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UNA NUEVA REALIDAD FAMILIAR

P. Javier Negro, Sch. P.....

   

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1. ¿LA FAMILIA EN CRISIS?

Muchos han profetizado en tiempos recientes la desaparición de la familia, o su derrumbe. Y mucho se habla de la crisis de la familia, del nulo apoyo y reconocimiento social, cultural y político que se le brinda, a veces con fines interesados de colectivos humanos políticos y culturales subconscientes e inconscientes, pero con actitud intencionada de beligerancia hacia la familia tradicional, quizás por asociarla a determinadas presencias políticas, culturales y religiosas anteriores que, con el cambio y la evolución social, se han querido marginar o reducir a simple objeto de estudio histórico. Se ha considerado como el símbolo a atacar para minar la base esas presencias pasadas, consideradas retrógradas y freno del desarrollo y del progreso de la modernidad.

Por otro lado es un hecho tangible que la "presencia pública", tanto del matrimonio (incluso de la pareja estable) como de la familia, se valora cada vez menos: a uno y otra se les ha quitado relevancia, referencia y significación sociales, de modo que dicha presencia queda reducida, para determinadas personas, frecuentemente a una presencia individual que subjetivamente adoptan algunas parejas y matrimonios considerados como una modalidad absolutamente privada más de la diversidad tan plural de vida entre dos, sin más. Es decir, el matrimonio ha pasado a ser una opción de vida más entre otras muchas, igual de válidas que él: ya no es fundamentalmente una necesidad social generalizada.

Por otra parte, los medios de comunicación de masas son factores con fuerte repercusión a la hora de la valoración de esta presencia pública del matrimonio y de la familia como realidad y fuerza social importante, al divulgar con cierta proliferación programas, escritos, películas, etc. con una fuerte visión negativa de la familia, proponiendo como atractivo del espectáculo familiar los egoísmos, engaños, infidelidades, crueldades, malos tratos, explotaciones o abusos de todo tipo.

De ahí que a las generaciones jóvenes les sea cada vez más difícil ver este modelo como presencia real para su futuro de pareja de familia -el modelo que vivieron sus abuelos y que seguramente añoran y desearían para sí mismos- y consideren como la cosa más natural la separación, la violencia doméstica, la irresponsabilidad con el compromiso y el afecto, la incomunicación intrafamiliar y la vaciedad de fondo de las uniones matrimoniales.

Sin embargo la realidad es que la familia sigue gozando de buena salud, que lo que está en crisis es el modelo concreto de familia tradicional. Los estudios y encuestas realizados últimamente a la población española y, más concretamente a los jóvenes, es que la familia sigue siendo ese micromundo más valorado, en el que la persona se encuentra a gusto, tal vez el único, el lugar en donde todavía la persona puede expresar libremente lo que piensa, siente y hace, o el espacio donde todavía se dicen las verdades más importantes: "la familia sigue siendo el agente social más importante en la transición de valores para la vida, para el amor, el trabajo y la visión del mundo"1.

No somos ingenuos y por ello somos críticos sobre las motivaciones e intenciones favorables a la familia demostradas en las encuestas, sobre todo por parte de los hijos: la permanencia tan prolongada, a veces hasta los 35 años, de los hijos, ¿en qué medida es debida sólo a lo cara que es la vivienda?. ¿Qué medida le corresponde al miedo a la libertad y a ser autónomo?, ¿y cuál le corresponde al temor de vivir en soledad?. Por parte de los padres, ¿qué peso tiene, a la hora de no invitar a volar a los hijos, el temor a mirarse los dos nuevamente cara a cara y reencontrarse con la realidad de lo que los dos son, por el resto del tiempo que les queda de vivir juntos?. ¿Han sido los hijos el centro de la desviación de la mirada mutua por unas u otras razones?

