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REFLEXIONES EN TORNO A NUESTRA PASTORAL COLEGIAL P. Jesús Miguel Arellano, Sch. P. |
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I.- INTRODUCCIÓN Educadores cristianos, pastoralistas y agentes de pastoral experimentamos en el trabajo diario… observan y con desasosiego, la enorme desproporción, que nos parece percibir, entre la inversión que hacemos en iniciativas, en tiempo y en esfuerzos y el poco eco y fruto que obtenemos de nuestros desvelos. Miramos a las “desembocaduras” y nos quedamos con la “boca abierta” y para mal.
Muchas
son las dificultades que encontramos para que, en la mente y en
el
Ahora bien, si los obstáculos son grandes, es o debe ser, mayor y más fuerte y más tesonera, nuestra propuesta de fe que pugna por comunicarse y que nos lleva a replantear y recrear constantemente las formas y los acentos de nuestra acción evangelizadora, de modo que sintonice con la sensibilidad y las necesidades de los alumnos, con los presupuestos culturales de nuestro tiempo. Fruto de esa inquietud, este sencillo artículo que quiere buscar orientación para nuestras acciones evangelizadoras y de fe, EN EL COLEGIO. Fueron otros los tiempos en los que se dudaba de la idoneidad del marco colegial para una acción pastoral centrada; son de otro tiempo ya las críticas sobre la competencia y disposición del ámbito escolar como lugar de evangelización. Ya no se oyen esas voces ni esas críticas. Son propicios tanto los lugares como los tiempos, los agentes y los receptores. Sólo nos falta terminar de concretar ese marco pastoral dentro de la estructura escolar. Y ese es nuestro propósito: orientar la dimensión creyente y practicante dentro de las dinámicas siempre complejas que habitan la entraña de un colegio. Pretendemos apuntar en estos pocos párrafos las líneas maestras o directivas sobre los agentes, “los cómos”, las tareas y la organización pastoral dentro de un colegio que quiere llevar el adjetivo de cristiano y de escolapio. Aún nos faltaría un nivel de concreción más. La confección en cada obra de su propio Plan de Acción Pastoral Anual. Allí, donde se definirán sus objetivos, sus acciones pastorales, sus recursos, su evaluación… En definitiva, su día a día adecuadamente programado. Pero eso creemos que ya se viene haciendo, y bien, en cada uno de nuestros 8 colegios y en el resto de obras en las que participamos. Así se concibe toda nuestra labor y así se ofrece. “Piedad y Letras” (Diálogo Fe-Cultura): transmitir a nuestros niños y jóvenes que fiarse de Jesucristo merece la pena. No en abstracto ni en una burbuja, sino en su vida diaria, en sus tareas, en su convivencia escolar, en sus juegos de niños, en su rebeldía de adolescentes...
II.- ANTES QUE NADA, ENTONAR UN “MEA CULPA” Los que nos movemos en este ámbito de la pastoral, antes de dar por supuesto nada, tendríamos que hacer un ejercicio y preguntarnos por lo que está detrás de las palabras que usamos, y ver si éstas son entendidas tanto por los agentes como por los destinatarios. Si hiciéramos este ejercicio descubriríamos que toda esa “jerga” de nombres y de cosas, para nosotros evidentes (evangelio, pastoral, liturgia, eucaristía, penitencia, convivencias, pascuas, fe, catecismo, biblia, misa, celebración, oración…), no lo son tanto como creemos. Y es que es indudable que tanto el término pastoral como todo el conjunto de actividades que se encierra bajo esta palabra, ha dejado de pertenecer al diccionario básico de padres, profesores y alumnos. Nada raro, por otro lado, si pensamos que la imagen de “pastor” no forma parte de la órbita cultural urbana en la que transcurre la vida de unos y otros. Ahora bien, nadie pretende que se cambie el término, nadie pretende hacer una nueva definición, sólo debemos ser conscientes de que la transmisión del mensaje no debe darse nunca por supuesta, al menos sin una “traducción” al lenguaje de quien nos escucha.
¿De qué hablamos cuando decimos “pastoral colegial”? Pues sencillamente expresar cómo ese proceso de crecimiento lo hacemos no a nuestro ritmo, sino de la mano y al ritmo de los más pequeños, de los más pobres, de los más desfavorecidos de nuestra comunidad educativa. Es decir, intentar ser cristiano caminando junto a otros, en este caso más bajitos, quizá menos maduros, pero no menos hijos de Dios. Lugar privilegiado que Dios nos ha concedido para vivir el Evangelio: “Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis…”. Si lo dicho hasta aquí tiene coherencia, podemos adivinar que esa cotidianeidad nos va a hacer poner muchas veces los pies en tierra. Nuestra pastoral es una propuesta que interactúa constantemente con padres, profesores, alumnos, monitores… Y con los Objetivos del Colegio, y con el Proyecto Curricular, y con el Departamento de Orientación, y con la Conserje, y con los abuelos que les traen y les llevan, y… Y este sería, de suyo, el objeto de nuestra labor, el centro de nuestros intereses. Conseguir que hubiera “significativitas” evangélica, cambios visibles en nosotros y en nuestros destinatarios, “progreso” en la sociedad que nos ha tocado vivir como desde el inicio deseó San José de Calasanz. Adaptarnos a su lenguaje o “morir”.
