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EL SERVICIO DE LA LUZ

Martín Sobrino Garijo, Sch. P.

 

Hay una canción que dice: “Señor, nos envías por el mundo a anunciar la Buena Nueva, mil antorchas encendidas y una nueva primavera”. Mi presencia en Camerún quiere ser una pequeña antorcha, que, en colaboración con las demás, ilumine el camino de las personas que están en torno a mí. Toda la actividad que desarrollo está en función de un servicio, que intento sea luz para los demás. Quisiera que fuera una luz que viene de Cristo, y reflejada en mí y en los demás, vuelve limpia y transparente a él.

Mi actividad concreta está centrada en la parroquia del “Bautismo de Jesús” de la Cité Verte, en la cual soy coadjutor. Hasta el año pasado, el párroco era el P. Antonio Sala; ahora es un escolapio camerunés: P. Christian Mboudou. La actividad en una parroquia es muy variada y cambia de un tiempo litúrgico a otro.

La parroquia publica semanalmente la “Hoja Parroquial” bajo el nombre de “Tam-Tam Paroissial”. Desde el otoño de 2002 colaboro en ella. Se trata de un comentario breve al Evangelio del Domingo.

Unos años después, en octubre de 2006, colaboro también en la sección: “Un cuento para reflexionar”. Se publica cada dos o tres semanas. Es una manera de transmitir un mensaje de forma entretenida y alegre. Todo esto supone asiduidad y un trabajo constante.

La parroquia tiene todas las tardes dos horas de despacho parroquial. Para atenderlo, nos vamos alternando el párroco y los coadjutores. El despacho parroquial es una ventana abierta a la gente de la parroquia y fuera de ella. El despacho parroquial tiene una actividad muy diversificada: se encargan misas, se realizan las inscripciones para la catequesis y para el bautismo de los niños, se escucha a las personas que vienen con algún problema, se hacen certificados de la recepción de sacramentos. Es también en el despacho parroquial donde se da la información para alquilar la sala del Centro Parroquial. Con frecuencia el motivo es la celebración del banquete de Bodas, que se prolonga con la danza hasta el amanecer.

La parroquia tiene muchos grupos de oración y de acción. La parroquia está dividida en Comunidades de base, que habitualmente llamamos sectores. Cada sector esta asesorado por un miembro del Equipo Pastoral. Cada Comunidad de base tiene su propia dinámica. El sector del cual soy capellán se reúne una vez por semana. Cada vez se hace en una casa distinta de los componentes del grupo. Rezamos, se lee el evangelio del domingo y se comparte, expresando cada uno lo que más le ha llamado la atención. Si tienen dudas, en la medida posible, se las aclaro y al final hago una recapitulación de todo lo que se ha dicho. Este sector ocupa una de las zonas más pobres del territorio de nuestra parroquia.

Esto me da oportunidad de entrar en las casas. Normalmente todas tienen un gran salón. En las casas pobres el salón es pequeño, de muebles viejos y a veces con las paredes agrietadas. A los muebles de la casa se añaden otros tantos prestados del vecino, para poder tener la reunión. La televisión no falta en ninguna casa, pero apenas hay otro adorno en la sala de estar. Aquí, en esta zona, las viviendas suelen ser de una sola planta. Una vez cada dos meses solemos tener una misa. Con frecuencia me dicen que bendiga todas las dependencias de la casa. Esto me da ocasión a ver la calidad de la vivienda. Todo está en sintonía con el salón, es decir, sin adornos, y la ropa en un arcón, encima de una silla o colgada en el techo con perchas.

En esta zona del sector, todos los domingos llevo la comunión a los enfermos. Me recorro una buena parte del barrio por calles estrechas y de tierra. A veces son tan estrechas que apenas caben dos personas. A esto se añade que por medio pasa el reguero de aguas sucias. Para sortearlo hay que poner el pie en un lado y en otro. La visita a los enfermos te pone en contacto con la familia del mismo. Con ella se intercambian unas palabras; a través de ellas puedes apreciar la fe de la familia, las necesidades que tiene y su manera de pensar y ver las cosas, es decir entrar un poco en su cultura. La fe de los enfermos es sencilla, pero firme y sincera. Varias personas a las que he llevado la comunión han muerto. Al avisarme de la muerte de una de ellas, al día siguiente fui a su casa a dar el pésame a la familia. Me contaron que antes de morir dijo: “Señor, ten piedad de mi y llévame (= “Seigneur, prends pitié de moi et prends-moi”). Con frecuencia son personas ancianas, que, por provenir de otra región del Camerún, hablan sólo el dialecto local. El “Yo confieso a Dios” y el “yo no soy digno” lo dicen en su lengua natal. La fe también es eso.

Una actividad fuera de la parroquia es la clase de Historia de la Iglesia que doy en el I.T.P.R. (= Instituto de Teología y Pastoral para Religiosos). Es un Centro de Formación para las Religiosas y Religiosos después de hacer el noviciado, rara vez antes de hacerlo. Vienen de los países del África Central. La mayoría son Religiosas. Esto me sirve de desafío para practicar el Francés, mantener viva la Historia y salir un poco del ambiente de la Cité Verte. Es una experiencia bastante enriquecedora.

En la parroquia no faltan otras actividades, como la misa un par de días entre semana, la misa dominical y suplencias en la catequesis. A ello se añaden pequeñas actividades imprevistas, como administrar la unción de enfermos a un moribundo o celebrar la misa de una persona fallecida en la casa donde residía.

Esta relación es un breve bosquejo de lo que se hace. Creo que todo escolapio puede llenar dos páginas de las actividades que tiene al cabo del año. Deseo solamente que esta actividad, realizada con amor, sea una antorcha encendida que ilumine a cuantos caminan junto a mí. Que esta antorcha contribuya a crear la eterna primavera de la Iglesia.