Pero, a pesar de estas motivaciones más o menos saludables, la familia sigue siendo ese espacio humano vital amable, acogedor y vivificador para la mayoría de la gente2, y por consiguiente, el lugar existencial de encuentro donde la persona se realiza, según E. Mounnier. "La familia es un animal mutante, capaz de sobrevivir a todo tipo de cataclismos. Sucesivas revoluciones, reales o pretendidas, en la producción, la política y las costumbres han conseguido derribar estados, sistemas económicos y tabúes; pero nada definitivo han podido hacer contra ese entramado de deberes y afectos que, por la fuerza de la autoridad o del cariño nos agrupa. Nada ha sido tan elástico y funcional y, a la vez, tan perenne"3

Por otra parte, para muchos la familia actual, en medio de tantas variedades y modelos de realización familiar, es más satisfactoria que la anterior porque se cultivan valores al servicio de la persona como valor primero supremo que antes no se daban: detalle en la relación, una comunicación afectiva, la expresión no verbal del amor, el agrado mutuo como criterio de ciertas decisiones hacia dentro y hacia fuera del contexto familiar...

2. NUEVO PANORAMA DE PAREJA , DE MATRIMONIO Y DE FAMILIA

La familia ha evolucionado vertiginosamente, como todo en estos tiempos de cambio de época, más que de época de cambios según afirmación de algunos sociólogos. El modo de ser familia, los valores vividos dentro de la misma, y las relaciones de sus miembros son muy distintos de unos pocos años atrás. También ha cambiado y está cambiando sustancialmente la identidad femenina, el rol de los sexos, la cantidad y calidad de las relaciones humanas en los diferentes ámbitos, incluido el familiar, la presencia masculina y femenina en el mundo laboral, social, cultural y en el mismo hogar.

La familia depende fundamentalmente de lo que sea la pareja que la crea. Si el modelo de pareja y de matrimonio ha evolucionado, también evoluciona esa microsociedad, la familia, que ellos mismos crean.

El modo tradicional de vivir en pareja y matrimonio se desmorona cada año más. Incluso la terminología cambia: hoy casi se habla más de pareja que de matrimonio. Éste, aunque explícitamente no se afirma, parece referirse más bien a la relación basada en un compromiso de alianza, con una relación fiel, cuidada y corresponsable por parte de los dos. En cambio "pareja" parece reservarse más a la relación vivida a merced del sentimiento y del contrato funcional en orden a un complemento interesado de los dos, pero sin un fundamento intencionado en un compromiso de estabilidad y de fidelidad de por vida.

Se puede afirmar que también hoy faltan vocaciones para vivir en matrimonio, sea civil o religioso, e incluso para vivir en pareja estable sin ningún compromiso institucional, como "pareja de hecho", por ejemplo, con el argumento frecuentemente explícito de que "el amor no necesita papeles" de ningún tipo.

También es norma cada vez más generalizada oír hablar convencidamente a jóvenes de su agnosticismo acerca del amor, seguros de que éste, en todo caso es sólo para cuando la relación entre los dos vaya bien.

En el fondo, ¿no se está viviendo un concepto de amor sólo como sentimiento, como afecto y con un proyecto de vida superficial e instrumental en orden a una estabilidad afectiva, social e incluso económica del individuo, quedando allá lejos, en el horizonte, la idea de tiempos atrás de un ser nuevo creado entre y por los dos?.

Si falta un proyecto común serio, planteado y confeccionado por los dos, fundado en un complemento existencial mutuo, que despierte al otro del letargo de sus potencialidades y le ponga en pie para ser más él mismo, ella misma, motivados por el amor complementario y un proyecto que mueva a los dos juntos para luchar por él durante toda la existencia, la pareja queda reducida a mera coexistencia de dos individuos que acaban aburriéndose de vivir juntos. La fidelidad entonces no tiene sentido; por eso es por lo que hoy no es una virtud cotizada, ni siquiera dentro de la pareja.

La consecuencia inmediata es la realidad cada día más aceptada socialmente de la separación y el divorcio, que para darnos una idea de la realidad pueden ayudarnos estos datos4: en 1984 el número de matrimonios fue de 197.542 y el conjunto de separaciones y divorcios 39.880; en 1990, hubo 220.533 matrimonios y 59.463 separaciones y divorcios; y en 1997, 190.780 matrimonios y 111.854 separaciones más divorcios. El ritmo progresivo de alteraciones de la vida tradicional en pareja, ha aumentado, por lo tanto, en el orden de un 50%; y, según datos del Instituto Nacional de Estadística, cada año 6000 mujeres y 8000 hombres divorciados vuelven a casarse.

