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HISTORIA DE UN PROFESOR Toñi Hervás Moreno, Coord. Pastoral Barbastro |
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Una mañana de agosto sonó el teléfono... -Dígame- dijo el profesor.
El profesor
se quedó algo perplejo pues aquello no se lo esperaba, sí que había
dejado el curriculum hacía tiempo pero no creía que le llamaran.
Llegaron las cinco y
El profesor se fue a casa con el libro bajo el brazo, la imagen que él tenía de un rector se había desvanecido por completo, pues aquel escolapio le había parecido una persona que irradiaba paz y mucha serenidad... le había gustado. ...Empezaron las clases y a este profesor no se le olvidaba aquella frase del cuadro ¿cómo se llevaría a cabo esa misión de educar y evangelizar a la vez, en estos tiempos donde el tema religioso estaba tan... olvidado...? Nada más llegar el primer día escuchó a los niños cantar el Himno a Calasanz, “Hubo un hombre que pasó por esta tierra, hubo un hombre que se dio por los demás...” Sonaba bien y aquellos niños cantaban esta canción con sentimiento. Los niños participaban en la eucaristía de principio de curso, muchos de ellos hicieron sus peticiones, dieron gracias y ofrecieron una serie de objetos que les acompañarían durante todo el curso... ¡Estos niños se lo tomaban con interés!... Unos 300 alumnos había en aquel momento en el colegio, acompañados por una veintena de profesores. Alumnos de varias nacionalidades y culturas convivían entre aquellas paredes, tal y como el Padre lo había determinado en sus Escuelas de Roma. ¡Era increíble y a la vez maravilloso! ...Los años pasaban y Pedro, el profesor, seguía allí. Poco a poco fue adquiriendo responsabilidades que le ocupaban mucho tiempo en el colegio, pero él estaba a gusto. Los alumnos iban pasando y dejando buenos recuerdos. Allí estaba Manolo, un alumno de etnia gitana, que participaba en las eucaristías del colegio, y animaba los festivales de Navidad con la caja...Ah! su abuelo era el Pastor de la iglesia Evangelista, pero Manolo ahí estaba... Había pasado por el centro María, una alumna de origen marroquí, y naturalmente de religión musulmana. Era alegre, solidaria, participativa... Lo último que este profesor supo de ella es que estaba estudiando magisterio, y que su ilusión sería hacer las prácticas en el colegio donde ella estudió... Otros alumnos habían participado en labores de voluntariado en el Centro, participado en las campañas solidarias, participado en los momentos de convivencia que se les ofertaba... y acababan sus días de estudio en el colegio derramando lágrimas, porque al fin y al cabo habían pasado gran parte de su vida entre los muros de ese edificio, con fachada del s. XVII. Este profesor siempre se preguntaba si su labor como educador había dejado huella en estos alumnos, y si todos esos valores que se les intentaba inculcar estarían allí en sus corazones, si serían capaces de vivir su fe de forma libre, sin ningún tipo de coacción... Todos se iban...y algunos volvían al colegio en las fiestas de San José de Calasanz o en algún otro momento durante el curso... Se les veía diferentes que al resto de los adolescentes del pueblo, sí así era, seguro que aún sentían los colores de la camiseta escolapia... él estaba seguro de que estos exalumnos escolapios serían capaces en un futuro no muy lejano de cambiar el mundo para bien... porque algo les quedaba del legado de Calasanz.
De vez en
cuando, el profesor pensaba en el libro que le había dado el Padre
Rector el día de su entrevista de trabajo, y veía que en aquel colegio
en el que podía ejercer como educador, se seguían muchos de los aspectos
pedagógicos que aparecían en Un año con Calasanz: la estructura del
edificio (“comunicación con la
¡Qué entusiasmo! manifestaba siempre este profesor, él era feliz de poder trabajar con un grupo de compañeros maravillosos, que tenían algo en común, sacar adelante un gran proyecto, el colegio San José de Calasanz de Barbastro. Lo más curioso era que cuanto más conocía la obra del fundador, más le gustaba e intentaba transmitir sus sentimientos, por ello un día tras otro daba gracias por estar allí y no en otro lugar. Él creía y sentía que realizaba una buena labor...labor que se veía reforzada al tener presente la ilustre frase de Calasanz: “La buena educación de los jóvenes es, en verdad, el ministerio más digno, el más noble, el de mayor mérito, el más beneficioso, el más útil, el más necesario, el más natural, el más razonable...” Sí, el primer día le dijeron que por allí habían pasado personajes ilustres, pero él estaba seguro que los alumnos que estaban en ese momento en el colegio también serían... Ilustres.
P.D. Historia basada en la vida de cualquier profesor que ha pasado, pasa y pasará por la obra de las Escuelas Pías.... |