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DIMENSIÓN MISIONERA DE CARITAS IN VERITATE Misioneros de Mariannhill, verano de 2009 |
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Ya se han iniciado, desde
claves y ópticas distintas, diversas lecturas de la
El argumento fundamental del texto tiene unas grandes connotaciones misioneras. La razón de la vocación misionera es salir a los caminos para encontrar a quienes puedan interesarse por el sentido de su vida. Este diálogo, de hechos y palabras, conduce siempre al mismo fin: el Evangelio de Jesucristo que es la respuesta al sentido de la vida. Y este es el mensaje que está en el subsuelo de la carta: “se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la ‘economía’ de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad”. Esta esencialidad está en la entraña misma de la misión: “para la Iglesia, esta misión de verdad es irrenunciable. Su doctrina social es una dimensión singular de este anuncio: está al servicio de la verdad que libera. Abierta a la verdad de cualquier saber que provenga, la doctrina social de la Iglesia la acoge, recompone en unidad los fragmentos en que a menudo la encuentra, y se hace su portadora en la vida concreta siempre nueva de la sociedad de los hombres y los pueblos (n. 9).
Desde el punto de vista
misionero, la encíclica detiene su mirada ante los “no
La encíclica constata la
interpelación que la situación hace a la humanidad y, por
El testimonio de los misioneros es un constante aldabonazo en la conciencia de quienes están cómodamente instalados en una manera de vivir caracterizada por tener las necesidades básicas aseguradas. Su labor no sólo es llamada de atención sino que es modelo de actuación. Promover la dignidad humana entre todos los seres humanos pasa necesariamente por la gratuidad en la donación personal. No es la caridad por la caridad, sino el camino por el que circulan las exigencias elementales de la convivencia humana. De ahí algunas consecuencias señaladas por el Papa: necesitar de leyes justas y formas de redistribución; la solidaridad implica que todos se sientan responsables de todos; apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión; la gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de sus propietarios sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa... La labor de los misioneros pudiera substanciarse en la búsqueda de estas exigencias. Desde el inicio del cristianismo aparece como idea-fuerza del Evangelio la necesidad de compartir lo que somos y tenemos. El ejercicio del amor fraterno, que brota del amor de Dios, hace que la caridad sea la razón de ser de la vocación misionera. Allí donde hay un misionero, allí hay una comunión de personas que vive la fraternidad. De ahí que “el diálogo fecundo entre fe y razón hace más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social y es el marco más apropiado para promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad”. Por eso, Benedicto XVI concluye su encíclica constatando que “el amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande”.
Como botón de muestra de
algunos de los fenómenos sociales que hoy inciden
Aun no ofreciendo “soluciones técnicas a las grandes problemáticas sociales del mundo actual”, porque no es esta la competencia del Magisterio de la Iglesia, la encíclica recuerda los grandes principios indispensables para construir el desarrollo humano de los próximos años: “la atención a la vida del hombre, considerada como centro de todo verdadero progreso; el respeto del derecho a la libertad religiosa, siempre unido íntimamente al desarrollo del hombre; el rechazo de una visión prometeica del ser humano, que lo considera artífice absoluto de su propio destino”. Más adelante tendremos la oportunidad de penetrar desde la fe y el compromiso misionero en otras claves que muestren, con evidencia, la inquebrantable unidad entre el anuncio del evangelio y la promoción y desarrollo de los pueblos, porque ambas dimensiones gravitan sobre la verdad del hombre y son posibles gracias al amor y la caridad: Caritas in veritate.
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