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F E   Y   T E A T R O

Ángel Martínez

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“Una fe que no se convierte en cultura es una fe no acogida en plenitud, no pensada en su totalidad, no vivida con fidelidad”.

Juan Pablo II

Carta autógrafa por la que se instituye el Consejo Pontificio de la Cultura (20 de Mayo de 1982)

En muchas ocasiones se recurre a la necesidad de estar presentes en los ambientes. Éste ha sido incluso un objetivo, durante años, de la Delegación de Pastoral Juvenil de la Diócesis de Zaragoza. Moverse con los jóvenes, y con los no tan jóvenes, en su ambiente es algo que se revela cada día de forma más intensa para poder llegar a transmitir y vivir con intensidad nuestra fe. Esta forma de evangelización está entre los nuevos caminos que se recorren para revitalizar el papel de la Iglesia en nuestra sociedad, para hacer llegar a los menos cercanos la vocación y la llamada que sentimos los cristianos. En esta línea no debemos olvidar la necesidad, como decía la cita de Juan Pablo II, de convertir nuestra fe en cultura. Para acoger nuestra fe en plenitud debemos acogerla en la mayor plenitud del hombre, debemos vivirla en cada uno de los ámbitos en que el hombre puede desarrollar la sensibilidad, los conocimientos, la estética…

Tradicionalmente en la Iglesia se han relacionado de forma inequívoca con la fe algunas manifestaciones culturales como la pintura, la música o el teatro. Hubo una época en que este último era el medio de transmisión privilegiado en la sociedad pero con el paso de los años, o más bien de los siglos, ha ido quedando relegado a un segundo plano. Esto no ha sucedido con otras manifestaciones como la escultura, la pintura o incluso la música.

El propio teatro ha ido sufriendo un cambio en la sociedad pero no deberíamos, con audacia, dejar de aprovechar cualquier recurso para la transmisión de la fe, para el compromiso con la religión por parte de los jóvenes y de los adultos.

A lo largo de la historia de las Órdenes y Congregaciones religiosas del ámbito educativo el teatro, de una forma u otra, ha estado presente. Juan Cervera en su libro Historia crítica del teatro infantil español menciona el teatro de los jesuitas, de los escolapios y de los salesianos. En este artículo no es posible desarrollar demasiados aspectos diferenciadores pero tal vez podamos dejar un apunte en relación a este tema.

Tanto en el caso de los escolapios como de los salesianos siempre se presentó una cierta “precaución” con los aspectos inmorales que estaban asociados al teatro preservando a sus escuelas de estos peligros. En el caso de los escolapios, en vida de San José de Calasanz, se llegó incluso a prohibir en un capítulo general la representación de obras de teatro en las escuelas. Esta prohibición fue revocada posteriormente en varias ocasiones por el propio San José de Calasanz para utilizar el teatro como medio de transmisión de las Sagradas Escrituras a los alumnos. El permiso especial se concedió en carnavales para poder presentar “otra realidad” a la que se mostraba en las calles de Roma o en Semana Santa.

Posteriormente se han recogido, de algunos escolapios (P. Francesco Apa de Florencia, P. Bafici de Nikolsburg…), aportaciones interesantes al mundo del teatro tanto en forma de obras escritas como de representaciones realizadas aunque la congregación que ha estado íntimamente ligada al teatro ha sido la de los Salesianos. El término “teatro salesiano” recoge no solo una colección de obras de teatro que permitía la representación en sus escuelas sino una forma de hacer teatro.

Don Bosco, en épocas más cercanas a la nuestra, entendió el teatro no solo como una forma de transmisión de la fe sino como un momento de encuentro con los jóvenes y de presencia en sus tiempos de ocio y esparcimiento. Es indudable que el ministerio de los salesianos, más orientado hacia los jóvenes, permitió el desarrollo en sus escuelas de estas disciplinas. Era aconsejado en tiempo de Don Bosco que en cada una de las escuelas hubiera un salón de actos y se desarrollaran estas actividades.

La realización de las actividades teatrales en las escuelas católicas, teniendo en cuenta que hasta hace poco eran masculinas o femeninas, llevó a los autores a adaptar obras de los clásicos, de las Sagradas Escrituras o a la redacción de nuevas obras en algunos casos un tanto desvirtuadas debido a la necesidad de que todos los actores fueran del mismo sexo. En algunas de estas obras se llegó a conseguir hilar historias interesantes pero en otros casos el resultado final resultaba muy dudoso en cuanto a la forma como el contenido. Como indicaba anteriormente, en esta tarea se recoge la reseña por parte de Juan Cervera de algún escolapio y desde luego de la colección de teatro salesiano continuada hasta hoy en día por la editorial CCS.

A lo largo de la historia ha habido en algunos momentos (no debemos olvidar que hablamos de más de 400 años) dificultades en cuanto a plantear el teatro en la escuela pero esta actividad fue rescatada por los propios fundadores de los Institutos para bien de los colegios y a lo largo de los años se han ido desarrollando diferentes representaciones de un carácter variado.

