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Ejercicios de comunicación para hacer comunidad

("Frontera - Egian")

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Para orar al comienzo o final de las reuniones de comunidad

("Frontera - Egian")

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Revisión de vida

("Por un mundo mejor")

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Secretariado de Pastoral - Crónica de un verano

(P. José Ignacio Bilbao)

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I. SÍNTOMAS DE DESILUSIÓN EN LA COMUNIDAD

Uno, en una reunión comunitaria mensual,  sería óptimo para comenzar.

Pasos a seguir:

I Leo detenidamente la lista de síntomas, consciente de lo que cada uno suscita en mí. 
II Escojo dos o tres síntomas que provocan en mi interior reacciones fuertes. 
III Escribo brevemente esa o esas reacciones que provocan cada una dentro de mí. 
IV Comparto lo que he escrito a los hermanos de mi comunidad: sin juzgarme ni juzgar a los demás, simplemente expreso lo que hay dentro de mí, en clima de paz interior y con la confianza de que voy a ser aceptado tal como soy.
V Cada uno y todos escuchan a quien comparte, sin juzgarlo; sólo, en todo caso, pidiendo aclaración si algo no he entendido bien, o para ayudarle a expresar su interior.
VI Es deseable que compartan todos. Luego, al final, se comparte entre todos, en libertad y construcción fraterna, la reacción que se ha producido en cada uno al escuchar a los demás.

Síntomas de desilusión comunitaria:

1 Tristeza en nuestra comunidad. 
2 Sentimiento de desilusión y vacío. 
3 Falta de interés en las cosas del otro. 
4 falta de diálogo y de comunicación profunda. 
5 Desinterés en las actividades comunitarias.
6  Más confianza en terceras personas que no son de la comunidad. 
7  Falta de delicadeza y de detalles y pequeñas atenciones.
8 Sentimiento de soledad e incomprensión frecuentes. 
9 Frecuente malhumor y tensión. 
10  Frecuentes discusiones en reuniones.
11  Ponerse en ridículo unos a otros. 
12 Vida superficial y de continuos escapes (TV, prensa, amigos, bebida, ocio,…).
13 Vida de egoísmo, encerrados en nosotros solos, individualistas.
14 Falta de entusiasmo y fe en nuestra vida y proyecto común (interno y externo) ,
15 Sentimientos frecuentes de inseguridad y de temor o miedos. 
16 Falta de confianza en nosotros mismos (autoestima comunitaria baja).
17  Insultos, groserías, sarcasmos, rumorología.
18 Vida espiritual de baja intensidad, individualista, oración comunitaria pobre, sin preparación, rutinaria. 
19 Actividades personales individualistas no compartidas y que causan conflicto en comunidad. 
20 Evasión personal en situaciones que necesitan la atención y aportación de todos (atención a los mayores y enfermos, gestión de la casa, al hacer la programación de vida comunitaria, los presupuestos de la comunidad y de la Obra, los actos comunes…).
21 Desinterés en la lectura de los documentos, informaciones y publicaciones de la Orden, de la Provincia, de la Iglesia.
22 No participar en descansos y salidas o fiestas.
23 Desinterés en el cultivo y formación propios (formación permanente). 
24 Otros.

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II. ¿CÓMO ME PERCIBO EN MI COMUNIDAD Y CÓMO LA PERCIBO YO?

Pasos a seguir:

I Señalar con una X tu respuesta.
II Cada uno comparte sus resultados a los demás.
III Entre todos se comparten las reacciones interiores suscitadas en el punto anterior, en un clima de diálogo verdadero, de fraternidad y de escucha mutua empática.
EN ESTA COMUNIDAD YO ...

