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Cada
día más comprobamos la diferencia que existe entre los modelos de juventud que
se nos cuentan y los que vemos. No quiero decir con esto que
Los
jóvenes buscan, están buscando siempre. No son tan pasotas como parece a primera
vista. En cuanto tienen cierta confianza contigo (no la confianza para bromear,
sino la confianza para abrir su vida interior) descubres que están en continua
actitud de búsqueda, que necesitan buscar sentido a su vida, a su futuro. Quizás
los educadores, los adultos de su entorno, los programas de juventud… no les
estemos dando lo que ellos
Tienen adquiridos hermosos valores pero sólo los explotan en su grupo de iguales, en el que los adultos no entramos fácilmente. Son generosos, se preocupan por la felicidad de su grupo, sueñan con un mundo más justo y, a su manera, no han perdido la radicalidad que caracteriza la juventud. Son capaces de enamorarse de un sueño y luchar por él si alguien les acompaña en la lucha. Los educadores nos encontramos con el problema de no saber ayudarles a extrapolar esos valores al exogrupo. Por ahí tendremos que seguir indagando, probando, experimentando…
Sienten
la necesidad de profundizar en su vida interior y una vez que la
Admiran a las personas que ellos ven comprometidas, a las que dedican su vida de forma altruista a un sueño, a un proyecto, a cambiar el mundo. Esos modelos les interpelan. Necesitan pensar que ellos pueden hacer algo, necesitan sentirse responsables y copartícipes de esos proyectos. Habrá que darles la oportunidad de serlo, de sentirlo, de expresar sus ideas, opiniones. Se sienten así valorados, importantes y poco a poco, se van enamorando de proyectos, de sueños y en definitiva, van eligiendo su propio estilo de vida. Huyen de las instituciones porque no confían en ellas. La Iglesia les suena a estructura, a poder, a incoherencia y cualquier pequeña demostración de estas cosas les hace reafirmarse en sus opiniones. Sin embargo valoran muy positivamente a los misioneros, a los que trabajan con personas desfavorecidas y a las personas que ven trabajando de forma directa. Así veo yo a los jóvenes con los que trabajo. Es un trabajo apasionante. No es fácil contactar con ellos (aunque mi edad me permite acercarme a ellos antes) pero, sin embargo, los resultados y las recompensas son hermosas. Quizás nuestros jóvenes no sean perfectos, ni lo más deseable. Quizás estén faltos de muchas cosas pero en el fondo, son personas gritando que necesitan alguien que les ayude a mirar al futuro con ilusión, esperanza y sueños. |