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INTRODUCCIÓN
Este pequeño compendio de oraciones escritas más o menos
al
ritmo del paso cotidiano de la vida, son pequeños tallos
de árboles que pueden llegar a ser gigantes.
El encuentro con el Dios Vivo dentro de nosotros y
alrededor nuestro, como si fuera un viento invisible que nos
abraza y nos invade, nos hace crecer como personas a la vez
que nos diviniza en un proceso ascendente en cual se dan
también cita crisis, caídas, marchas atrás o paradas
abruptas. Pero lo importante es que no dejemos lugar a la
desesperación. Importa que miremos siempre adelante y
caminemos sabiendo que el poder de la gracia es más fuerte
que nuestra mediocridad.
Estas ‘Oraciones Cósmicas’ nos adentran en la creación
entera que gime con dolores de parto hasta que se revele en
todo y en todos que somos plenamente lo que ya sabemos que
somos: ‘Hijos de un Dios Bueno’ que se goza en nuestra
Bondad, aun en medio de nuestra mediocridad.
El arte de orar no está lejos de nuestro alcance. Basta
con que tengamos la consciencia clara de estar bañados, por
así decirlo, de Dios. Una religiosa Carmelita le decía a
Juan de la Cruz que para ella ‘Orar es mirar la hermosura de
Dios y holgarme de que la tenga’. Pues eso, no se trata de
especulaciones ni métodos complicados, sino de descubrir que
hay tanta belleza escondida dentro y fuera de nosotros, que
si de verdad llegáramos a descubrirla el gozo sería nuestra
cárcel y la libertad nuestra condena.
Ojalá que todos los que lean este pequeño trabajo
encuentren en él un aliciente para vivir en la confianza y
la alegría de saberse amados más aún de lo que humanamente
podemos esperar o imaginar. Amados, sí, por un Dios que
esencialmente nos hizo para amar y que, por eso, nuestro
corazón estará par siempre inquieto hasta que descanse en
Él.
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Observación
desde la redacción de la revista
Las 54 oraciones cósmicas que contiene el compendio serán publicadas en
tres números consecutivos de esta revista. Bajo el título Oraciones
Cósmicas (I) se muestran en este número las 21 primeras.
Oraciones Cósmicas (II) y Oraciones Cósmicas (III) será el título de los
otros dos grupos de oraciones. |
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I. Como tierra
agostada... |
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Como tierra reseca agostada y sin agua,
Así te ansío, Señor.
Manda la lluvia de tu gracia para que mi alma te alabe y
mi corazón vuelva totalmente a ti. Envía desde lo alto
tu gracia y tu bondad.
Haz que el desierto de la humanidad se convierta en
vergel
Donde reine la justicia y habite la verdad.Ven,
Señor Jesús, Maranatha!
Señor, pareciera que siempre ganan los poderosos y el
inocente fuera condenado al anonimato y la vergüenza de
la desgracia infinita. Señor, ven. Ven con la lluvia de
tu gracia para que tu pueblo se alegre y los sencillos
te alaben. Que los trabajadores de las canteras
encuentren que sus manos callosas construyen
-misteriosamente, pero auténticamente- la Nueva
Humanidad. ¡Ven, Señor Jesús! |
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II. Sí, con
las manos abiertas... |
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Sí, con las manos abiertas
Sin ninguna protección.
Espero a la lluvia de tu gracia, Señor.
Ven y penetra todo mi ser,
Lléname de ti y límpiame.
Echo en falta el toque de tu amor.
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III. Domingo
por la tarde... |
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Domingo por la tarde…
Paseo junto al lago,
Sin prisas… ¡tiempo para el amor!
La vida no es una competición
Sino un paseo en la tarde
Donde conocemos nuevas amistades
Para invitarlas a caminar
Disfrutando de las cosas sencillas.
El agua calma nuestra sed
Y refleja la densidad del alma
… Tarde de domingo
Que nos recuerda la Pascua.
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IV. Dios mío,
Dios mío, ... |
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Dios mío, Dios mío,
¿Por que nos has abandonado?
Extiendo mis brazos suplicándote
Sin comprender la suerte que nos ha tocado.
¿Dónde estás, Señor?
En la noche mis ojos se visten de lágrimas;
En la mañana mis esperanzas se desvanecen
Y pareciera que todos desaparecen de mi
vista.
¿Por qué me has abandonado?
En la noche de nuestras vidas
¡Ven y sálvanos!
Manifiesta tu presencia
Y demuestra que no hay Dios fuera de ti.
Y cantaré para siempre
La grandeza de tu nombre. Amén
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V. El
prisionero (I) |
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¿Quién soy yo?
¿Cómo me llamo?
Yo soy nadie,
Sólo un número.
He perdido mi identidad.
Para mí el día
Es como la noche
Y cada noche
Como una eternidad…
¡Siempre esperando
A que amanezca!
Soy solamente una etiqueta
¡Soy solamente un número!