Se ha pasado de una presencia generalizada monolítica de familia a una presencia plural y diversa con distintas modalidades de articularla: simple cohabitación, familias no institucionalizadas, hogares monoparentales en aumento junto a los matrimonios estables de siempre, familias recompuestas (procedentes de situaciones de separación o divorcio), parejas gay o lesbianas, etc.

Este pluralismo familiar actual queda reflejado igualmente en el siguiente apunte estadístico5:

  España (%) U.E. (%)
Hogares unipersonales 4 10,3
Familias monoparentales 5,8 5,8
Familias: parejas sin hijos 10,8 17,3
Familias: parejas con hijos 61,8 55,2
Otras formas de convivencia 17,7 11,4

Además, podemos considerar brevemente estos otros datos complementarios que nos ayudarán a configurar un poco más la fotografía de la familia actual:

  • Disminuyen los matrimonios religiosos y aumentan los civiles o las uniones como "parejas de hecho".

  • También aumentan considerablemente las uniones temporales de tipos muy diversos.

  • Cada vez hay más viviendas con una sola persona, y no precisamente mayor, sino joven soltero, que se ha independizado y no da el paso a compartir la vida con otra de modo estable. Dentro de este apartado está tomando cada vez más fuerza la soltería femenina: en 1987 el índice sintético de nupcialidad entre las mujeres de 15 a 49 años era 0’66, mientras que en 1975 fue 0’996

  • También es realidad paulatinamente más habitual el hecho de que los abuelos sustentan los aspectos económico y educativo de sus hijos y nietos. Y en su defecto, son las cuidadoras contratadas o las vecinas quienes se cuidan de los hijos pequeños en casa, si no llega el dinero para pagar la guardería.

  • Se antepone la conyugalidad a la parentalidad: menos hijos y/o más espaciados a cambio de una relación mejor entre los miembros de la familia.

  • No podemos pasar por alto la presencia cada vez mayor de las familias de inmigrantes, nuevas por su aporte cultural, social y religioso específico, con costumbre y comportamientos muy distintos y con alto índice de natalidad en general.

3. FACTORES INFLUYENTES EN LA NUEVA REALIDAD FAMILIAR

Para llegar a esta nueva configuración de la familia, todavía cambiante de modo progresivo y plural, han influido muchos factores, consecuencia del mismo cambio social, del que la familia es una expresión. Por ejemplo:

La creciente incorporación de la mujer al mundo laboral fuera de casa, con la repercusión en la estructura familiar, en la dedicación sistemática a los miembros del hogar, a los hijos más concretamente, que tiempos atrás ella aseguraba y hoy es cada día más cosa de los dos cónyuges. Este factor conlleva también un nuevo campo de relaciones de la mujer con personas fuera del hogar más amplio que antes no tenía; cada día más ella se sitúa también al frente del varón en el mundo del trabajo.

En esta misma línea está también la incorporación de la mujer a la educación superior. Hoy más de la mitad de los universitarios son mujeres. Basta, por otra parte, acudir a cualquier curso de los muchos que abundan, de todo tipo y calidad, que tengan que ver con la formación permanente o la puesta al día profesional, o con el crecimiento y maduración de la persona, y ver que el número de mujeres es muy palpablemente desproporcionado a favor de la mujer. Lo cual está repercutiendo en una subida muy importante de su nivel de adquisición de estrategias y de medios para desempeñar cargos, funciones y tareas al servicio de la sociedad, que antes no tenía.

Esto, unido a otros factores, trae la correspondiente reivindicación lógica de la modernización de las estructuras familiares hacia una posición más democrática, en la que todas las tareas del hogar se comparten independientemente del sexo y del ser padre o madre. Esta realidad de funcionamiento democrático afecta también al mismo rol femenino que pasa a ser también tan protagonista como el hombre en todos los aspectos (en el sexual, en el del tener y en el del poder dentro de la pareja, del matrimonio y de la familia). Los roles dentro de la familia no son ya prescritos, sino que se definen adaptados a la situación concreta de cada pareja y hogar. No estamos ya en la época en que las relaciones entre el hombre y la mujer eran reguladas por las costumbres, la tradición y la presión social.

