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TERCER CURSO, TERCERA AVENTURA, TERCER ÉXITO

Equipo educativo

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Parece mentira que ya haya pasado casi un año desde que el proyecto “Un lugar para la esperanza” arrancase entre muchas dudas, obras, nervios y sin saber muy bien si encajaría, tanto en la casa santuario de Peralta de la Sal, como en el colectivo de destinatarios e incluso, a nivel educativo, como un recurso al que acudir los centros de enseñanza de Aragón y de provincias adyacentes.

El pasado viernes ocho de agosto finalizó el que ha sido el tercer curso en el centro. Cada uno de ellos ha sido diferente y ha habido que “adaptarse” en cierta manera a la cultura mayoritaria. Si el primero de los cursos fue de mayoría marroquí y el segundo rumana, en este la mayor parte de los alumnos procedía de países latinoamericanos como Bolivia, Ecuador, Colombia o República Dominicana. Esto es un hándicap a la hora de trabajar con los chicos, ya que si todos los grupos fuesen iguales podríamos tener una manera clara de actuación e intervención, pero al ir cambiando las culturas y nacionalidades que van pasando por el centro, el proceso educativo cambia. No es que haya que centrarse en un tipo de personas, en este caso, las personas de origen latino, sino que esta cultura mayoritaria es la que va a influir en la marcha del curso; por eso, como siempre, estos tres meses y medio han sido un nuevo reto para el equipo educativo.

Con cada curso nos volvemos más exigentes con la evolución de los chavales y es que a veces no nos damos cuenta, por el poco tiempo que hemos tenido entre un curso y el siguiente, de que un grupo de alumnos que lleva tres meses es capaz de realizar las tareas que se le encomiendan sin tener que recordarles o estar permanentemente encima de ellos y que el siguiente cuando llega, necesita de un tiempo para interiorizar el ritmo de trabajo y los diferentes trabajos que debe realizar a lo largo del curso. Esto hace que a veces veamos que el curso va peor de lo que debería, pero en realidad no es así.

Resumir este tercer curso es bastante sencillo porque no ha habido demasiados contratiempos ni diferencias con respecto a otros cursos. Como notas más importantes hay que resaltar la marcha de uno de los educadores por decisión propia, lo que ha llevado a la incorporación de un nuevo compañero y todo lo que ello significa: adaptación, asumir el ritmo de trabajo, las normas, la manera de trabajar… pero podemos decir que ha sido todo un éxito y que Juan Ramón, proveniente de Barbastro, se ha integrado completamente y ha realizado un buen trabajo en el tiempo que ha estado con nosotros. También la incorporación de Alice, religiosa india residente en Peralta de la Sal, ha sido muy positiva porque aparte de haber sumado una nueva cultura con la que convivir, ha sabido estar con los chavales y superar las dificultades con el idioma, realizando un gran trabajo con los alumnos y con el equipo educativo.

El grupo de alumnos por su parte ha tenido sus altibajos. Al principio empezaron con muchas dudas, como siempre, y poco a poco, cada uno a su manera ha ido avanzando y aprendiendo los conocimientos que aquí se han ido impartiendo, cada uno a su ritmo y dependiendo de sus capacidades.

También hay que decir que en este curso la labor educativa del equipo ha sido más profunda que en otros cursos, entre otras cosas por la incorporación de alumnado femenino, con el que ha habido que trabajar en su integración, sin ningún tipo de problema, y además porque han surgido más conflictos de convivencia que en otros cursos. No han sido conflictos graves en cuanto que no ha habido ataques personales ni agresiones, pero sí es cierto que ha habido que trabajar la cohesión grupal y también individualmente con algunos chicos y chicas cuya situación familiar y social, les había llevado a tener ciertos problemas de sociabilidad y otras necesidades que ha habido que tratar de manera más directa que en otros cursos. Pero creemos y estamos orgullosos de decir que en la medida de lo posible y con el poco tiempo que hemos tenido se ha logrado realizar una buena labor, encontrando recursos sociales que pueden ayudar a los chicos, una vez acabado el curso. Esto ocurre con los alumnos que provenían de Jaca y Sabiñánigo donde hemos abierto una puerta muy importante con la educadora social de la zona, que nos vino a visitar y que sin ningún problema ha aceptado llevar a estos chicos, los que estén dispuestos y lo necesiten. También con los servicios sociales de Monzón, ya que desde aquí se hacía seguimiento de una de nuestras alumnas, hemos tenido relación más directa.

En este curso también hemos empezado a realizar con los chicos distintos talleres de formación como han sido el de Sexualidad, llevado a cabo por Cruz Roja de Zaragoza, o de resolución de conflictos.

Otra actividad a tener en cuenta fue el encuentro con los alumnos del módulo de cocina que vinieron desde Barcelona para compartir un día con nosotros e intercambiar recetas y juegos.

Hay que hacer mención especial para uno de los chicos que “repetía” curso, ya que al ser menor de 15 años, tenía que seguir con nosotros hasta junio como habíamos pactado con la inspección educativa. Este chico que durante el curso anterior había sido bastante conflictivo, cuando empezó de nuevo en mayo, dio un gran cambio tanto de actitud personal como laboral, mejorando incluso su manera de relacionarse y afrontar las tareas.

El broche final para cerrar este curso fue la comida con los padres y la entrega de certificados que llevaron a cabo Javier Negro, Miguel del Cerro y Joaquín, además del equipo educativo, que quiso compartir esta jornada llena de emociones, de despedidas y de lágrimas por parte de los chicos y de los educadores durante el último día del curso. Treinta y seis familiares en total quisieron acercarse a pasar esta última jornada con nosotros y sus chicos, viendo cómo trabajaban tanto en cocina como en servicio de camarero. El día fue todo un éxito, aunque los nervios también afloraron en algunos momentos.

Al acabar este curso, estamos muy contentos de decir que casi la mitad de los chicos se van con un puesto de trabajo y los que aún no lo tienen es por problemas con la regularización con de los papeles o porque pensamos que aún no estaban preparados para saltar al mundo laboral y que le hacen falta algunos cambios, sobre todo en lo actitudinal.

Ha pasado un nuevo curso y ahora empezamos a preparar el próximo sabiendo que se amplía el tiempo, pasamos de tres meses y medio a cinco meses, con lo que nos queda mucho trabajo para adaptar y aumentar todo el programa que hasta ahora habíamos seguido. Pero seguiremos con la misma ilusión que desde el primer día, ahora que ha pasado casi un año de la puesta en marcha del centro.