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UNA ORACIÓN COMUNITARIA Reflexión breve y sencilla para un grupo de oración comunitaria Javier Negro, Sch. P. |
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Cada
vez que se proclama la Palabra de Dios en la asamblea de los
A través de la aceptación de la Palabra, el Espíritu de Dios "recoge" a cada uno y a todos en la unidad, según el don personal de Cristo a cada uno. La Palabra llega a ser signo eficaz de la comunión entre nosotros: es verdadera "comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1,1-3). Así se construye aquella comunión humano-divina en la que reside el Misterio de la Iglesia.
La oración comunitaria que proponemos consiste simplemente en decir en medio de los hermanos y en voz alta lo que la Palabra de Dios nos interpela para nuestra salvación y lo que provoca en nosotros como respuesta de fe (cfr. Col.3,16). De tal modo se enriquece la oración personal, que llega a ser más plenamente escucha de Dios que habla de muchos modos y maneras (Hebr. 1,1) Además, este tipo de oración es un vehículo del don de nosotros mismos y de la aceptación de los hermanos, de modo que es a Dios a quien comunicamos, a la vez que se enriquece en cada uno la posesión interior de Dios, dejándole a Él que tome posesión de nuestro interior. Se trata de un alimento mutuo a partir de la Palabra, que nos compenetra y une en cuanto miembros de la comunidad, pasando del uno al nosotros a través del diálogo. Se comprende así la fuerza del diálogo de la fe, que madura a cada uno y a todos, poniéndonos en contacto con la propia fuente primigenia, la Palabra; y, confirmando la esperanza, da un nuevo impulso a la caridad.
Estilo: Se comienza con un verdadero silencio externo, al que sigue el silencio interno para alcanzar el ambiente de oración. Después se proclama el texto evangélico. A medida que cada uno va trabando la relación personal con el Mensaje, expresa sencillamente en voz alta la resonancia que la Palabra de Dios provoca en él. Tal vez no todos tengan algo que decir; pero sí todos tienen algo que escuchar. No se trata, por tanto, de hacer una homilía, ni de hacer una catequesis; ni siquiera es una reflexión dialogada sobre el Evangelio. Es fundamentalmente una plegaria en común ante Dios y los hermanos.
Método: Puede variar, según las experiencias diversas, pero proponemos algunas sugerencias:
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