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VI. El
prisionero (II) |
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Señor, te estoy llamando
Pues eres tú mi único rescate.
A ti te llamo, Yahvé, Alá,
Dios, God, Brahma, Nwie-ngong…!
Devuélveme la identidad
Tú que siempre usas mi nombre
Con amor infinito.
Que pueda mirar al cielo
Y libremente llamarte ‘Abba, Padre’.
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VII. ¡Todos a
por agua!... |
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¡Todos a por agua! El agua es la vida. Por
eso, Señor, Tú elegiste el agua para simbolizar la fuerza de tu gracia
dentro del alma. Todos vamos a por agua a la fuente o al pozo. Y es de
ti, fuente de agua viva, de donde sacamos la fuerza para seguir
creyendo, para seguir amando. Y tú llenas el alma con el agua de tu
gracia. Y nos convertimos en pozos, en auténticos aljibes que ofrecen
agua a otros. Y así nos hacemos solidarios y cómplices contigo. La vida
que de ti recibimos y que con todos compartimos. Amén |
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VIII. Las
semillas del Reino... |
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Las semillas del Reino de los Cielos están
plantadas aquí, en la Tierra. Son semillas cristianas pero no
necesariamente cuidadas sólo por los seguidores explícitos del Señor
Resucitado. Hombres como Ghandi supieron también cuidar bien del
‘jardín’ de las semillas del Reino aunque no hubieran confesado
abiertamente al Señor del Jardín, al Resucitado. Pero su palabra y su
vida confesaron, incluso con el martirio, que ‘no estaban lejos del
Reino de los Cielos’ |
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IX. Aquí en la
tierra, Señor... |
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Aquí en la Tierra, Señor, podemos encontrar
ráfagas de la radiación de tu gloria. Aquí en la Tierra encontramos las
huellas vivas de tu toque y de tus huellas dactilares. Aquí en la Tierra
ya podemos encontrar el Cielo. Porque tú eres Amor y donde hay amor allí
estas tú. Y Tú eres el Cielo en la inmensidad del Océano de tu Amor.
Desde la oscuridad de mi vida Tú me invitas
a caminar hacia la irradiación de tu luz infinita, hacia el Cielo. ¡Qué
bello es vivir con la seguridad absoluta de que cada paso que doy me
lleva a un futuro de esperanza, mientras me guía el Amor, mientras
camino en el Amor!
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X. ¿Quién
subirá al monte del Señor?... |
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¿Quien subirá al monte del Señor?
El hombre de manos limpias y de corazón
sincero.
Ese subirá a la montaña del Señor.
Señor, tú me invitas a ascender a alturas
mayores, incluso cuando me veo hundido en el abismo. Y me invitas a
ascender porque me amas y siempre cuentas conmigo. Y me dices
constantemente ‘duc in altum’. Sí, Señor, nos has hecho
para las estrellas, somos ‘polvo estelar’ y quieres que
disfrutemos de la belleza mas allá de la rutina. Nos invitas siempre a
la excitante y siempre inacabada ascensión hasta que un día podamos
verte cara a cara. ¡Qué bello es vivir!
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XI. Tú, Señor,
que conocías... |
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Tú, Señor, que conocías la profundidad del
corazón humano, no encontraste mejor semejanza para hablar de la belleza
oculta, que la presencia de un niño o de una niña. En su mirada
transparente se refleja la pureza y la libertad del deseo espontáneo de
amar y de ser amado, de conocer y de ser conocido. Y por eso nos retaste
con una condición absoluta: ‘Si no cambiáis y os hacéis como
niños…’ Señor, despierta en mí al niño que llevo dentro, y dime
‘talita kumi’. Y entonces me despertaré del letargo y mi vida
será alegría y gozo. Amén. |
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XII. El Arca
de Noé... |
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El Arca de Noé…Sí, es como si el mito
bíblico se hiciera realidad en la experiencia de los pobres asaltados
por las aguas torrenciales. Pero a ellos no les ha dado tiempo de
construir un arca. Simplemente se sirven de un islote de tierra firme
adonde hombres y mujeres y animales de toda especie se dan cita para la
supervivencia.
Señor, Tú no olvidas la vida de los pobres.
Y cuando las adversidades se envalentonan, entonces Tú, de manera
providencial, te haces cercano. Tú eres el único refugio de los pobres.
Ayúdame a convertirme a ti, el Dios Humano y Sencillo.
Ayúdame a acercarme, desde ti, a todos aquellos que sufren. No olvides,
Señor, la vida de tus pobres. Amén.
