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viendo a tus alumnos. Si cada cara de un niño o niña es para ti un alma que hay que cultivar. Si cada hora de clase se te ha escapado aprisa. Si amas tu trabajo más cada día que pasa. Si las dificultades y obstáculos te encuentran sonriente. Si llegas a hacer de tu aula un lugar amable y alegre. Si sabes compaginar la justicia y la verdad con el amor y el perdón. Si sabiendo tantas cosas no te crees sabio y sabes volver a estudiar lo que creías saber. Si, en lugar de sólo interrogar, sabes, sobre todo, responder. Si sabes ser niño permaneciendo maestro. Si ante la belleza sabes sorprenderte y tu vida es lección y tu palabra silencio. Si a tu lado tus alumnos aman la vida y están locos por gozar cada día de ella. Si has conseguido despertarles la pasión de ser y vivir lo que cada uno ya es, entonces... tú eres MAESTRO.
Padre nuestro, que estás en el interior de cada niño y joven. Ayúdame a entrar en el lugar sagrado de su corazón,
en el resplandor de la Verdad en él. Santificado sea tu nombre: que en la relación con mis alumnos y compañeros, en los pasillos y en las clases, en los recreos y en nuestras conversaciones, en nuestros claustros y evaluaciones, brille tu amor a través nuestro y quede glorificado tu nombre. Que nuestro centro sea una parábola de tu Reino: Para ello, te pedimos que nos ayudes a vivir en nuestras relaciones la verdad, la justicia y el amor. Que en nuestros planes y proyectos se haga tu voluntad y no la nuestra; para que tu plan de salvación sea realidad entre nosotros. Sigue dándonos, Padre, el pan de nuestro sustento de cada día y el de nuestras familias. A la vez que te decimos que deseamos ser generosos y compartirlo con quienes más lo necesitan. Perdona nuestras injusticias, nuestros enfados, ignorancias y debilidades, ya que nosotros queremos perdonar las ofensas que hemos recibido. No nos dejes solos, no sea que nos desviemos de tu proyecto de vida o caigamos en la tentación del abandono, la desesperanza y el desánimo. Y sigue caminando a nuestro lado, como el ángel Rafael con Tobías. Manda muchos ángeles de la guarda sobre nuestros alumnos; guíalos tú, cuídalos tú, que también son hijos tuyos. Amén
por mis hermanos y hermanas de comunidad. Tú los conoces personalmente: conoces su nombre y apellido, sus virtudes y defectos, sus alegrías y sus penas, su fortaleza y su debilidad, sabes toda su historia. Los aceptas como son y vivificas con tu Espíritu. Tú, Señor, los amas no porque sean buenas personas, sino porque son hijos tuyos. Enséñame a querer de verdad a cada uno Tal como amaba tu Hijo Jesús: no por sus palabras u obras, sino por ser ellos mismos, descubriendo en cada cual, especialmente en los más débiles, el misterio de tu amor incondicional y gratuito. Te doy gracias, Padre, porque me has dado hermanos y hermanas con quienes recorrer en compañía, en comunidad, el camino de la vida. Son un regalo tuyo para mí, un verdadero sacramento, signo sensible y eficaz de tu presencia ante mí. Dame la mirada de Jesús para mirarlos con tu mirada y dame su corazón para amarlos con su corazón generoso y tierno, porque también yo quiero ser para ellos y ellas sacramento vivo de tu presencia ante ellos.
danos una comunidad abierta, confiada y pacífica, invadida por el gozo de tu Espíritu Santo. Una comunidad entusiasta, que sepa cantar a la vida, vibrar ante la belleza, estremecerse ante el misterio y anunciar el Reino de tu amor. Que llevemos la fiesta en el corazón, aunque sintamos la presencia del dolor en nuestro camino, porque sabemos que tú eres un Dios de vida y has vencido el dolor y la muerte. Que las tensiones no nos acobarden, ni nos ahoguen los conflictos que puedan surgir entre nosotros; porque contamos, en nuestra debilidad, con la fuerza creadora y renovadora de tu Espíritu entre nosotros. Regala, Señor, a esta familia tuya, una gran dosis de buen humor para que sepa desdramatizar situaciones difíciles y sonreír abiertamente a la vida. Haznos expertos en deshacer nudos y en romper cadenas, en abrir surcos y en esparcir semillas; en curar heridas y en mantener viva la esperanza. Y concédenos ser, con nuestro comportamiento sencillo y cercano, testigos y profetas de verdadera alegría en un mundo abatido por la violencia y la tristeza.
porque me permites entrar en comunión con todos los hermanos y hermanas. Guíanos tú, Padre, en este camino. Pon en nuestra boca las palabras verdaderas. Pon en nuestro corazón los sentimientos verdaderos. Pon en nuestras manos y en nuestros cuerpos los gestos y las acciones verdaderas. No permitas que nada en nosotros sea artificial o forzado. Haz crecer en nosotros la espontaneidad y la verdad del servicio. Haz que podamos ver cuanto hay en nosotros de agresividad, de resistencia a los demás, de desconfianza, de miedo. Líbranos, Señor, y esclarece en nosotros todo lo que nos enfrenta a los otros. Haznos caminar por el sendero de tu paz. Danos tú, Señor, seguridad en nuestra debilidad. Conforta nuestra fragilidad. Reúne nuestros pensamientos y sentimientos dispersos. Reunifica y concentra nuestras energías que vagan distraídas por mil temores, por mil deseos, por mil miedos. Recógenos a todos y todas en la unidad en el centro de la unidad, en ti, Padre y Madre Dios de todas las personas.
Permaneceré en silencio,
a la espera de una palabra que venga de Ti. Sólo entonces pronunciaré tu nombre. No opinaré sobre Ti, hasta que tu luz no deslumbre mi espíritu. Sólo entonces hablaré de Ti. Antes de trabajar la tierra, antes de abrir los brazos, dejaremos que el fuego de tu amor imprima su ley en la palma de nuestras manos. Sólo entonces cambiaremos el mundo, nos abrazaremos y nuestras manos aplaudirán para Ti. Que así sea! |
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