Otro factor influyente en la configuración de esta pluralidad familiar es el de la hiperocupación tanto de uno como de otro cónyuge, tan característica de nuestro mundo y que se ha infiltrado totalmente dentro del hogar. Consecuentemente, no hay tiempo para escucharse mutuamente ni para prestar atención a los hijos ni para atender las verdaderas necesidades de la persona. La televisión, los videojuegos, la play-station... constituyen el relax y la medicina del descanso para evadirse de la realidad estresante que comporta el tipo de vida que se vive.

Influye también en el interior del hogar la cultura ambiente de la posmodernidad, como "era del vacío" (Lipovestky), con sus improntas propias de ausencia del metarelato, con presencia fuerte del hedonismo, de la búsqueda de lo inmediato, del culto al cuerpo, del pensamiento débil y de las relaciones humanas basadas sobre todo en el sentimiento... Todo lo cual repercute en los valores que se viven en la pequeña sociedad familiar. Algunas características de esta familia posmodernizada serían: el matrimonio, una institución frágil, la cohesión de sus miembros basada en lo romántico e intimista, la flexibilidad extrema entre las relaciones de sus miembros, el relativismo de los vínculos familiares, un tipo de comunicación superficial, familia aislada de lo social, con problemas de ansiedad progresiva, demasiada sobreprotección mutua...7

Igualmente es decisiva la filiarquía y paidarquía: en muchos casos los niños son los reyes de la casa y también sociales, el centro de la mirada que hay que mimar y atender en primer lugar y por encima de todo lo demás8; más allá incluso de la realización de sus potencialidades no físicas, destinadas a ser actualizadas a través de la educación, en la familia y en la escuela.

El individualismo imperante en todos los estratos de nuestra sociedad y en todos los campos de la vida (educativo, político, laboral, cultural...), de forma que la familia es el reducto de una suma de individualidades que se dan calor ante la frialdad del exterior, un ghetto cálido, un círculo de relaciones fáciles, pero que, a su vez, se aíslan de la vida exterior con temor, con prejuicios negativos de desconfianza y de defensa hacia cualquiera de fuera. De este modo, resulta difícil creer en la bondad del otro y en que hay personas que actúan con gratuidad, desinterés y compromiso.

El absentismo educador de muchos padres que, o no saben educar, o han renunciado ya por ser tarea complicada y delegada simplemente a los profesores de sus hijos. De forma que una encuesta reciente nos decía que dos tercios de los padres y madres actuales reconocen no saber educar a sus hijos y, por lo tanto, ya han renunciado a esta función esencial para ellos. A muchos padres no les apetece nada utilizar la autoridad en la educación de sus hijos y son muy permisivos; ante el dilema y la opción, eligen las relaciones cordiales, bajo el supuesto dogmático de que es preferible ser feliz y sentirse querido, que inteligente o trabajador responsable: la vida ya se encargará de esto segundo, cuando lleguen al trabajo competitivo y responsable del día a día.

4. OTRA REALIDAD FAMILIAR NUEVA

Con este título me estoy refiriendo a ese colectivo de inmigrantes que cada año van engrosando considerablemente nuestra sociedad y sus hijos nuestras aulas, de forma que éstas se están constituyendo progresivamente en espacios de interculturalidad, de convivencia de tradiciones, de valores, de religiones y de costumbres muy diferentes, y que nos obliga a asumir esta realidad de un modo estudiado, pensado y decidido democráticamente, participadamente y responsablemente, sin dejarlo al azar de las circunstancias y de los ritmos que la evolución social vaya marcando de forma más o menos improvisada.

Aunque todavía pocos, en comparación con otros países europeos, casi un millón y medio de emigrantes viven, trabajan, enriquecen nuestro pueblo e intentan integrarse, mal que bien, entre nosotros con la esperanza general en todos de mejorar su vida, de escapar del hambre, de acceder a otro estilo de vida que, a su vez, pueda ayudar a sus familias de origen. De ellos más de trescientos mil son ilegales, realidad que hay que contrastar con la necesidad de 44 millones de inmigrantes que tiene Europa si quiere mantener el crecimiento de su desarrollo y sus pensiones9.

Se trata de una realidad muy sangrante, con frecuencia, en el aspecto de lo más puramente humano: familias desestructuradas, en la miseria económica o en una economía de subsistencia total, vidas en una soledad total, con el miedo y la tristeza somatizadas en sus cuerpos débiles para soportar la carga primera del impacto de la inmigración, autorreducidas a ghettos donde poder respirar a dosis muy pequeñas los valores de su culturas y de su pueblo y donde compartir las añoranzas de su gente dejada atrás10.

