que lo vamos a hacer con éxito. La estructura de "conexión y comunicación con lo trascendente", es una prolongación de la comunicación social, ligada a experiencias y vivencias sensoriales concretas, de las personas con las que nos relacionamos todos los días. La identificación, con las vidas de los santos, con personajes bíblicos, etc. dan elementos de autoseguridad personal muy eficaces. Nuevamente la interacción continua en las actividades de culto, con personas que comparten estos sentimientos y creencias, va reforzando la propia seguridad.

  8. Mayores emociones positivas. La liturgia de la "fiesta", el sonreír, el ver los lados positivos de las cosas, estimula respuestas psico-fisiológicas más fuertes.

  9. Creencias específicas en el ámbito de lo saludable: Expectativas de curación. Creencia en la eficacia de los tratamientos. Capacidad de autoobservación positiva., "la persona religiosa, crea su propia realidad momentánea", en un proyecto personalmente elaborado.

  10. Capacidad de observación a medio y largo plazo. De los riesgos y beneficios de las propias decisiones.

CONCLUSIONES

En su funcionalismo, el cerebro de las personas, que llegan a tener una experiencia espiritual, se producen cambios positivos, genuina y específicamente humanos, que le ayudan a progresar en su identidad como persona. Un primer nivel es asistir a la liturgia. Un segundo escalón es participar activamente en las actividades alrededor de las personas que comparten as mismas experiencias. Un Tercer nivel es la vinculación, la capacidad de "conectarse", con los que te rodean, compartiendo normas, criterios y estilos de vida. Un cuarto nivel es aprender a rezar y practicarlo de forma regular. Un quinto nivel es "interiorizar un proyecto personal, que parte de los puntos anteriores para entrar en la dimensión de la autoconfíanza, la autoestima, y la vitalidad. De allí pasamos al sentimiento estable de felicidad y progresivamente en variables de mas difícil definición como la creencia en la existencia de Dios, la visión de la eternidad, la aproximación al mundo trascendente, la mística, etc. Progresivamente llegamos a un estadio cognoscitivo claramente privilegiado en la evolución biológica, que de forma individual nos permite conocer, vivenciar y proyectarnos en la vida sobrenatural.

Por encima de los datos y de la actualidad del tema, desde un punto de vista personal nuestra visión sobre el tema es la siguiente:

Es una suerte tener experiencia religiosa, porque te abre múltiples campos en el desarrollo de la persona, y te ofrece múltiples alternativas para mantener la salud, enfrentarte a la enfermedad y lograr una completa recuperación funcional, para un estilo de vida grato y satisfactorio.

El fundamento de toda religiosidad es sentirse amado y aspirar a un progreso continuo en la comunicación amorosa. En la medida en que esta experiencia se traduce en las personas próximas, la vinculación interhumana en los distintos ciclos de vida ayuda a sentir la esencia de nuestra dignidad individual en este mundo social.

Por encima de los datos, las comprobaciones, y la coherencia, es una realidad cotidiana que vemos como médicos, pero también en nuestras experiencias de enfermedad, propias y de los que nos rodean; el apoyo de la fe es imprescindible y su fuerza es necesaria en la mayoría de las ocasiones.

La Iglesia entendida como un "pueblo que recorre un camino" es algo sometido a errores e imperfecciones pero estas se ven ampliamente compensadas por los beneficios y bondades que ofrece en todos los campos de la vida.

Si bien la formación religiosa durante la enseñanza religiosa es fundamental, será en la adolescencia donde adquiere el ámbito de vivencia personal y donde se integra en nuestra forma de pensar sentir y organizar la vida, siendo entonces cuando el esfuerzo de formación será más útil y eficaz, con prolongación al resto de los ciclos de la vida.

Cada persona en su singularidad organiza libremente su conducta, en la elección acertada está la limitación del error y el fracaso, en las elecciones en grupo, en el apoyo social y en el logro de conductas sabias estará la excelencia y la virtud.

La enseñanza de la religión en el ámbito escolar es un derecho constitucional y un derecho personal, con amplias ramificaciones en la calidad de vida y en concreto en la mejoría de los niveles de salud. Los médicos sabemos curar a muy pocos, consolar a algunos, pero aspiramos a ser agentes de consuelo y ayuda y nuestra experiencia práctica se encuentra todos los días con las peticiones de los enfermos de respetar y fomentar su dimensión religiosa de la existencia. En una evidencia de nuestras limitaciones el estar abierto a complementar nuestra actuación profesional con otras actuaciones complementarias da significado y realce a nuestra profesión.

La religiosidad es un tema de moda, complejo, que requiere estudio en detalle sobre grupos sociales homogéneos, y que deben fomentarse y apoyarse dentro y fuera del ámbito sanitario.

Si buscamos una sociedad más justa, deberá ser más sana, y en el momento actual con la información de que disponemos, sólo podremos concluir que para lograr este bienestar psíquico, físico y social necesitamos una sociedad más religiosa y espiritual, en la que cada sujeto tenga derecho y posibilidad de conocer su potencialidad religiosa y ejercitarla en libertad, sin cortapisas de los poderes públicos. Es un bien social de tal magnitud, que muchos pensamos que acabará demostrándose como íntimamente ligado a los niveles de salud general.
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