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En la Iglesia todos
gozamos de una diversidad de dones y Por esto, la revisión de vida es inherente a nuestra vida cristiana, a nuestra vida de fe en el Cristo Cuerpo Místico. Es el pueblo de Dios el que vela y avanza, adaptando paso a paso su camino y su ritmo de marcha hacia Dios que pasa y se manifiesta en los signos de los tiempos. Es la comunidad que dialoga en la fe y en la esperanza, para que Cristo Resucitado y su Espíritu vivificante actúe permanentemente en ella la novedad de vida, y así llega a ser testigo expresándose mediante la palabra, la acción y la presencia. La revisión de vida se articula en:
Puede hacerse de muchos modos, según la necesidad de crecimiento o de maduración del grupo. La forma más sencilla es aplicar el mismo sistema de la comunicación de vida, atendiendo a las experiencias comunitarias o apostólicas, en lugar de atender a las estrictamente personales. Puede hacerse también de modo más complejo con el método del ver-juzgar-actuar. 1. REVISIÓN DE VIDA COMUNITARIA ESTILOS La comunidad, a la luz de la Verdad y del
Bien que es Dios, se reúne Se pueden añadir a cuanto se ha dicho sobre “la comunicación de vida”, algunas características propias de esta forma de diálogo comunitario en el espíritu.
MÉTODO Se puede comenzar con una oración comunitaria, o simplemente con la lectura de un texto bíblico apropiado para concentrarse en el Espíritu. Después se trata de:
2. REVISION DE VIDA APOSTOLICA ESTILOS Supone una gran humildad para reconocer las
carencias humanas y una gran nobleza en el alma para interpretar y
juzgar hechos y Igualmente supone en las personas que se someten a la revisión apostólica, una disposición honesta para reconocer y dar vía libre a los dones y carismas de los otros, un esfuerzo para superar los límites propios y de los demás, y una disponibilidad para llevar a la práctica las funciones y los compromisos que el grupo juzgue oportunos. Exige un clima de gran responsabilidad personal y colectiva para que triunfe el criterio del bien común, y la disposición a sacrificar todo a este bien. La revisión apostólica es propia de los grupos ya maduros humana y cristianamente; y a la vez es un medio eficaz para seguir madurando más aun y para obtener, de este modo, una acción conjunta que favorezca el testimonio de la unidad en la diversidad. Además compromete al grupo en un empeño creativo de proposición de soluciones a base de nuevas posibilidades, nuevos métodos y procedimientos y ayuda a superar anteriores precedentes negativos, esquemas inútiles fallidos, etc. Y todo esto en un clima en el que cada miembro de la comunidad se sienta activo y participe verdaderamente de la obra común. En la revisión apostólica se trata de verificar, a partir de una anterior planificación, los compromisos comunes, evaluar la eficacia y el método que sostenía esa planificación. Y finalmente readaptar la nueva acción a seguir, a la luz del primitivo plan y de la nueva luz aportada en la revisión misma, en fraterna convivencia y en flexible solidaridad. En un nivel más profundo, se trata de hacer presente a Cristo Luz en la comunicación de vida que nace espontánea en el trabajo común. Cada uno ofrece su parte de verdad, en orden al bien común y al mutuo compromiso para conseguir la adaptación continua a la realidad. De aquí nace una nueva riqueza y profundidad de juicio para interpretar los hechos, situaciones y funciones, y para fijar los criterios para la acción. Aquí se enraíza el servicio de la autoridad y la ascética del bien común que implica un volcarse de sí mismo y de cada uno en la acción diversificada y unitaria el grupo. De todo esto se deduce una presencia testimonial más transparente: “en esto conocerán que sois discípulos míos” (Jn.13,35). MÉTODO El método que se propone puede desarrollarse de forma sencilla o más compleja. Depende de la oportunidad y de la posibilidad del grupo. Según la profundidad y las implicaciones del argumento de revisión, se deberá dedicar tiempo ampliamente suficiente. La revisión podrá durar unas diez sesiones. Es importante que el grupo no tenga sensación de opresión ni de prisas. Hay que considerar la oportunidad de incluir también la revisión de las personas, ya que es absolutamente necesario evitar que ésta sea una ocasión de encuentros pobres interpersonales contraproducentes. Y, como todo trabajo en grupo, también éste debe ser llevado con elasticidad. Se puede comenzar con una oración comunitaria o con una comunicación de vida que favorezca un clima de sencillez evangélica y de gozosa disponibilidad para el bien común. Después se trata de:
Después de estas informaciones se pasa a un análisis profundo:
Posteriormente, vista la situación de las personas y del grupo, se pasa a:
De este juicio deben salir los elementos para formular nuevos criterios de acción y para readaptar la programación hacia el futuro que viene dado en la tercera parte de la revisión:
(Documento del movimiento "Por un Mundo Mejor") |
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