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MI VIDA Y MISIÓN EN BOLIVIA

Fernando Gallo Villamudria, Sch. P. 

Cochabamba, 2 de octubre de 2009

 

 

Llegué a Bolivia el 24 de agosto de 2006, justo en la víspera de San José de Calasanz; fiesta que ya celebré en el Colegio escolapio campesino de Anzaldo, del Departamento de Cochabamba. Un gran impacto para mí fue el ver a nuestros estudiantes, más de 800 chicos y chicas indígenas campesinos, conmemorando a nuestro Fundador, desde la sencillez de su uniforme y con un comportamiento ejemplar, aguantando “parados”, de pie, durante más de una hora, unos actos protocolarios de homenaje a Calasanz y a los escolapios. Luego tuvieron sus juegos bulliciosos y su comida de fiesta.

Dos días antes había dejado mi anterior etapa escolapia con muchas lágrimas, al despedirme de mi querido “Cristo Rey“ de Zaragoza, Colegio y Comunidad tan entrañables, en donde había puesto todo mi corazón y mi tiempo durante nueve intensos años, al servicio de las Comunidades Religiosa y Educativa, desde mis responsabilidades como rector (1997 a 2003) y como director del Colegio (2000 a 2006).

¿Y por qué dejé Zaragoza y España, en donde me encontraba cómodo y feliz, por una tierra y unas personas desconocidas, de distintas características humanas y religiosas? Justamente yo, Fernando Gallo, con ya 59 años, que nunca he sido aventurero ni especialmente inquieto en casi nada; más bien todo lo contario: sereno y hasta conservador sin exageraciones…

Hace años tenía dentro de mí un “sueño”, el de acompañar y ayudar a personas de mayores necesidades humanas y educativas. Algunas circunstancias familiares habían ido retrasando esta posibilidad y mi sentido de obediencia a mis superiores escolapios tampoco me habían permitido este “cambio de rumbo” a mi vida escolapia. En el 2006 vi alguna posibilidad y fue entonces cuando, haciendo discernimiento con el P. Provincial Javier Negro y el P. General Jesús María Lecea, se me abrió la posibilidad de realizar mi “proyecto” americano. Lo de ir a Bolivia fue decisión del P. General; mi pretensión era alguna Comunidad escolapia de un país pobre de Latinoamérica.

Ya en Bolivia, lo primero que encuentro es una realidad muy distinta a mi trayectoria anterior, que me exige una fuerte adaptación, pues se me presenta una vida sin las grandes responsabilidades anteriores, en un paisaje humano y educativo diferente, con unos tiempos y espacios significativamente extraños… Sin mencionar el tema de las dificultades con la nueva alimentación, que me hace perder más de diez kilos en los tres primeros meses.

Lo que más me impacta en este país es la cantidad de niños y jóvenes (más de la mitad de la población tienen menos de veinticinco años), y la pobreza, que se ve por las calles de las ciudades y en los pueblos, en tantas personas, especialmente ancianos y niños, campesinos y mujeres vestidas de cholitas con trajes de hace siglos, también en la cantidad de mendigos y borrachitos, en el comercio informal masivo y en la fealdad de algunas construcciones y medios de locomoción, en la suciedad ambiental de las calles y parques… Y, junto a esta Bolivia pobre, también destaca la otra Bolivia rica que vive en grandes mansiones, que viste a la europea, que reniega de la nueva situación política que lidera un indio, que tiene nombres ingleses, que viaja y se divierte como en los países ricos, aunque viven en una nación de escasos recursos, lo que duele más por el racismo fuerte que se observa.

Después de unos meses de inculturación y de cierta crisis de misión, viene mi responsabilidad como párroco, algo en lo que nunca había pensado, pero que era lo que me faltaba para ya mi dilatado “ridiculum vitae”. Ocurre que, a unas pocas cuadras de  nuestra Casa de Formación de Cochabamba, existe una Parroquia en medio de cuatro Escuelas, con un total de más de 1800 alumnos-as desde Kinder hasta la Universidad. Y es nuestro querido Arzobispo, un salesiano italiano de mucha vida interior a la vez que  muy comprometido con todas las causas sociales, el que nos propone esta tarea de parroquia y de dirección general de los Colegios. Y ahí me sitúo desde el 22 de abril de 2007 hasta ahora, como “Padrecito” querido y respetado por niños, jóvenes y adultos.

Mi vida ahora es fundamentalmente de sacerdote: misas, bautismos, unciones, matrimonios, bendiciones de casas… con las homilías y catequesis respectivas. Como Párroco intento atender a la triple actividad eclesial: celebraciones litúrgicas, evangelización-catequesis y compromiso social con los más necesitados. Como escolapio y educador tengo especial sensibilidad por los chicos-as de los Colegios, muchos de ellos con carencias educativas y afectivas, por tener a los padres en la emigración o por irresponsabilidad en sus deberes paternos. Mi estilo y método es la cercanía, el buen trato y el respeto a todos. Lo que recibo es también afecto y respeto. Así la Parroquia de San Rafael de Cochabamba ha recobrado la calma y paz de la que carecía en las etapas anteriores a  nuestra llegada.

Así puedo contar unas cuantas experiencias y anécdotas humanas y pastorales, como  ir a celebrar un matrimonio casualmente en el día en que la novia da a luz a un hijo; o bautizar a una  pareja juntamente con dos de sus hijos; o bendecir una casa en medio de la celebración de una boda civil; o celebrar en un solo sábado, en tres horas consecutivas, unos Bautismos, seguidos de una Misa de Exequias y de un Sacramento del Matrimonio; o disfrutar del diálogo y de la colaboración de las “magníficas” de San Rafael, señoras mayores muy cercanas al templo desde hace muchos años (en Bolivia se llaman “magníficas” a las señoritas que hacen de modelos y de azafatas en concursos de belleza y en diversos eventos sociales); o acoger a unos mendigos, que luego me llaman parásito; o acompañar en vida y enterrar con toda dignidad a nuestro porterito Zenón, pobre alcohólico alejado de su familia, que cuidaba el templo y las dependencias parroquiales con mucho celo y cariño; o dejarme engañar voluntariamente algunas veces por supuestas víctimas de robo que realmente necesitaban alguna ropa y dinero…

Mi propósito en estos momentos es la creación de un Centro de Educación Alternativa entre la Parroquia y los Colegios adjuntos, para poder ofrecer a niños, jóvenes y adultos diversos programas de Educación No Formal, que compense las carencias personales y familiares de nuestra gente. Tenemos unos ambientes y un programa, pero nos falta mobiliario y la equipación material, así como muchos recursos didácticos y el equipo de personas que lo lleve a cabo.

Para terminar este relato, puedo afirmar que está mereciendo la pena mi “desembarco” en esta tierra boliviana, con nuevos horizontes y compromisos, y que mi vida escolapia sigue discurriendo por los cauces del “evangelizar educando”. Gracias a Dios y a Calasanz sigo alegre y feliz en mi vocación sacerdotal educadora.