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  E D I T O R I A L

Nuestras Misiones

“¿DEPENDENCIA DE QUIÉN? ¿QUIÉN DEPENDE DE QUIÉN?”

Javier Negro, Sch. P.

   

.Octubre, mes del DOMUND. Nada mejor que nuestra contribución a esta celebración con la  publicación de este número “PERALTA” centrado en nuestras Misiones “ad gentes”, expresión tradicional en referencia a la evangelización de otros lugares. Éstos, para nosotros, son actualmente, sobre todo desde 1987, las casas, los hermanos, las escuelas y parroquias, nuestras gentes, que constituyen la presencia escolapia, pedida insistentemente por el Obispo Paul Werdzekov para su diócesis camerunesa de Bamenda.

Desde entonces podemos decir que nuestra presencia escolapia ahí y en otras diócesis cameruneses (Yaoundé, Kumbo, Bafoussam y Bafia) han sido agentes de desarrollo en todos los sentidos (educativo, social, eclesial y escolapio). El Alcalde de Bamenda-III reconoció, agradeció y aplaudió hace dos años públicamente nuestra presencia con estas palabras: Desde que Uds. Están aquí, este pueblo ha cambiado a bien en todos los sentidos”.

En la reciente encíclica de Benedicto XVI Caritas in Veritate, se afirma esta realidad hermosa: “Decir que el desarrollo es vocación equivale a reconocer, por un lado, que éste nace de una llamada trascendente y, por otro, que es incapaz de darse su significado último por sí mismo… Si éste afectase sólo a los aspectos técnicos de la vida del hombre, y no al sentido de su caminar en la historia junto con sus otros hermanos, ni al descubrimiento de la meta de este camino, la Iglesia no tendría por qué hablar de él” (n.16). Traduciendo este contenido a nuestra realidad escolapia camerunesa actual es la concreción y realización eclesial del desarrollo integral que, sin preverlo tal como se ha ido desarrollando, es lo que estamos viviendo allí y aquí.

Y de esa presencia agente de desarrollo integral estamos recibiendo mucho: hermanos religiosos, vocaciones, alegría, vida, esperanza, futuro, sentido a nuestra misión y carisma, bendición palpable de Dios, razón de ser de muchos de nuestros esfuerzos y dedicación de energías en todos los sentidos.

Damos y recibimos. No podemos decir que nuestras obras del Sur dependan integralmente de las nuestras del Norte; económicamente sí, pero vitalmente no; damos vida y recibimos vida, seguramente más de la que damos. Nuestras Constituciones no marcan la independencia y autonomía económica, desde luego deseable por razones obvias, como criterio necesario para la constitución de una Provincia o Demarcación Nueva. El reciente 46 Capítulo General ha comenzado a impulsar una Línea General de Acción en orden a que la gestión económica de la Orden esté aún más y mejor afectada por la solidaridad entre los hermanos, las demarcaciones y las diferentes obras escolapias del mundo.

Podemos acudir de nuevo a la encíclica papal citada, que ilumina muy bien esta realidad y que os invito a contemplar y leer con mirada calasancia y escolapia: “Hoy las posibilidades de interacción entre las culturas han aumentado notablemente, dando lugar a nuevas perspectivas de diálogo intercultural, un diálogo que, para ser eficaz, ha de tener como punto de partida una toma de conciencia de la identidad específica de los diversos interlocutores. Pero no se ha de olvidar que la progresiva mercantilización de los intercambios culturales aumenta hoy un doble riesgo” (n.26). Este doble riesgo lo reduce a un eclecticismo cultural acrítico y a la rebaja de la cultura homologando los comportamientos y estilos de vida.

Hoy, siglo de la globalización por excelencia, la Iglesia, la Escuela Pía es el ámbito de globalización bueno, iluminado por el Amor de la Verdad (Caritas in Veritate), donde no tiene cabida ni el paternalismo ni la independencia, sí la autonomía respetuosa y germen del gozo de vivir en un mundo nuevo, amado de Dios.