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E D I T O R I A L UNA MENTE Y UN CORAZÓN EVANGELIZADOS P. Javier Negro, Sch. P. |
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.El
tema central de este número es “la Pastoral en nuestras
En el mundo semítico antiguo, el corazón y la mente de la persona, esas sedes humanas tan citadas en la Biblia, era ese espacio recóndito en el que se deciden y desde donde salen las acciones, los pensamientos y los sentimientos que luego condicionan y dan calidad, en uno u otro sentido, a la actividad, a las relaciones, al posicionamiento ante la vida. A este nido interior es al que se refiere Jesús en el Evangelio cuando habla de lavar el interior del plato, o cuando dice, por ejemplo, que lo que verdaderamente daña a la persona no es lo que entra, sino lo que sale del interior.
Bien, pues un
agente de pastoral, un educador en un centro educativo de Iglesia, un
maestro o maestra en un colegio escolapio tiene que tener el alma, la
mente, el corazón y las manos (pensar, sentir, hacer) evangelizados para
evangelizar; es decir, “tocados y bañados” de Dios y del Evangelio de
Jesucristo y aireados por la
Hoy tal vez más que nunca es preciso que nosotros, los cristianos, nos acostumbremos a convalidar nuestra escuela no tanto por sus derechos como por sus signos. Resulta prioritario hoy (anterior a toda dialéctica sobre los derechos que tantas energías nos ha consumido) el optar por su significación social y eclesial. Y ésta nos la jugamos en la validez educativa, en la apertura social global, actitud tan calasancia, y por la claridad y frescura de nuestra identidad evangelizadora; todo lo cual sólo será realidad en la medida en que sea real, claro, diáfano y verdadero en el corazón, en la mente y en la acción del agente del colegio y de la obra escolapia. Como otras veces hemos dicho y oído, hoy, para la gran mayoría de nuestros destinatarios (niños y jóvenes) sólo los agentes del colegio escolapio (desde la persona que recibe, hasta el director y el Provincial) son, somos, seremos, la única página de Evangelio que leerán. Lo cual no es sólo toque de responsabilidad, sino ocasión y motivo de gozo al comenzar cada día nuestra misión. Porque no somos llamados a una tarea pesada y dura; y si lo vivimos así tendremos que preguntarnos muchas cosas, ya que Dios no puede querer ese peso sobre nuestras espaldas. |