¿En qué situación nos encontramos hoy en día? En las últimas décadas se ha vivido un auge de las actividades teatrales y de la dramatización en las escuelas, no sólo desde un punto de vista de transmisión de conocimientos o de las Sagradas Escrituras, sino desde un punto de vista educativo como una herramienta al servicio del desarrollo de la persona y en caso de las escuelas católicas de transmisión de la fe.

En los años setenta resurge de un grupo de educadores de forma bastante intensa la idea de llevar la dramatización a la escuela y esta corriente es recogida años después por la LOGSE, que llega a introducir en los planes de estudio de primaria la Dramatización. Hoy en día si nos enfrentamos con el teatro en nuestros procesos de pastoral, en nuestros grupos y en nuestros colegios podemos utilizar este trabajo desde una doble vertiente. Por un lado, como medio de transmisión como, por ejemplo, Jesucristo SuperStar, Francisco y su gente (musical de San Francisco de Asis), La fuerza de un sí (sobre Sta. Paula Montal), Como grano de trigo (de los escolapios valencianos) o El Sueño de Educar (de los alumnos de Cristo Rey); y, por otro lado, como medio de evangelización siendo los destinatarios los protagonistas de este proceso.

El desarrollo de una actividad dramática lleva implícito un análisis del objeto de nuestro trabajo y un conocimiento de los diferentes niveles expresivos (lingüístico, corporal, rítmico-musical y plástico) que difícilmente se pueden desarrollar de forma tan integrada con otras disciplinas educativas.

Lo que resulta llamativo es lo poco que se ha “explotado” esta “herramienta educativa” en los colegios, en los grupos. Cuando me enfrenté por primera vez al desarrollo de este tema (en respuesta a una demanda sobre el tema de la Tercera Demarcación), me sorprendió la ausencia de referencias bibliográficas y de experiencias en este campo, más allá de las obras de teatro “sacro” que podamos encontrar hoy en día entre los libros de la colección de teatro de CCS. Este es un dato significativo. La segunda fuente que utilicé para desarrollar el cuerpo de una ponencia fue la revista Misión Joven y mi sorpresa fue que después de repasar exhaustivamente decenas de revistas, prácticamente las correspondientes a una década, lo único que se acercaba a lo que desarrollo en este artículo eran varios artículos sobre Expresión Corporal de Siro López. Esta ausencia de material ya denota la escasa relevancia que se ha dado a este aspecto como medio de vivencia y desarrollo de la fe; sin embargo son abundantes los libros y artículos sobre Música y Cine en relación a la pastoral.

Desde el Taller de Teatro Calasancio, asociación en la que he desarrollado múltiples experiencias y actividades teatrales, hemos realizado diferentes actividades (generalmente en colaboración con la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Grupos Calasanz) en relación al teatro y la fe y el resultado ha sido siempre muy satisfactorio. Así mismo he desarrollado varias jornadas de formación de profesorado en relación a este tema y siempre se ha considerado a la luz del trabajo desarrollado que la aplicación en la clase de religión es sencilla y eficaz.

En línea con lo que se trabaja en la dramatización, siempre antes de comenzar la actividad, se dedica tiempo a definir el tema de la actividad, el argumento y las relaciones que se establecen entre los protagonistas del trabajo que vamos a desarrollar. Posteriormente, en un trabajo en el que intervienen los cuatro niveles de expresión definiremos los personajes presentes, el espacio y el tiempo. De esta forma podemos desarrollar parábolas, cuentos e historias actualizadas a nuestros tiempos, parte de la historia bíblica, reflexiones de acción social, etc. De esta forma, con un trabajo sistemático se puede ahondar en el aspecto que más interese trabajar.

Hoy en día debemos estar atentos a los recursos que tenemos para la transmisión de la fe, para la reflexión y vivencia de lo que vivimos a la luz de nuestra fe.

Algunas referencias bibliográficas:

ASIAIN, M. A. (1991): El año con Calasanz. Publicaciones ICCE, Madrid.

BONGIOANNI, M. (1992): Don Bosco y el Teatro. Editorial CCS, Madrid.

CERVERA, J. (1982b): Historia crítica del teatro infantil español. Editora Nacional, Madrid.

CERVERA, J. (1982a): Cómo practicar la dramatización con niños de 4 a 14 años. Cincel.Kapelusz, Madrid.

Coord. CONGREGACIÓN GENERAL (1995): Espiritualidad y pedagogía de San José de Calasanz. Ensayo de síntesis.  Publicaciones ICCE, Madrid.

GINET, A. (2000): “Arte y fe: necesidad y camino del creyente”. Misión Joven, 280, 5-12.

LÓPEZ, S. (2000): “Estética renovada y compartida”. Misión Joven, 280, 23-32.

SÁNTHA, G. (1984): San José de Calasanz. Obra pedagógica. BAC, Madrid.

VILLEGAS, J. (1997): “Juventud y cultura: narraciones para aprender a vivir”. Misión Joven, 249, 21-32.

VILLEGAS, J. (2000): “Cultura para recrear la vida”. Misión Joven, 280, 13-22.