.

LA OTRA REALIDAD

 Natxo Torrijos

 

Ir a contenido de la revista

EDITORIAL

Una mente y un corazón

evangelizados

COLABORACIONES

Pastoral colegial

Vida r.a la sombra de Pablo

Proyecto evang. en Soria

Departam. de acción social

Pa-madres toman la palabra

Fe y teatro

PÁGINA CENTRAL

Hacia una pastoral signific.

EXPERIENCIAS

Carta a los agen.de Pastoral

Fraternidad Betania

Historia de un profesor

Pastoral parroquial

Gracias

La otra realidad

TEMÁTICA LIBRE

Esposa, Madre y Fundadora

Madre Celestina Donati (III)

Las citas peligr. de Félix J.

Encuentro culinario

Tercer curso,aventura,éxito

Viaje al centro de la tierra

NOTICIAS COLEGIOS

Provincia de Aragón

Viceprovincia PR-NY

Vicariato Camerún

Barbastro

Peralta de la Sal

Alcañiz

Santo Tomás

Jaca

Logroño

Calasancio

Soria

Cristo Rey

Residencia Calasanz

Virgen de Pilar

Aratorés

Otras Noticias

 

Cada día más comprobamos la diferencia que existe entre los modelos de juventud que se nos cuentan y los que vemos. No quiero decir con esto que los jóvenes sean un colectivo con el que hacer pastoral sea simple, sencillo y falto de problemas. Sin embargo, aunque no es fácil hacer pastoral con jóvenes, es emocionante, hermoso y tiene recompensas preciosas. Los jóvenes muestran cercanía en cuanto descubren que alguien se preocupa realmente por ellos, cuando ven que el adulto que tienen en frente no quiere educarlos por imposición ni mediante moralinas, sino que simplemente desea acercarse a ellos para mostrarles una forma de vida que no se impone por la fuerza, sino con razones. Buscan gente con la que se puedan identificar, alguien en quien puedan verse a si mismos en el espacio de poco años, alguien que, como ellos, ríe, sufre, es imperfecto, alguien que se abaja a sus vidas, problemas, alegrías, sentimientos. Muchas veces nos acercamos a ellos con una distancia sentimental y psicológica que los aleja de nosotros de forma permanente.

Los jóvenes buscan, están buscando siempre. No son tan pasotas como parece a primera vista. En cuanto tienen cierta confianza contigo (no la confianza para bromear, sino la confianza para abrir su vida interior) descubres que están en continua actitud de búsqueda, que necesitan buscar sentido a su vida, a su futuro. Quizás los educadores, los adultos de su entorno, los programas de juventud… no les estemos dando lo que ellos piden, lo que ellos buscan. Están cansados de teoría, de moralinas…; eso les suena a “chapa” (expresión que utilizan ellos para definir una charla aburrida y repetitiva). Necesitan modelos creíbles, cercanos, con los que poder identificarse. Eso es lo que les interpela. Admiran a las personas que tienen contacto directo con los necesitados, a los que entregan su vida a un sueño, a un proyecto y hacerlo les hace realmente felices.

Tienen adquiridos hermosos valores pero sólo los explotan en su grupo de iguales, en el que los adultos no entramos fácilmente. Son generosos, se preocupan por la felicidad de su grupo, sueñan con un mundo más justo y, a su manera, no han perdido la radicalidad que caracteriza la juventud. Son capaces de enamorarse de un sueño y luchar por él si alguien les acompaña en la lucha. Los educadores nos encontramos con el problema de no saber ayudarles a extrapolar esos valores al exogrupo. Por ahí tendremos que seguir indagando, probando, experimentando…

Sienten la necesidad de profundizar en su vida interior y una vez que la descubren y encuentran el lugar idóneo para ello lo reclaman como algo que necesitan. Sienten desesperanza al planificar su vida, les pesa demasiado la losa del paro, de estudiar una cosa para ejercer de otra, del individualismo. Por eso están necesitados de sueños, de proyectos comunitarios... en definitiva, de una razón de vida diferente a la que la sociedad les propone. Sienten y ven su futuro negro, por eso adoptan posturas que demuestren que no les interesa, que es mejor vivir el presente. Por eso parecen no tener sueños, ser pasotas, haber perdido el idealismo.

Admiran a las personas que ellos ven comprometidas, a las que dedican su vida de forma altruista a un sueño, a un proyecto, a cambiar el mundo. Esos modelos les interpelan. Necesitan pensar que ellos pueden hacer algo, necesitan sentirse responsables y copartícipes de esos proyectos. Habrá que darles la oportunidad de serlo, de sentirlo, de expresar sus ideas, opiniones. Se sienten así valorados, importantes y poco a poco, se van enamorando de proyectos, de sueños y en definitiva, van eligiendo su propio estilo de vida.

Huyen de las instituciones porque no confían en ellas. La Iglesia les suena a estructura, a poder, a incoherencia y cualquier pequeña demostración de estas cosas les hace reafirmarse en sus opiniones. Sin embargo valoran muy positivamente a los misioneros, a los que trabajan con personas desfavorecidas y a las personas que ven trabajando de forma directa.

Así veo yo a los jóvenes con los que trabajo. Es un trabajo apasionante. No es fácil contactar con ellos (aunque mi edad me permite acercarme a ellos antes) pero, sin embargo, los resultados y las recompensas son hermosas. Quizás nuestros jóvenes no sean perfectos, ni lo más deseable. Quizás estén faltos de muchas cosas pero en el fondo, son personas gritando que necesitan alguien que les ayude a mirar al futuro con ilusión, esperanza y sueños.