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ORACIONES CÓSMICAS (I)

Fernando Negro Marco, Sch. P. (India, Bangalore 2005)

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INTRODUCCIÓN

Este pequeño compendio de oraciones escritas más o menos al ritmo del paso cotidiano de la vida, son pequeños tallos de árboles que pueden llegar a ser gigantes.

El encuentro con el Dios Vivo dentro de nosotros y alrededor nuestro, como si fuera un viento invisible que nos abraza y nos invade, nos hace crecer como personas a la vez que nos diviniza en un proceso ascendente en cual se dan también cita crisis, caídas, marchas atrás o paradas abruptas. Pero lo importante es que no dejemos lugar a la desesperación. Importa que miremos siempre adelante y caminemos sabiendo que el poder de la gracia es más fuerte que nuestra mediocridad.

Estas ‘Oraciones Cósmicas’ nos adentran en la creación entera que gime con dolores de parto hasta que se revele en todo y en todos que somos plenamente lo que ya sabemos que somos: ‘Hijos de un Dios Bueno’ que se goza en nuestra Bondad, aun en medio de nuestra mediocridad.

El arte de orar no está lejos de nuestro alcance. Basta con que tengamos la consciencia clara de estar bañados, por así decirlo, de Dios. Una religiosa Carmelita le decía a Juan de la Cruz que para ella ‘Orar es mirar la hermosura de Dios y holgarme de que la tenga’. Pues eso, no se trata de especulaciones ni métodos complicados, sino de descubrir que hay tanta belleza escondida dentro y fuera de nosotros, que si de verdad llegáramos a descubrirla el gozo sería nuestra cárcel y la libertad nuestra condena.

Ojalá que todos los que lean este pequeño trabajo encuentren en él un aliciente para vivir en la confianza y la alegría de saberse amados más aún de lo que humanamente podemos esperar o imaginar. Amados, sí, por un Dios que esencialmente nos hizo para amar y que, por eso, nuestro corazón estará par siempre inquieto hasta que descanse en Él.

Observación desde la redacción de la revista

Las 54 oraciones cósmicas que contiene el compendio serán publicadas en tres números consecutivos de esta revista. Bajo el título Oraciones Cósmicas (I) se muestran en este número las 21 primeras. Oraciones Cósmicas (II) y Oraciones Cósmicas (III) será el título de los otros dos grupos de oraciones.

I. Como tierra agostada...

Como tierra reseca agostada y sin agua,

Así te ansío, Señor.

Manda la lluvia de tu gracia para que mi alma te alabe y mi corazón vuelva totalmente a ti. Envía desde lo alto tu gracia y tu bondad.

Haz que el desierto de la humanidad se convierta en vergel

Donde reine la justicia y habite la verdad.Ven,

Señor Jesús, Maranatha!

Señor, pareciera que siempre ganan los poderosos y el inocente fuera condenado al anonimato y la vergüenza de la desgracia infinita. Señor, ven. Ven con la lluvia de tu gracia para que tu pueblo se alegre y los sencillos te alaben. Que los trabajadores de las canteras encuentren que sus manos callosas construyen -misteriosamente, pero auténticamente- la Nueva Humanidad. ¡Ven, Señor Jesús!

 

II. Sí, con las manos abiertas...

Sí, con las manos abiertas

Sin ninguna protección.

Espero a la lluvia de tu gracia, Señor.

Ven y penetra todo mi ser,

Lléname de ti y límpiame.

Echo en falta el toque de tu amor.

 

III. Domingo por la tarde...

Domingo por la tarde…

Paseo junto al lago,

Sin prisas… ¡tiempo para el amor!

La vida no es una competición

Sino un paseo en la tarde

Donde conocemos nuevas amistades

Para invitarlas a caminar

Disfrutando de las cosas sencillas.

El agua calma nuestra sed

Y refleja la densidad del alma

… Tarde de domingo

Que nos recuerda la Pascua.

 

IV. Dios mío, Dios mío, ...

Dios mío, Dios mío,

¿Por que nos has abandonado?

Extiendo mis brazos suplicándote

Sin comprender la suerte que nos ha tocado.

¿Dónde estás, Señor?

En la noche mis ojos se visten de lágrimas;

En la mañana mis esperanzas se desvanecen

Y pareciera que todos desaparecen de mi vista.

¿Por qué me has abandonado?

En la noche de nuestras vidas

¡Ven y sálvanos!

Manifiesta tu presencia

Y demuestra que no hay Dios fuera de ti.

Y cantaré para siempre

La grandeza de tu nombre. Amén

 

V. El prisionero (I)

¿Quién soy yo?

¿Cómo me llamo?

Yo soy nadie,

Sólo un número.

He perdido mi identidad.

Para mí el día

Es como la noche

Y cada noche

Como una eternidad…

¡Siempre esperando

A que amanezca!

