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LA EXPERIENCIA DE UN MISIONERO.. ESCOLAPIO CON SUS PADRES P. Fernando Negro Marco Sch. P. - (Bangalore 28 Octubre 2006).. |
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Hace
tan sólo tres días que he vuelto de mis vacaciones en España.
Recuerdo a mi padre en muchos ratos silenciosos, ya que apenas oye y anda próximo a la ceguera, con un silencio de una belleza inmensa al verlo santiguarse de vez en cuando, mirando con las manos entrelazadas sobre la mesa, como si estuviera rezando, perdida su mirada. Y lo mismo mi madre con constantes letanías en sus labios y su oración interminable por todos sus hijos, sus familiares y el mundo entero… Mi padre lleva más de tres años asistido por el cuidado y el cariño excepcionales de mi hermana Isabel. De vez en cuando se da sus paseos por la casa con su andador. Ha hecho de la casa capilla viva: se para delante del icono de la Virgen del Perpetuo Socorro para orar un instante, luego va a la mesilla donde hay un Cristo colgado de la pared, lo toca y hace la señal de la cruz. Y al pasar por delante del Corazón de Jesús lo mira aún sin verlo y se santigua con un respeto y espontaneidad que hablan de un convencimiento hecho hueso de sus huesos. Un sobrino mío le decía "abuelo, ten cuidado que no ves donde está el Cristo y te vas a caer"; y mi padre le respondía: "No lo veo, pero sé donde está, así que no te preocupes".
¡Qué bonito! No ver y sin embargo saber
que Él está ahí. Su respuesta me
Todos los días a las 12 del mediodía, mi hermana coloca alrededor de la mesa a mi padre y a mi madre. A mi padre le pone unos cascos conectados a la TV para que pueda oír bien, y juntos los tres, participan de la Eucaristía que se transmite por la cadena de Popular TV. Llegado el momento de la paz intercambian un beso y en el momento de la comunión cada cual toma un trozo de pan corriente que mi hermana ha dejado preparado previamente sobre la mesa… ¿No es esto una auténtica eucaristía? ¡Pues ciertamente que sí! La mayor parte de los días que he estado de vacaciones he celebrado la Eucaristía en casa de mis padres. Ha sido ésta una gracia especial: poder celebrar el sacramento de una manera sencilla alrededor de una mesa con mi hermana y las dos personas que me han traído a la vida y quienes me han pasado la fe. Cuando el día 23 de octubre yo salía de regreso para la India, dos horas antes de mi partida, celebramos la última Eucaristía. Fue un momento entrañable. Tras la celebración me comentaba mi hermana Isabel que algo le decía que ésa podría ser realmente la última que yo celebraría así con los dos padres vivos… Pensar en esa realidad me hace sentir a la vez triste por la partida y agradecido a Dios por haber tenido la suerte de unos padres como ellos.
Esta pequeña reflexión es un tributo que
rindo a mis padres y a los de todos los que me leéis, estén vivos o
muertos. Y esto me trae a la memoria aquel código de conducta Hindú que
dice: "Si deseas ofrecer una flor a quien amas no esperes a que muera;
preséntasela ahora mismo, mientras vives, hermano, mientras vives... No
esperes a que la gente muera para empezar a amarlos y a mostrarles tu
cariño... Hazlo ahora, mientras vives, hermano, mientras vives… No te
contentes con visitar monumentos adornando con flores las tumbas; llena
de amor los corazones y hazlo ahora, mientras vives, hermano, mientras
estás vivo" |