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  14 AÑOS EN CAMERÚN

Emilio Calcena, Sch. P. 

 

Es difícil hacer un resumen de catorce años, pero lo voy a intentar. Llegué precisamente el 11 de septiembre de 1995, acompañado del  P. Domingo Sáez, que volvía de vacaciones. Venía con la experiencia del año anterior, cuando pasé casi un mes como ´voluntario´ para calibrar la realidad y decidir qué era lo más conveniente. Desde el primer momento lo tuve claro. Recuerdo las palabras del P. Ángel González, en el sentido de que era el momento de apuntalar la fundación escolapia en Camerún: ahora o nunca, dijo. Estaba en los comienzo de mis cincuenta, y los años pasan rápido.

I.- Mi estancia en Camerún tiene dos etapas claramente definidas. La primera transcurre entre el 1995 y el año 2003. Es la época en que mi trabajo se centra en la Formación. Primero, Maestro de Postulantes; luego, Maestro de Juniores; a veces las dos cosas a la vez. Estaba centrado en la tarea, no salía mucho de casa; los tiempos libres los dedicaba a la jardinería. Prácticamente todos los árboles y arbustos que hay en los alrededores los planté en aquella época. Hubo sus momentos dulces y sus momentos duros. No soy un formador por vocación, y a veces la tarea se hacía difícil, sobre todo con algunos jóvenes, o cuando había que tomar algunas decisiones fuertes. Por esos años pasaron por Futru bastantes candidatos. Muchos fallaron, como es lo normal; pero bastantes han seguido entre nuestra filas. Es asombroso ver cómo aquellos jóvenes que no hace tanto, parece, eran postulantes o juniores, ahora son compañeros de Viceprovincia o de comunidad. Hace ya cuatro años que soy el único ´blanco¨ de mi comunidad.

Como decía, mi tarea estaba centrada en la casa. Sí que cooperaba con la Parroquia. Era el Capellán de los jóvenes de la parroquia y del arciprestazgo (más o menos equivalente en español); celebraba misas los domingos y para las escuelas; ayudaba con la comunión de los enfermos… y poco más. Casi no conocía la gente de los alrededores, algo que contrasta vivamente con la etapa posterior. Asistía a reuniones de formadores. Co-dirigía en nuestra casa el Curso de Formación ´Nuestra Señora de Africa´ que reunía candidatos de unas cuantas Congregaciones masculinas y femeninas de Bamenda y alrededores, teníamos actividades, retiros, etc. Una vez al año teníamos una salida para visitar las familias de nuestros jóvenes religiosos, que en alguna ocasión nos llevó hasta los confines de Camerún (por el sur). Todo haciendo la vida muy interesante y muy ocupada, sin tiempo para mucho más.

En esta primera etapa hubo un hueco muy grande. Nuestro P. Provincial, P Mariano, que en paz descanse, se empeñó en mandarme a Roma para un Curso de Formadores durante la primera parte de 1999. Sirvió para darme un poco más de energía en la tarea de la Formación.

Otro acontecimiento importante al final de esta primera etapa fue la marcha del párroco, P. Mariano Grassa, a Gabón, para aprender el francés, durante los primeros nueve meses del año 2002. Durante ese periodo, actué como párroco sustituto, además de ser casi todo lo demás. Fue una nueva experiencia que abriría la puerta al segundo periodo de mi estancia en Camerún.

II.- Esto tuvo lugar al año siguiente, 2003, después del Capítulo Provincial, a raíz del cual el P. Mariano fue nombrado Vicario de Camerún. Se creyó conveniente que él debiera dejar la Parroquia, de la que yo me iba a encargar, dejando poco a poco de lado las tareas de la Formación, porque continué siendo  Maestro de juniores hasta el 2005.

Pero ahora la Misión estaba en el centro de mi ocupación y preocupación. Para sorpresa de muchos, me dediqué de lleno a la tarea pastoral en casi todas sus facetas. Esto no era nuevo para mí, porque durante dos años fui párroco de la Resurrección de Ponce, Puerto Rico.

Uno de los puntos que más he destacado es el conocimiento de la gente, sobre todo, al principio. Fui casa por casa, barrio por barrio, haciendo croquis de las ´calles´, familias y nombres, incluidos aquellos que no eran católicos. Así poco a poco pude familiarizarme con todos, teniendo en mi cabeza los nombres de casi todos ellos. Casi, porque uno no puede ser perfecto; además, los años no perdonan.

Otro punto es que trato de mezclarme con la gente, sobre todo, en las celebraciones de difuntos, después del funeral en la iglesia, acudo a su casa no con la idea de comer y beber, que es lo que ellos tienen en mente, sino de saludar a todos. En algunos casos, insisten tanto que me uno a su comida-bebida. Pero lo importante es dar la mano, decir: ¨o nie melu¨ (tomando un traguito, eh?) o ¨me chian so¨ (que aproveche), o cosas por el estilo. Ellos se ríen y lo celebran. Si no acudo, me  echan de menos.

Durante estos años hemos continuado la línea pastoral de los anteriores párrocos y miembros de la comunidad; pero la Misión está creciendo mucho sobre todo en algunos sectores. Si los trabajadores de primera hora volvieran por estas tierras, se quedarían asombrados de cuánto ha crecido y cuánta gente nueva se ha establecido en nuestra área. Gente de la ´ciudad´ se traslada a la periferia; gente de Kumbo y regiones del norte construyen por aquí y dan cierto aire de novedad a las anquilosadas tradiciones de nuestra tribu Nkwen. Muchos de ellos son buenos cristianos y dan más peso y calidad a nuestras  comunidades.

Hasta en el aspecto económico. Si al principio la colecta dominical apenas llegaba a los 10,000 francos, ahora la media pasa de los 100,000 frs. No recuerdo ahora el objetivo de las primeras campañas de Acción de Gracias (algo fundamental para balancear el presupuesto), pero si hace cinco años se podía rondar el millón de francos, la campaña de este año se pone en 4,43 millones de francos. Usamos todos los artilugios posibles, pero la gente coopera, creo que proporcionalmente mucho más que en otras partes ricas. Esta campaña comienza a principios de Octubre y termina con el año.

En el aspecto pastoral, la tarea se ha vuelto mucho más compleja, ya desde los primeros ´padres´ de la Misión con sus Comunidades de Base, la situación ha ido avanzando con las aportaciones del Curso Lumko, de África del Sur, y últimamente con el empuje del nuevo Arzobispo, que quiere hacer de la pastoral una trama complejísima, desde la base hasta la diócesis. Es increíble lo que se está poniendo en práctica, esperemos que no sólo en estructuras, comisiones y demás, sino que esto se traducirá en vida, haciendo de la Iglesia en África un modelo para la iglesia europea. Los africanos somos realmente pobres, no hemos sufrido la crisis, porque estamos siempre en crisis. Esperamos que en el aspecto cristiano, de renovación eclesial, África aporte mucho a la Iglesia Universal. Lo mismo desearía para la Escuela Pía de Camerún, pero eso es tema de otro artículo o fruto de otras consideraciones.

Con lo escrito, creo que he dado una somera idea de los catorce años de gracia que el Señor me ha concedido en estas tierras tan lejanas y a la vez tan cercanas. Es un honor ser parte de la familia escolapia en el continente de la esperanza con la ayuda de nuestros hermanos, especialmente de nuestra Provincia de Aragón. Que  el Señor bendiga a África y a Camerún con la intercesión de S. José de Calasanz.