Soy solamente una etiqueta

¡Soy solamente un número!

 

VI. El prisionero (II)

Señor, te estoy llamando

Pues eres tú mi único rescate.

A ti te llamo, Yahvé, Alá,

Dios, God, Brahma, Nwie-ngong…!

Devuélveme la identidad

Tú que siempre usas mi nombre

Con amor infinito.

Que pueda mirar al cielo

Y libremente llamarte ‘Abba, Padre’.

 

VII. ¡Todos a por agua!...

¡Todos a por agua! El agua es la vida. Por eso, Señor, Tú elegiste el agua para simbolizar la fuerza de tu gracia dentro del alma. Todos vamos a por agua a la fuente o al pozo. Y es de ti, fuente de agua viva, de donde sacamos la fuerza para seguir creyendo, para seguir amando. Y tú llenas el alma con el agua de tu gracia. Y nos convertimos en pozos, en auténticos aljibes que ofrecen agua a otros. Y así nos hacemos solidarios y cómplices contigo. La vida que de ti recibimos y que con todos compartimos. Amén

 

VIII. Las semillas del Reino...

Las semillas del Reino de los Cielos están plantadas aquí, en la Tierra. Son semillas cristianas pero no necesariamente cuidadas sólo por los seguidores explícitos del Señor Resucitado. Hombres como Ghandi supieron también cuidar bien del ‘jardín’ de las semillas del Reino aunque no hubieran confesado abiertamente al Señor del Jardín, al Resucitado. Pero su palabra y su vida confesaron, incluso con el martirio, que ‘no estaban lejos del Reino de los Cielos’

 

IX. Aquí en la tierra, Señor...

Aquí en la Tierra, Señor, podemos encontrar ráfagas de la radiación de tu gloria. Aquí en la Tierra encontramos las huellas vivas de tu toque y de tus huellas dactilares. Aquí en la Tierra ya podemos encontrar el Cielo. Porque tú eres Amor y donde hay amor allí estas tú. Y Tú eres el Cielo en la inmensidad del Océano de tu Amor.

Desde la oscuridad de mi vida Tú me invitas a caminar hacia la irradiación de tu luz infinita, hacia el Cielo. ¡Qué bello es vivir con la seguridad absoluta de que cada paso que doy me lleva a un futuro de esperanza, mientras me guía el Amor, mientras camino en el Amor!

 

X. ¿Quién subirá al monte del Señor?...

¿Quien subirá al monte del Señor?

El hombre de manos limpias y de corazón sincero.

Ese subirá a la montaña del Señor.

Señor, tú me invitas a ascender a alturas mayores, incluso cuando me veo hundido en el abismo. Y me invitas a ascender porque me amas y siempre cuentas conmigo. Y me dices constantemente ‘duc in altum’. Sí, Señor, nos has hecho para las estrellas, somos ‘polvo estelar’ y quieres que disfrutemos de la belleza mas allá de la rutina. Nos invitas siempre a la excitante y siempre inacabada ascensión hasta que un día podamos verte cara a cara. ¡Qué bello es vivir!

 

XI. Tú, Señor, que conocías...

Tú, Señor, que conocías la profundidad del corazón humano, no encontraste mejor semejanza para hablar de la belleza oculta, que la presencia de un niño o de una niña. En su mirada transparente se refleja la pureza y la libertad del deseo espontáneo de amar y de ser amado, de conocer y de ser conocido. Y por eso nos retaste con una condición absoluta: ‘Si no cambiáis y os hacéis como niños…’ Señor, despierta en mí al niño que llevo dentro, y dime ‘talita kumi’. Y entonces me despertaré del letargo y mi vida será alegría y gozo. Amén.

 

XII. El Arca de Noé...

El Arca de Noé…Sí, es como si el mito bíblico se hiciera realidad en la experiencia de los pobres asaltados por las aguas torrenciales. Pero a ellos no les ha dado tiempo de construir un arca. Simplemente se sirven de un islote de tierra firme adonde hombres y mujeres y animales de toda especie se dan cita para la supervivencia.

Señor, Tú no olvidas la vida de los pobres. Y cuando las adversidades se envalentonan, entonces Tú, de manera providencial, te haces cercano. Tú eres el único refugio de los pobres. Ayúdame a convertirme a ti, el Dios Humano y Sencillo. Ayúdame a acercarme, desde ti, a todos aquellos que sufren. No olvides, Señor, la vida de tus pobres. Amén.