Tal vez muchos de nosotros somos testigos de frases angustiosas, dichas y escuchadas en las oficinas de Asuntos Sociales de la Consejería Autónoma, de Cáritas, del Instituto de la Mujer, de la Casa de las Culturas, de tal o cual Asociación, Fundación u ONG dedicada a atender estos problemas, demandando compañía, ayuda, una sonrisa, un gesto que les ayude a reencontrarse con su dignidad universal e igual para todos de ser personas: "por favor, llámame alguna vez, no tengo a nadie con quien hablar, ayúdame..."

Son situaciones nuevas de exclusión social, de realidades de pobreza en todos los aspectos, también el educativo, para niños y adultos, que se presentan como un reto para todos, invitándonos a una reflexión y una acción inclusiva de parte de los individuos y de las instituciones educativas, no sólo sociales, gubernamentales o religiosas.

La presencia de alumnos inmigrantes en las aulas no provoca mayor problema para el alumnado y el profesorado, en general, que el que deviene de una integración y convivencia sana de culturas y de etnias diferentes, que no es poco, pues no están, ni han sido preparados los protagonistas de los centros (sobre todo profesores y alumnos) para digerir esta nueva realidad que se impone vertiginosamente. Su digestión no se hace sólo con buena voluntad; hace falta en la comunidad educativa y en la institución escolar en general, una preparación idónea en profundidad, que se está haciendo ya, aunque sin estar totalmente sistematizada. En este sentido, por ejemplo, sería bueno que, del mismo modo que en Magisterio están las especialidades de educación infantil, educación física, educación especial..., hubiese también una especialidad volcada en la inclusión de los emigrantes.

Además de esta problemática, es bueno reflexionar sobre la reacción de los padres y madres de los otros alumnos, los "normalizados" en el centro, los autóctonos. En este sentido resulta muy ilustrativo el estudio encargado por FERE al profesor Luis Fernando Vílchez sobre la significatividad social de la escuela católica11; en el apartado dedicado al tema que nos ocupa, se dice que cuando son pocos los inmigrantes en el aula se aceptan normalmente bien.

5. LOS NUEVOS HIJOS

Nuevo modelo de familia, de hogar, de relaciones intrafamiliares..., luego nuevo modelo de hijos. ¿Cómo son éstos? Se ha escrito mucho sobre el perfil de las nuevas generaciones de niños, de adolescentes y de jóvenes12. Veamos una fotografía de los alumnos que pueblan y van a poblar cada día más nuestros colegios, a través de unas pinceladas generales, recogidas de unas y otras encuestas y estudios13. Algunos de estos rasgos son más apropiados a los niños, otros a los adolescentes y jóvenes; pero, en cierto modo, a todos afectan:

  • Personas instaladas en el interés de lo inmediato.

  • A la búsqueda de la satisfacción de los sentimientos.

  • Apolíticos, tanto institucional como cívicamente.

  • Viven con una dosis de ansiedad cada vez mayor.

  • Con una gran necesidad de comunicarse y de relacionarse, pero no en profundidad.

  • Anómicos en su comportamiento, por causa, en gran parte. de la falta de autoridad en que han nacido, crecido y en que se educan.

  • Con una dimensión ética muy relativista.

  • Con una incapacidad grande para asumir, aceptar y gestionar la adversidad, el dolor, la contrariedad...

  • Crecen a golpe de videojuego, de móvil con juegos, de ordenador con juegos de rol... Hijos de la audiovisualidad.

  • La vivencia de la sexualidad como instrumental en la relación, más que como expresión, compromiso y fuente de vida.

  • Suelen ser bastante individualistas. El asociacionismo, en casi todos sus modelos (incluso el deportivo) ha descendido alarmantemente.

  • Inseguros, por un lado, y caprichosos, intolerantes y a veces agresivos, por otro.

  • Han incorporado muy bien en su comportamiento el consumismo como filosofía natural de vida.

  • No soportan apenas el silencio y la ausencia del ruido. Por tanto, carentes de la capacidad de contemplación, o, al menos, no la han puesto en juego.

