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| LA
CASA DE TU COMUNIDAD
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En tu casa, Señor,
nadie es mayor que nadie.
Los cargos no
son cargos,
la autoridad no es autoridad.
No hay honores,
dignidades,
méritos,
privilegios.
Aquí, en tu
casa,
el primero es el último
y el último el primero.
No hay padres,
ni maestros,
ni jefes.
No hay más
que un Señor.
Aquí, en tu casa,
todos somos hermanos
porque Tú eres el Padre de todos.
Aquí, en tu casa,
aprendemos a lavarnos los pies.
Aquí, en tu casa,
venimos a seguir
las huellas de tu Hijo, Jesús. |
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| UNA
COMUNIDAD ES... (San Agustín: “Las Confesiones”) |
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Una comunidad es
un grupo de personas que rezan juntas;
pero que también hablan juntas;
que ríen en común e intercambian favores;
están bromeando juntos y juntos están serios;
están, a veces, en desacuerdo, pero sin animosidad,
como se está, a veces, con uno mismo,
utilizando ese raro desacuerdo
para reforzar siempre el acuerdo habitual.
Aprenden algo
unos de otros
o lo enseñan unos a otros.
Echan de menos, con pena, a los ausentes.
Acogen con alegría a los que llegan.
Hacen manifestaciones de este u
otro tipo,
chispas del corazón de los que se aman,
expresadas en el rostro, en la lengua, en los ojos,
en mil gestos de ternura.
Y cocinan juntos los alimentos del
hogar
en donde las almas se unen en conjunto
y donde varios, al fin, nos son más que uno”. |
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Te doy gracias, Señor,
porque me permites entrar en comunión
con todos los hermanos y hermanas.
Guíanos tú, Padre, en este
camino.
Pon en nuestra boca las palabras verdaderas.
Pon en nuestro corazón los sentimientos verdaderos.
Pon en nuestras manos y en nuestros cuerpos
los gestos y las acciones verdaderas.
No permitas que nada en
nosotros sea artificial o forzado.
Haz crecer en nosotros la espontaneidad
y la verdad del servicio.
Haz que podamos ver cuanto hay
en nosotros
de agresividad, de resistencia a los demás,
de desconfianza, de miedo.
Líbranos, Señor,
y esclarece en nosotros
todo lo que nos enfrenta a los otros.
Haznos caminar por el sendero
de tu paz.
Danos tú, Señor, seguridad en nuestra debilidad.
Conforta nuestra fragilidad.
Reúne nuestros pensamientos
y sentimientos dispersos.
Reunifica y concentra nuestras energías
que vagan distraídas por mil temores,
por mil deseos, por mil miedos.
Recógenos a todos y todas en la unidad
en el centro de la unidad,
en ti,
Padre y Madre Dios de todas las personas. |

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| PADRE,
QUE NOS LLAMAS A LA FRATERNIDAD |
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Padre nuestro,
tú que nos has llamado a la fraternidad,
danos tu ayuda para construirla.
Dame tu amor para que pueda
estar
cercano a mis hermanos y hermanas.
Hazme capaz de darles mi palabra,
mi silencio, mi alegría, mi dolor..., mi vida.
Continúa dándoles a ellos y
ellas tu amor infinito.
Que sepan descubrirte en cada nuevo día.
Y mantenlos firmes en el amor a ti,
a los hermanos ya los más necesitados.
Te doy gracias, Padre,
por sus vidas puestas en ti,
por su entrega y por su fidelidad diaria. |

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| ORACIÓN
POR MI COMUNIDAD |
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Padre, hoy quiero pedirte
por mis hermanos y hermanas de comunidad.
Tú los conoces personalmente:
conoces su nombre y apellido,
sus virtudes y defectos,
sus alegrías y sus penas,
su fortaleza y su debilidad,
sabes toda su historia.
Los aceptas como son
y vivificas con tu Espíritu.
Tú, Señor, los amas
no porque sean buenas personas,
sino porque son hijos tuyos.
Enséñame a querer de verdad a
cada uno
tal como amaba tu Hijo Jesús:
no por sus palabras u obras,
sino por ser ellos mismos,
descubriendo en cada cual,
especialmente en los más débiles,
el misterio de tu amor incondicional y gratuito.
Te doy gracias, Padre,
porque me has dado hermanos y hermanas
con quienes recorrer en compañía,
en comunidad, el camino de la vida.
Son un regalo tuyo para mí,
un verdadero sacramento,
signo sensible y eficaz
de tu presencia ante mí.
Dame la mirada de Jesús
para mirarlos con tu mirada
y dame su corazón
para amarlos con su corazón generoso y tierno,
porque también yo quiero ser para ellos y ellas
sacramento vivo de tu presencia ante ellos. |

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| HAZNOS
UNA COMUNIDAD ALEGRE |
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Señor Jesús,
danos una comunidad abierta, confiada y pacífica,
invadida por el gozo de tu Espíritu Santo.
Una comunidad
entusiasta,
que sepa cantar a la vida,
vibrar ante la belleza,
estremecerse ante el misterio
y anunciar el Reino de tu amor.
Que llevemos la fiesta en el
corazón,
aunque sintamos la presencia del dolor
en nuestro camino,
porque sabemos que tú
eres un Dios de vida
y has vencido el dolor y la muerte.
Que las
tensiones no nos acobarden,
ni nos ahoguen los conflictos
que puedan surgir entre nosotros;
porque contamos, en nuestra debilidad,
con la fuerza creadora y renovadora
de tu Espíritu entre nosotros.
Regala, Señor, a esta familia
tuya,
una gran dosis de buen humor
para que sepa desdramatizar situaciones difíciles
y sonreír abiertamente a la vida.
Haznos
expertos en deshacer nudos
y en romper cadenas,
en abrir surcos y en esparcir semillas;
en curar heridas
y en mantener viva la esperanza.
Y concédenos ser,
con nuestro comportamiento sencillo y cercano,
testigos y profetas de la verdadera alegría,
la que tú nos das,
en un mundo abatido por la violencia y la tristeza. |

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