III.- Y SI TENEMOS CLARO QUE LA PASTORAL ES VIDA EN ESPERANZA DE FUTURO… Ver cuáles son los pasos que tenemos que ir marcando, para que al fin del proceso dejemos “huella” en nuestros chicos. A partir de este momento pretendemos apuntar algunas pautas de trabajo colaborativo entre todos los agentes del colegio. A.- Con el equipo directivo Está claro que es el Equipo Directivo quien lidera el colegio, y en él la presencia del Coordinador de Pastoral, que es una realidad conseguida en nuestros colegios, no debe ser uno de los miembros menos importantes. Desde ese foro, y en estrecha colaboración, deben cuidarse los estilos, el talante, la “marca de la casa”… B.- Con los órganos de coordinación académica El ámbito de lo académico es la estructura sobre la que se construye todo en nuestras obras. Es la base sobre la que nuestros alumnos se entienden a sí mismos, su desarrollo y sus relaciones mutuas y con el mundo que les rodea. En el currículo, en sus objetivos, en su misma estructura coherente con el evangelio deben destacar “marcadores”, “elementos o señas de identidad escolapia”, que demuestren el valor añadido escolapio de nuestros colegios. La opción preferencial por los pobres, por los pequeños; el binomio “Piedad y Letras”; la programación anticipada y cuidada de espacios y tiempos para “lo espiritual”; la relevancia del Departamento de Fe y Cultura Religiosa; la estrecha colaboración con las familias… C.- Con el ámbito de la tutoría, grupal y personal Inserto en lo académico, resaltar la necesidad de articular lo pastoral con lo tutorial. Es un paso que no podemos dejar de dar. Directamente centrado en el crecimiento humano, la temática y contenidos de lo tutorial debe llevar, casi como tatuado, esa referencia al infinito, a lo espiritual. No se debe eludir el mensaje religioso, relacional, vivencial. Debe favorecerse el autoconocimiento hasta ese fondo en el que nos descubrimos como imagen de Dios. Debe programarse como ese “también”, ese “sin el cual” la persona no se desarrolla en integridad. D.- Con el ámbito de las actividades extra o para-escolares
Entraríamos aquí en uno de
los espacios privilegiados de la educación. Ese lugar
Saber esto nos debe llevar a favorecer y acrecentar estos grupos. Toda actividad grupal en horario no lectivo refuerza nuestros mensajes porque no sólo les transmitimos ideas sino ejemplo de vida. Solidaridad, entrega, coherencia, compromiso, cariño, etc. son valores que no se predican sino que se ejercitan. Ellos lo ven y, quizá hasta nos copien. Sólo una palabra, pues; pero densa y cargada de contenido, para que valoremos esos Grupo/s Calasanz, esos grupos de catequesis, esos grupos de oración, esos grupos de reflexión, esos grupos de escuela o taller, esos grupos scout, esos grupos de solidaridad… E.- Con otros referentes institucionales o contextuales Que el colegio sea lugar específico e incluso propicio de la pastoral educativa, no quiere decir que se constituya en un gueto. Muy al contrario, por su misma dinámica, y dimanante de su ser, le convierten de modo ineludible en una institución abierta a su entorno, a la sociedad, al mundo, a los otros colegios, a las otras instituciones educativas, etc. Dentro del propio entorno del colegio es deseable, y por demás, eficaz que haya una buenísima relación con la Asociación de Madres y Padres, con la posible Asociación de Antiguos Alumnos, con las Asociaciones de Alumnos… y con cualquier otro colectivo crecido a la sombra del carisma calasancio: colectivos solidarios, programas de promoción del voluntariado, colectivos de barrio, ONG’s… Y por supuesto, quizá dejado para el final aun siendo primordial en nuestros planteamientos de colaboración, la Parroquia. La nuestra. Esa que, regida o no por escolapios, nos inserta en los ritmos eclesiales. La que nos da sentido de gran comunidad. La que nos da el tono católico. A la que también damos y ofrecemos nuestras aportaciones, pequeñas o grandes en la tarea de construcción del Reino de Dios.
IV.- A MODO DE CONCLUSIÓN Si al inicio entonábamos un “Mea Culpa”, entonamos ahora un canto gozoso, agradecido y sincero por tantos y a tantos de vosotros que estáis añadiendo esfuerzo y fatiga, preocupación y empeño, en esta tarea a la que nos ha llamado Jesús: Dar sin esperar mucho a cambio. A todos los jóvenes de espíritu que estáis “traduciendo” con vuestra vida el mensaje de Jesús entre los chavales. A todos los que estáis poniendo al servicio las estructuras académicas para facilitar la tarea. Contando por cientos las evidencias de todo vuestro trabajo entregado. ¡Gracias! |