 

XIII. Hablar de los pobres es fácil...

Hablar de los pobres es fácil. Ser pobre es muy difícil, tanto para el que lo es por haber recibido este lote de la vida, como para el que de verdad quiere ser pobre por el Reino de los Cielos. Elegir ser pobre por causa del Señor Jesús implica un proceso de pasión y enamoramiento que lleva primero al deseo de la plena identificación con EL y con sus pobres, ya que uno llega a entender que son ellos el icono viviente de lo que Jesús de Nazaret es (misericordia y compasión de parte del Padre) y de lo que El ha venido a hacer (establecer su Reino con las solas armas del poder del amor). Por eso, esta es mi oración ‘Señor Jesús, sácame del letargo y la rutina y conviérteme a Ti para que mi corazón se haga sensible a los más pobres de la Tierra. Amén’

 

XIV. Señor, tu gracia se derrama...

Señor, tu gracia se derrama como la lluvia torrencial

Siempre y sobre todos, buenos y malos.

Tu gracia da vida

Y nos despierta a la esperanza

Sacándonos de la rutina,

Del miedo de la somnolencia y el hastió.

Tu gracia vale más que la vida.

¡Te alabarán mis labios!

 

XV. Cuando Tú me miras, mi Dios,...

Cuando Tú me miras, mi Dios,

Nunca me condenas.

Tu mirada penetra mi corazón

Y me llenas del Océano de tu amor

Y tiernamente me enamoras.

Tus ojos reflejan tu amor

Y me inundan de tu luminosidad

Trasformándome en tu imagen.

Y cuanto más me expongo a ti,

A tus divinos rayos de amor

Más tú destruyes mis adherencias

Y los límites de mi pecado.

Y así avanzo, paso a paso,

Hacia tu divina presencia.

Y sé que un día,

Al atardecer de mi vida,

Mis ojos te verán

Contemplando tu eterno amanecer.

 

XVI. ¡Si los que todavía no te conocen...

¡Si los que todavía no te conocen

Llegaran a saber un día que Tú eres el único Dios…

Si llegaran a entender que Tú te has hecho uno con nosotros…

Si ellos llegaran a intuir que eres amor y vida…

Si ellos llegaran a conocer que cada vida humana vale cuanto ama…!

 

XVII. Dios

Dios es como una Madre que disfruta viendo a sus hijos felices. Cada acontecimiento de mi vida es parte del juego de Dios conmigo, es un juego de amor.

‘Como un niño en las manos de su madre…’ Sí, así es el corazón y el rostro de Dios, como el de una Madre que abraza y acaricia a su hijo con ternura infinita.

¡Y que el mundo entero se desplome si quiere! El Señor está de nuestra parte, ¿Quién estará contra nosotros? Estamos para siempre ‘condenados’ a la felicidad por el Dios que nos ama de una manera loca; Él ha venido a nuestra ribera y ha muerto de amor por nosotros. ¿Alguien da más por otro dios? ¡Imposible! Alegrémonos siempre en el Señor, sí, ¡alegrémonos!

 

XVIII. Si hiciésemos una competición...

Si hiciésemos una competición para ver cual es el pueblo que menos ríe en el mundo entero, seguro que Europa y América del Norte ganarían. Por el contrario nos sorprenderíamos al ver que los más pobres son los más risueños. ¿Por qué? Porque ellos no tienen una creación ‘sintética’ de lo humano. Ellos son cabalmente humanos; no tienen nada que vender a la galería, nada de que defenderse. Son genuinamente humanos, especialmente los niños. Sin ninguna duda ésta es la razón por la que Cristo dice que ‘la Buena Noticia es anunciada a los pobres’.

 

XIX. Los pobres se contentan con poco...

Los pobres se contentan con poco, con casi nada. De hecho no tienen nada. Nosotros, los religiosos, no acabamos de comprender la lógica de Dios quien llama a los pobres ‘bienaventurados’ invitándonos a ser como ellos.

 

XX. Yo quiero ser, mi Dios, ...

Yo quiero ser, mi Dios, el perfecto danzarín de tu música. Así pues ábreme el oído a tu sinfonía y prepara todo mi ser (cuerpo, mente, corazón y espíritu) para actuar en la Danza Divina de la Vida. Y los espectadores (aquellos con quienes entraré en contacto) se alegrarán y te aplaudirán. Y entonces, cuando mi actuación haya terminado, me retiraré en silencio mientras el público (tuyo y mío, mi Dios) continua aplaudiendo para ti, maestro de la sinfonía del mundo y director de mi danza. Amén.

 

XXI. Cuando Tú me mirabas...

Cuando Tú me mirabas

Tu gracia en mi tus ojos imprimían

Y así me moldeabas

Y me diste gratuitamente

La gloria que mis pobres ojos

Lograban arrebatar en tu hermosura.

Porque para Dios

Mirar a las personas es lo mismo que amarlas.

¡Oh, fuente cristalina

Si sobre tu superficie de agua plateada

Pudieras de repente

Imprimir la riqueza de tu luz

Que impregna mi corazón!

Un día, mi Dios, mis ojos te verán y te poseerán y ya para siempre, inundado de tu amor, te amaré con la intensidad con que tú me amas.