Rara
vez

Algunas
 veces

Frecuente-
mente

General-
mente

Siempre
o casi
siempre

1 Puedo expresar sentimientos de cercanía y afecto
2 Puedo expresar sentimientos de enfado
3 Me cuesta admitir ideas diferentes a las mías
4 Disfruto con que los demás me conozcan
5 Cultivo mucho la imagen que presento
6 Me siento libre para expresarme y actuar
7 Me relaciono sólo con unos pocos de la comunidad
8 Me muestro distinto de lo que soy
9 Me siento incómodo e inseguro de mí mismo
10 Soy consciente de cómo me ven los demás
11 Tengo la impresión de que no cuento casi nada
12 Tengo la impresión de ser valorado
13 Tengo la impresión de no pertenecer a la comunidad
14 Me cuesta escuchar a los demás
15 Creo que no conocéis nada de mi interior
16 Me encuentro muy a gusto entre vosotros
17 Hay temas que nunca me atrevo a compartir con vosotros, como…
18 Me siento más como un trabajador que como familia
19 Soy feliz viviendo con vosotros
20 Os acepto y acojo como sois
21 Me veo aceptado tal como soy
22 Experimento a Dios entre nosotros

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III. ACTITUDES PARA CONSTRUIR FRATERNIDAD

Pasos a seguir: 

I Leer despacio, en voz alta, en reunión comunitaria, los siguientes puntos
II Comentar entre todos: qué punto vivimos mejor, cuál peor, cuál hemos de trabajar mas, etc.

