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LAS AULAS SE VACÍAN

P. Félix Jiménez Tutor, escolapio.. 

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EDITORIAL

Pastoral familiar desde la Escuela Pía

COLABORACIONES

Declaración sobre la familia

Atención escolapia a las familias

Las aulas se vacían

Pastoral familiar

PÁGINA CENTRAL

Una nueva realidad familiar

EXPERIENCIAS

Escuela de familias

Experiencia de un misionero escolapio con sus padres

Padres modernos

Exalumnos de Soria
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TEMÁTICA LIBRE

El hecho religioso y la salud (II)

Exalumnos beatos

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El retoño que da frutos

La literatura en tiempos de Calasanz

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Mi primer diploma, colgado aún en una habitación de Noviercas, lo conseguí en un certamen provincial de Catequesis. No vale nada. Recuerdo de una infancia traviesa y limpia. Pero es el más importante de mi vida. Otros diplomas me sirvieron para enseñar, aquél, gratuito como el sol y el aire, me conecta, no con la escuela y sus maestros cuyos nombres ignoro, sino con la Catequesis y los catequistas, personas queridas y siempre recordadas.

Catequesis dominical en los bancos de la iglesia. Siembra elemental y primera llevada a cabo no por sabias maestras sino por grandes creyentes. Todo empezó allí, el resto lo crecí yo.

No sé porqué los políticos tienen miedo a la asignatura religión. La asignatura religión no hace cristianos. El conocimiento intelectual, la letra, alimenta poco. La dimensión espiritual, el espíritu, es el que hace cristianos y éste no se pasea por las aulas. Pero ¿cómo se puede entender nuestra cultura con sus cuadros, sus obras de teatro, sus iglesias, su vocabulario y sus cuatro estaciones, sin conocer la cultura católica y su influencia secular?

Las religiones organizadas ya no monopolizan la vida pública pero la espiritualidad, como la zarza de Moisés, seguirá ardiendo sin consumirse en medio de esta tierra baldía y profana.

No sé porqué los Obispos organizan una cruzada para mantener la asignatura religión cuando produce frutos tan exiguos y casi nadie acude a la subasta.

Una cosa es cierta, los jóvenes sorianos que asisten a la escuela pública han desertado, en masa, de la clase de religión. ¿Pereza, falta de curiosidad intelectual y de fe, inhibición de los padres? No queramos que nuestros jóvenes sean más virtuosos que la sociedad en la que viven.

El problema no es la asignatura religión.

Antes ya han dejado la catequesis familiar. La infancia es apego a todo lo paterno. Y si la familia no transmite los fundamentos de su ser más íntimo, los hijos nunca lo aprenderán.

Antes ya han dejado de asistir a la catequesis principal cristiana, la Eucaristía.

Antes ya han recibido algún sacramento y se han despedido hasta el siguiente. ¿Cómo van a optar por la asignatura religión si ésta ha quedado arrinconada con los juguetes infantiles?

Ahora los jóvenes viven bajo la tiranía de la tribu callejera. Ahora, viven, hipnotizados, la catequesis nocturna de la televisión que les revela todos los secretos diurnos.

Si vender Soria resulta tarea poco menos que imposible, vender la asignatura religión a estos consumidores de sensaciones sin esfuerzo, resulta tarea titánica.

Las aulas españolas son cada día más ricas en apellidos foráneos, en rasgos físicos exóticos y en diferentes sensibilidades religiosas. Sería hermoso conocer nuestra religión y las de los demás para respetarlas más y mejor.

Si la escuela pública perdiera la asignatura religión, no se perdería nada desde el punto de vista de la fe, de hacer cristianos. Sí se secaría un gran manantial cultural y la posibilidad de penetrar en nuestra cultura y sus sorprendentes manifestaciones artísticas.

Siempre nos queda la familia, lugar teológico de la fe; ésta hay que mamarla en la mejor y más pura fuente, los labios y el corazón de los padres creyentes. Siempre nos queda la iglesia, comunión y expresión gozosa de lo que somos y queremos ser.
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