  • Sin religión, o con una religión a la carta, o débil, o confusa, con mezcla de parasicología, magia y otras espiritualidades. En la mayoría de los casos, y cada vez más, sin una primera evangelización siquiera.

  • Su comportamiento agresor va en aumento.

  • Sus valores: la alta valoración de atención al sentimiento en las relaciones interpersonales, la comunicación, la estética, la ecología, la paz, lo pragmático, lo útil y concreto, su familia, el buen lugar, el buen momento y el buen "rollo".

  • Tienen una gran necesidad de seguridad, de afecto y de alguien a quien abrirle su interior.

  • Son muy expresivos, tanto verbalmente como no verbalmente, entre ellos; pero muy cerrados cara a los adultos.

  • Aparentemente muy joviales, pero con un interior muy problemático y problematizado; necesitado de sanación y de curación personal integral.

  • Aparentemente muy amantes de la libertad, pero entendida más como espacio para el "laisez faire" que como conquista basada en la razón y en la voluntad, es decir, en la opción y en la decisión para optar; lo cual no les suele gustar nada.

Se podrían añadir más pinceladas, pero, para tener un plano general de nuestros destinatarios creo que nos basta; por otra parte todos estos datos vienen a constituir el denominador común de la mayoría de los análisis hechos. Pueden servirnos, por otra parte, para, a partir de ellos, analizar entre todos, en qué medida participan nuestros alumnos de estos rasgos o de otros no señalados aquí.

Sin embargo vamos a centrarnos ahora en los hijos del área de esa nueva realidad familiar, que es la de los separados y divorciados:

6. ALGUNOS RASGOS ESPECÍFICOS Y PROBLEMAS EN LOS HIJOS DE PADRES SEPARADOS14

No tenemos más remedio que aceptar la realidad de la separación de los cónyuges y del matrimonio, como un hecho cada vez más normal de nuestra sociedad. No es objetivo nuestro analizar las causas del mismo y hemos de aceptar los hijos de esta realidad, tal como vienen a nuestras aulas, sin actitudes de paternalismo, de conmiseración negativa, ni tampoco de rechazo de ningún tipo, lógicas, por un lado, pero malas consejeras educativas; pero también sin actitudes de distancia o de indiferencia fría que nada va a favorecer la tarea educadora que, en estos casos, está llamada a tener una incidencia especialmente positiva cara a esos alumnos y alumnas.

Son también, al fin y al cabo, los destinatarios de nuestra tarea con quienes ésta tendrá éxito en la medida en que los conozcamos, los aceptemos y nos comprometamos a hacer de la escuela ese lugar de expansión vital de sí mismos y de realización de sus personas, como cualquier otro alumno; sólo que éstos lo necesitan de un modo especial, más urgente, podríamos decir, debido a su propia historia personal y familiar. Con ellos, la escuela está llamada a demostrar de modo eminente su función educadora, humanizadora y socializadora, a la vez.

Son niños o adolescentes, en los que fácilmente vemos una inestabilidad emocional más fuerte de lo normal, inseguridad y desequilibrio afectivos, que a veces se manifiestan en comportamientos más o menos violentos, o bien de aislamiento de los demás.

Al faltarles la referencia del padre o de la madre de forma continuada, constante y sistemática, el desarrollo de las potencialidades, virtudes y capacidades que despierta más la persona que falta, bien sea por razón del otro sexo, bien por su presencia específica paterna o materna, le llevarán muchas veces a cierto empobrecimiento en su autoestima personal.

Es normal también que su rendimiento académico y escolar sea deficiente, entre otras cosas, porque su capacidad de concentración continua personal para el aprendizaje, lógicamente también es más débil. Lo cual conlleva también una motivación poco fuerte para aprender, interiorizar normas y socializar correctamente con los demás compañeros y profesores.

En algunos casos aflora la desconfianza personal, más o menos formulada y expresada, según edades e historia personal de cada caso, hacia los demás, la escuela, la sociedad, el mundo... De ahí actitudes de distancia, de reserva comunicativa, de juego relacional no intencionado con doble mensaje, a veces, que produce cierta perplejidad, si no se toma a la persona con la seriedad y dignidad que merece. O bien pueden aparecer la mentira, el egocentrismo caprichoso o un comportamiento despótico más o menos manifiesto, según sea el profesor, la autoridad y los compañeros y el clima en el aula y en el colegio en que se desenvuelve, el trato que recibe de los demás, las relaciones que con él se establecen...