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XIII. Hablar
de los pobres es fácil... |
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Hablar de los pobres es fácil. Ser pobre es
muy difícil, tanto para el que lo es por haber recibido este lote de la
vida, como para el que de verdad quiere ser pobre por el Reino de los
Cielos. Elegir ser pobre por causa del Señor Jesús implica un proceso de
pasión y enamoramiento que lleva primero al deseo de la plena
identificación con EL y con sus pobres, ya que uno llega a entender que
son ellos el icono viviente de lo que Jesús de Nazaret es
(misericordia y compasión de parte del Padre) y de lo que El ha venido a
hacer (establecer su Reino con las solas armas del poder del amor). Por
eso, esta es mi oración ‘Señor
Jesús, sácame del letargo y la rutina y conviérteme a Ti para que mi
corazón se haga sensible a los más pobres de la Tierra. Amén’ |
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XIV. Señor, tu
gracia se derrama... |
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Señor, tu gracia se derrama como la lluvia
torrencial
Siempre y sobre todos, buenos y malos.
Tu gracia da vida
Y nos despierta a la esperanza
Sacándonos de la rutina,
Del miedo de la somnolencia y el hastió.
Tu gracia vale más que la vida.
¡Te alabarán mis labios!
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XV. Cuando Tú
me miras, mi Dios,... |
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Cuando Tú me miras, mi Dios,
Nunca me condenas.
Tu mirada penetra mi corazón
Y me llenas del Océano de tu amor
Y tiernamente me enamoras.
Tus ojos reflejan tu amor
Y me inundan de tu luminosidad
Trasformándome en tu imagen.
Y cuanto más me expongo a ti,
A tus divinos rayos de amor
Más tú destruyes mis adherencias
Y los límites de mi pecado.
Y así avanzo, paso a paso,
Hacia tu divina presencia.
Y sé que un día,
Al atardecer de mi vida,
Mis ojos te verán
Contemplando tu eterno amanecer.
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XVI. ¡Si los
que todavía no te conocen... |
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¡Si los que todavía no te conocen
Llegaran a saber un día que Tú eres el único
Dios…
Si llegaran a entender que Tú te has hecho
uno con nosotros…
Si ellos llegaran a intuir que eres amor y
vida…
Si ellos llegaran a conocer que cada vida
humana vale cuanto ama…!
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XVII. Dios |
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Dios es como una Madre que disfruta viendo a
sus hijos felices. Cada acontecimiento de mi vida es parte del juego de
Dios conmigo, es un juego de amor.
‘Como un niño en las manos de su
madre…’
Sí, así es el corazón y el rostro de Dios, como el de
una Madre que abraza y acaricia a su hijo con ternura infinita.
¡Y que el mundo entero se desplome si
quiere! El Señor está de nuestra parte, ¿Quién estará contra nosotros?
Estamos para siempre ‘condenados’ a la felicidad por el
Dios que nos ama de una manera loca; Él ha venido a nuestra ribera y ha
muerto de amor por nosotros. ¿Alguien da más por otro dios? ¡Imposible!
Alegrémonos siempre en el Señor, sí, ¡alegrémonos!
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XVIII. Si
hiciésemos una competición... |
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Si
hiciésemos una competición para ver cual es el pueblo
que menos ríe en el mundo entero, seguro que Europa y
América del Norte ganarían. Por el contrario nos
sorprenderíamos al ver que los más pobres son los más
risueños. ¿Por qué? Porque ellos no tienen una creación
‘sintética’ de lo humano. Ellos son cabalmente humanos;
no tienen nada que vender a la galería, nada de que
defenderse. Son genuinamente humanos, especialmente los
niños. Sin ninguna duda ésta es la razón por la que
Cristo dice que
‘la Buena
Noticia es anunciada a los pobres’. |
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XIX. Los
pobres se contentan con poco... |
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Los
pobres se contentan con poco, con casi nada. De hecho no
tienen nada. Nosotros, los religiosos, no acabamos de
comprender la lógica de Dios quien llama a los pobres
‘bienaventurados’
invitándonos a ser como ellos. |
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XX. Yo quiero
ser, mi Dios, ... |
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Yo quiero ser, mi Dios, el perfecto
danzarín de tu música. Así pues ábreme el oído a tu sinfonía y
prepara todo mi ser (cuerpo, mente, corazón y espíritu) para actuar en
la Danza Divina de la Vida. Y los espectadores (aquellos con quienes
entraré en contacto) se alegrarán y te aplaudirán. Y entonces, cuando mi
actuación haya terminado, me retiraré en silencio mientras el público
(tuyo y mío, mi Dios) continua aplaudiendo para ti, maestro de la
sinfonía del mundo y director de mi danza. Amén. |
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XXI. Cuando Tú
me mirabas... |
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Cuando Tú me mirabas
Tu gracia en mi tus ojos imprimían
Y así me moldeabas
Y me diste gratuitamente
La gloria que mis pobres ojos
Lograban arrebatar en tu hermosura.
Porque para Dios
Mirar a las personas es lo mismo que
amarlas.
¡Oh, fuente cristalina
Si sobre tu superficie de agua plateada
Pudieras de repente
Imprimir la riqueza de tu luz
Que impregna mi corazón!
Un día, mi Dios, mis ojos te verán y te
poseerán y ya para siempre, inundado de tu amor, te amaré con la
intensidad con que tú me amas.
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