.

EXPERIENCIAS DE IGLESIA

Emilio Calcena, escolapio en Camerún

   

Acabo de pasar por la experiencia enriquecedora de ser testigo de tres maneras de ser Iglesia, por lo menos en un aspecto significativo: la Celebración Eucarística.

Durante cinco domingos consecutivos he tenido oportunidad de presidir o  concelebrar la Eucaristía en cinco lugares muy apartados del planeta. El 7 de Junio en la misión de Futru, Camerún, en la que resido habitualmente; el 14 en Miami; el 21 en San Juan de Puerto Rico; el 28 en Nueva York y el 5 de Julio en mi pueblo y otros tres más de alrededor.

A la celebración en la Misión de Futru se añadía la circunstancia de que era especial: día de las Pequeñas Comunidades de Base, reuniéndonos los siete distritos pastorales o capillas rurales en la Misión principal: iglesia incapaz de contener a todos los asistentes: cantos abundantes y participados, testimonios después de la homilía, promesa colectiva de los alrededor de 80 líderes de las PCB, procesión de ofrendas en la que los miembros de cada PCB acudían danzando y cantando -unos 20 mts-, anuncios al final de la Misa -unos 15 mts-, etc. Total, una celebración de unas dos horas y media. Al final, la gente salía contenta, alegre, sin muestras de pesar o aburrimiento por tan larga celebración.

El domingo siguiente, -antes de empezar los Ejercicios Espirituales con los Padres Escolapios de EE.UU.- concelebré en la iglesia de nuestra Obra al servicio de los hispanos de Miami. En español, la celebración fue viva, participada en término medio –oración de los fieles espontanea, por ejemplo-, ambiente festivo y familiar; pero no fue de carácter público, sino semiprivado, en una capilla de religiosos.

El 21 de junio estaba en San Juan de Puerto Rico –hace muchos años fui ordenado sacerdote en esa isla- donde tenemos una parroquia y una escuela Primaria y Secundaria. Participé en tres misas, todas ellas vivas, buena música, con mucha gente cantando, moviéndose, gesticulando, tirando un poco al  modo carismático, agradables y sin prisas por marchar. Incluso muy cooperadores: hubo cuatro colectas distintas ¡cuatro! y nadie se quejó. Un dato significativo es la gran cantidad de diáconos casados y ministros extraordinarios de la Eucaristía que existen en Puerto Rico –también en Nueva York- que dan aire fresco a la comunidad.

El último domingo de junio estaba en nuestra comunidad de Nueva York, también con parroquia y escuela primaria. Participé en dos  misas, una en inglés, y otra  en español. En la primera, no había mucha gente, dado que es un área mayormente hispana: el Harlem hispano. En la segunda, la iglesia estaba llena –lo mismo otra a primera hora del día-: coro muy activo, y como en Puerto Rico, movimiento, participación, incluso aplausos. Me aplaudieron al final de la homilía –pensé, por qué?-; pero también aplaudieron a dos solistas (uno después de otro) que cantaron después de la comunión –pensé de nuevo, aquí aplauden hasta al gato-; pero era el signo de una actitud atenta, participativa. Se notaba una atmósfera alegre y fraternal.

Por fin, el primer domingo de Julio estaba en mi pueblo. El párroco me había pedido que me encargara de los cuatro pueblos que atiende, porque él iba a participar en una peregrinación diocesana a Lourdes. No problem! le contesté. En cuatro horas me merendé las cuatro Misas, incluidas idas y venidas a los cuatro pueblos. Comunidades pequeñas, con una media de 70 años, falta de participación activa, sin coros (menos en mi pueblo –pero cantando ellos solos-), alguna francotiradora empezando algún canto del preconcilio para la comunión. La sensación es más bien de formalidad, terminar pronto y oír al final: “Bien pito; así se hace!”. En este caso no preocupa los que van, sino más aún, los que faltan.

Al principio hablaba de tres tipos de iglesia. Creo que ha quedado claro. La de mi pueblo y alrededores es la IGLESIA VIEJA (no quiero decir solo ‘de viejos’), de otros tiempos, agotada, sin perspectivas de cambio, incluso quizá, sin esperanza (humana).

La de Miami, San Juan, Nueva York, ¿cómo llamarla?, MADURA, DE DESARROLLO MEDIO, en fase de crecimiento (o ¿al revés?). El futuro  dirá.

La de Futru, Camerún, IGLESIA JOVEN, en pleno crecimiento, con celebraciones activas y multitud de grupos y organizaciones parroquiales  (véase el siguiente artículo que explica este punto).

Un termómetro singular de los tres tipos de iglesia es el siguiente: a la Iglesia vieja no asiste prácticamente ningún niño o joven (no hay siquiera un triste monaguillo); a la iglesia de desarrollo medio, de algunos a bastantes; a la joven, muchos (en Futru tenemos unos 85 monaguillos, que no sólo sirven en la Misa, sino que tienen un montón de actividades formativas, recreativas y religiosas).

Afortunadamente todos somos parte de la ÚNICA IGLESIA DE CRISTO, y la comunión de los santos tiene que ser efectiva entre los tres tipos de Iglesia, extendida por los cuatro puntos cardinales.

NOTA.- Nada es totalmente bueno o malo; nada es positivo ni negativo al 100%, Todos tenemos nuestros defectos y mucho que mejorar.  Que el Espíritu Santo guíe, como Él sabe, los tres tipos de Iglesia. Lo importante son las personas.