Como consecuencia de todo lo anterior y de su posicionamiento ante la vida, en general, percibirán lógicamente la sociedad con desengaño, viviéndose como fruto de una injusticia, tolerada sin remedio, como mucho, en un nivel en desventaja con relación a sus compañeros y otras personas que no han pasado por su mismo proceso. Su enfoque de la vida será un tanto desajustado, ya que la ve desde un sentimiento básico humano de desamparo y, por consiguiente, de malestar vital que repercute en su proyección al exterior.

En cuanto a los problemas que encarnan, unos consecuencia de los rasgos enumerados, otros del ambiente familiar o social que respiran, o bien de la propia dinámica personal evolutiva de cada caso, podemos destacar éstos:

  • Poca disciplina y ausencia de hábito de estudio, o muy débil.

  • Desorden en sus cosas y en su comportamiento, caótico a veces.

  • A veces el contacto del centro con sus padres es difícil y susceptible.

  • Se da fácilmente el absentismo escolar: las condiciones familiares y también, a veces, las sociales lo facilitan.

  • Pasividad ante el aprendizaje y la propuesta de unas relaciones cordiales.

  • Hay casos en que se dan conjuntamente varios problemas: los económicos, la incomunicación de la familia con el centro, el retraso en las comunicaciones mutuas escritas familia-colegio, una ausencia de los padres en las reuniones del colegio y en otras actividades programadas, bien para padres, bien para los mismos alumnos..., dejando la impresión, a unos y otros (alumno, padres, profesores) de que estamos viviendo un caso de segunda categoría en la comunidad educativa.

  • Comportamientos extraños (en el comedor escolar, con los profesores, compañeros, monitores de comedores o de transporte escolar, de deporte...) aparentemente injustificados, unas veces violentos, otras de chantaje, tendentes a demandar afecto y atención.

  • En la familia suele fallar el principio de autoridad que engendra en el hijo o hija cierta violencia o una sumisión desmedida.

  • Frialdad afectiva de los hijos hacia sus padres

  • Comportamiento chantajista hacia padres y abuelos, buscando la confrontación de ambos.

  • Demanda, por parte de los padres, de una atención desmedida de los tutores y del colegio hacia sus hijos, que no les corresponde ni son quiénes para satisfacer necesidades que sólo los padres pueden satisfacer responsablemente, como el experimentarse amados como hijos, la pertenencia a su familia concreta, la validez personal básica ante y en la vida... Su no atención es la causa mayor de conductas y de problemas que estamos enumerando.

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1 JUAN GONZÁLEZ ANLEO: Sociología de la familia española actual. En CONGRESO DE PEDAGOGÍA PEDRO POVEDA. Atrverse a educar. Ed. Narcea. Madrid, 1997.

2 CARLOS DÍAZ: LA FAMILIA ACTUAL EN ACONTECIMIENTO 61(2001)33.38

3 FLORA SÁEZ: ¿La familia? Bien,gracias. En uno de los "Magazine" del periódico. El mundo, en el Año Internacional de la familia.

4 MIGUEL JUÁREZ. La familia ante el s. XXI. En: COMPAÑÍA DE JESÚS. Jornadas sobre la Familika. Alcalá de Henares, 1998.

5 MIGUEL JUÁREZ: ib.

6 J. GONZÁLEZ ANLEO: ib.

7 CARLOS DÍAZ: ib.

8 X. M. DOMÍNGUEZ: La familia: estado actual y perspectivas. Misión Joven (2001) 5-14.

9 Datos  obtenidos en la revista AUTOGESTIÓN, febrero-marzo de 2003, del Grupo "Solidaridad". Madrid.

10 Cfr. La película del director de cien BELTRÁN TAVERNIER: Hoy empieza todo

11 FERE: Significatividad social de la escuela católica. Con la colaboración de la editorial SM. Madrid, 2002.

12 Encuestas del I.N.J.E. de la editorial SM, por parte de Institutos de la Juventud de las diferentes autonomías.

13 GONZÁLEZ ANLEO: El silencio de los adolescentes.

14 FERE: Alumnos de padres separados. Algunas orientaciones para su educación. Madrid, 1995
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