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1 Siéntete responsable de tu comunidad, de todos y cada uno de los miembros y sirve; pues en la comunidad religiosa todos estamos para servir. Sirve aunque tus compañeros de comunidad sean a veces comodones.
2 Respeta a las personas, aunque éstas tengan sus taras, poca cultura…, sin intentar jamás manipularlas para tus fines personales o institucionales. El respeto sincero y profundo hacia la persona de los otros miembros de la comunidad es una actitud fundamental de cara al proceso de crecimiento y maduración de la misma. 
3 Acepta a los miembros de la comunidad como son, sin intentar que sean como te gustaría que fuesen. Todos tienen derecho, como tú a ser ellos mismos, a ser “diferentes”. Y tienen, a su pesar, taras como tú, de las que no es fácil desprenderse. No olvides que tenemos frecuentemente la tentación de hacer a los otros “a nuestra imagen y semejanza” o a la medida de mi ideal personal. 
4 Alaba con naturalidad las cualidades de tus compañeros de comunidad y celebra sus aciertos y éxitos, tanto en su presencia como en su ausencia. Haz de esa alabanza y celebración objeto de oración gozosa ante Dios Padre a todos los miembros del grupo. Esta actitud positiva da cohesión a la comunidad y la fortalece notablemente. Es contrario a esta actitud competir, envidiar, sobresalir, dominar. 
5 Cultiva la educación en las relaciones comunitarias con sencillez y naturalidad. Pide las cosas por favor, no con imperativos. Si haces algo mal, solicita perdón y rectifica en lo posible. Agradece a los demás sus pequeñas o grandes atenciones contigo o con la comunidad y trata tú de tenerlas mayores con todos.
6 Acoge, estimula, ayuda, sonríe, defiende, aplaude, alienta, gratifica… a los miembros de tu comunidad. Esto influye siempre positivamente en la convivencia, en el trabajo común y fortalece los vínculos internos de la comunidad religiosa. Y no olvides que la corrección fraterna nunca debe brotar como un desahogo o como una reacción de la cólera o de la molestia personal. Ésta únicamente tiene sentido como expresión de amor al otro y debe hacerse en un ambiente de confianza y de paz interior. 
7 Sé tú mismo diáfano, veraz, auténtico, consecuente… No te permitas la doblez, la falsedad, la mentira, las máscaras, la doble cara, los dobles mensajes en la comunicación… La convivencia verdaderamente humana – y más la propia de una comunidad religiosa – se edifica sólo por y sobre la verdad y desde la sinceridad. 
8 Vive las alegrías y tristezas del grupo y de sus miembros como tuyas. Haz tuyos sus problemas y preocupaciones. Gózate de los triunfos de la comunidad y de sus integrantes como de los tuyos. Todas las personas son sensibles a esta instructiva actitud de solidaridad. 
9 Procura amar y servir a fondo perdido, sin pasar facturas, ni cobrar comisiones, sin exigir respuestas, lejos de una actitud mercantilista. Si algo no puede nunca ser objeto de negocio es la amistad, el servicio, el amor. Ama lealmente; el amor leal es el que se ofrece en libertad a alguien, aun a sabiendas de la posibilidad, incluso certeza, de no ser correspondido. Nunca te coloques en el centro de tu comunidad. Éste no es el sitio del que sirve.
10 Acepta y ama a las personas de tu comunidad por ellas mismas, nunca por el provecho que puedan reportarte. Interesarse continuamente y con sinceridad por los miembros de la comunidad, aunque en ocasiones no se interesen por ti o tus cosas, hace provechosa y alegre la convivencia y vivifica al grupo; y desde luego es una actitud que construye comunidad. 
11 Esfuérzate en comprender, perdonar y olvidar los roces, malentendidos y conflictos que se producen en el grupo; es normal que existan. Lo peor es guardarlos dentro, “rumiarlos”, darles vueltas, aumentar su importancia…: esto sí que es funesto para la comunidad y para ti. La incomprensión secan las fuentes del dinamismo y de la alegría comunitaria. El diálogo sobre los roces sana, aunque a veces duela. Y el perdón es el único que sana las heridas.
12 Sin un sentido del humor que nos impida tomar demasiado en serio nuestras pequeñeces, no seremos capaces de crear comunidades sanas que signifiquen un aporte a la fraternidad en nuestra Iglesia y sociedad. 
13 Vive unido a tu comunidad desde dentro, desde el corazón y no desde la epidermis de un mismo lugar, una misma tarea, unas normas comunes, una simple convivencia, unos mismos superiores, unos mismos documentos… 
14 Cultiva la alegría, el optimismo y la actitud positiva, desde la fe, ante todo y sobre todo, en la dificultad. Así cooperas al bienestar de la comunidad que necesita del gozo compartido, del sentido festivo de la fiesta, de la celebración del perdón, y de la convivencia humana constructiva. 
15 No critiques jamás el comportamiento de tus hermanos, y más a la espalda. No airees sus defectos ni los fomentes. Recuerda: “el que esté sin pecado que tire la primera piedra…” El hermano jamás es un rival ni un enemigo, sino un don de Dios en tu vida. Ante comportamientos incomprensibles para ti, pregúntate más bien por la historia que subyace en tu hermano detrás de ese comportamiento que a ti te parece incomprensible. 
16 Si ves muchos defectos en tu hermano de comunidad, pregúntate cuánto le quieres porque sólo los que aman son los que llegan a ver lo positivo que hay en todas las personas. 
17 Expresa tu fe en la comunidad con naturalidad, sencillez y espontaneidad. Ora y ayuda a que rece la comunidad. Una comunidad que no ora se vanaliza y pierde identidad. 
18 Trabaja para que tu comunidad no sea un coto cerrado ni un grupo narcisista, sin conexión con otras comunidades y grupos cristianos. Cultiva la apertura, la universalidad y colabora para que la comunidad se esfuerce por vivir con estilo verdaderamente eclesial y se inserte entre los hombres para servirles el Reino de Jesús. 
19 Arrima el hombro a las cargas de los otros. Toda carga compartida siempre es más llevadera. No te dejes llevar por la envidia y la ruindad de corazón en el trato con los hermanos. Ni te jactes ni te engrías. No seas grosero ni busques lo tuyo. No te exasperes, ni lleves cuentas del mal. Disculpa siempre. El amor no falla nunca (1 Cor.13,4-8). 
20 Añado alguno que creo falta.

 

 

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